Aunque la respuesta es bastante obvia, comenzaré diciendo que quienes no deben asumir son aquellos diputados que no fueron favorecidos por el voto popular, sino que fueron producto de la gran cantidad de irregularidades en un proceso electoral, que los mismos observadores de la Unión Europea y de la OEA han enumerado en sus respectivos informes.
No deben asumir los que fueron favorecidos por el doble o triple voto, o en las urnas abiertas antes de tiempo y sin la presencia de fiscales del PLI o en las JRV donde fueron sacados de los recintos, para que los representantes del FSLN pudieran contar los votos a sus anchas. Ellos son los que no deberían asumir y en su lugar deberían estar otros diputados de la Alianza PLI, que de hecho fueron despojados de su escaño, ganado legítimamente, solo por la ambición desmedida del FLSN de contar con una mayoría absoluta en el plenario.
En política no hay que dejar espacios vacíos, al menos que estemos convencidos de que debemos irnos a la guerra o la insurrección. Soy una persona que en los años ochenta tuvo el coraje de optar por ese camino, cuando las circunstancias del régimen eran mucho peor que ahora, porque estaban cerrados todos los cauces para la lucha cívica, pero no creo que Nicaragua esté lista para entrar una vez más, en otro período de violencia y zozobra, ni quiero ser responsable de ello.
En cuanto a dejar los asientos vacíos en el parlamento, habría que pedirle consejo a la oposición venezolana, que ya tiene la experiencia de hace cinco años cuando le dejaron el espacio vacío a Hugo Chávez, ¿qué pasó entonces con esa “estrategia” de lucha? Que la dictadura institucional se consolidó más, haciendo más difícil la lucha por la democracia. Pregúntenle a los legisladores opositores venezolanos actuales: ¿por qué no reeditan su estrategia de dejar todos los asientos vacíos para no “validar” con su presencia la dictadura de Chávez?
Si decidimos ir a las elecciones, aún con la candidatura ilegal de Ortega, para no caer en el error de la oposición venezolana, ¿cuál sería la lógica de abandonar ahora esos 26 escaños bien ganados, aunque deberían ser por lo menos 40?
La bancada de la Alianza PLI tiene por delante tres grandes retos: el primero es que aún siendo minoría, con su fuerza moral de segunda fuerza política del país, debe lograr la elección por consenso de nuevos magistrados en el Consejo Electoral y en otros poderes del estado, que le devuelvan la credibilidad que ha perdido el sistema electoral de Nicaragua antes de las elecciones municipales programadas para el próximo año. Debe ejercer una función fiscalizadora permanente del gobierno, que como sabemos, no cuenta con una Contraloría independiente y debe asumir también el reto de ser una oposición propositiva, apoyando lo bueno y oponiéndose con firmeza a la consolidación de una dictadura institucional.
Los electos tenemos un compromiso moral con los casi 800 mil electores, que nos dieron su voto para que los representemos y no para adoptemos el lema de los ausentes. Podremos equivocarnos, pero como dice el lema de la Corporación, “la culpa no es de los que se equivocan, la culpa es de los ausentes”.
Finalmente, creo que don Fabio debe reconsiderar su decisión e incorporarse a la Asamblea, donde su voz y su autoridad moral tendrían mucho peso, porque estoy convencido que en este nuevo período no será solo una cuestión votos y apretar el botón, pues ya sabemos que ellos tienen la mayoría, sino será una cuestión de peso moral y credibilidad en la búsqueda de los mejores intereses para Nicaragua. Será una lucha permanente del poder contra la razón. Pero en caso de que mantenga su decisión, por las mismas razones expuestas, creo que don Fabio debe delegar ese escaño, justamente ganado por el caudal de votos recibidos, en el doctor Edmundo Jarquín Calderón.
El autor es diputado.
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