Si es trágico que nuestra niñez y juventud se pierdan sin tener acceso a la educación, es igual de trágico que a esa niñez y esa juventud se les haga perder tiempo y dinero adquiriendo una educación mediocre o que al coronar sus estudios esos jóvenes se den cuenta que todos sus sacrificios fueron en vano pues lo aprendido no les sirve ni para ganarse el sustento.
Es el caso del joven Ronald Gutiérrez Murillo, arquitecto de profesión quien recién salido de la universidad encontró trabajo en su carrera pero ganando dos mil córdobas. Gutiérrez tuvo la suerte de hablar inglés y eso le permitió mejorar sustancialmente sus ingresos al encontrar trabajo en un call center.
“Te matás estudiando y cuando salís te dicen que no tenés suficiente experiencia… no tenés asegurado un trabajo cuando salís de la carrera y lo que más molesta es que tenés que hacer otra cosa”, comenta el muchacho en el reportaje publicado ayer por LA PRENSA.
Pero además de los cinco años perdidos del joven y sus sueños frustrados, como nación debemos de tomar en cuenta los recursos perdidos. En el caso de las universidades estatales son millones de córdobas que se pierden en el demagógico seis por ciento del Presupuesto de la República. Se pierde en estudiantes que pasan años yendo a la universidad sin graduarse nunca o en la elevada deserción o en casos en que el joven logra graduarse pero todo lo que se invirtió en su educación no regresa a la sociedad pues emigra o tiene que trabajar en otra cosa.
Y si la familia tiene la desgracia de no tener otra opción que enviar al joven a una de las docenas de universidades de zaguán que hay en el país, no solo desperdiciarán sus escuálidos recursos sino que el joven saldrá sin haber aprendido mucho
Si el sistema de educación pública en el país —primaria y secundaria— es un desastre, la educación superior es una tragedia que por el lado estatal traga cientos de millones de córdobas cada año para el beneficio de muy pocos y por el lado privado en la mayoría de los casos no es más que un negocio perverso que explota la necesidad de los más pobres que tienen la ilusión de sacar una carrera universitaria y que no encuentran espacio en las estatales donde hay muchos jóvenes con recursos llenando los cupos del seis por ciento que deberían ser fondos que se le otorguen a los estudiantes más brillantes entre los más necesitados.
Si Nicaragua alguna vez va a salir de la miseria a la que ha sido condenada por los gobiernos corruptos, debe comenzar como sociedad por hacer un cambio total de su sistema de educación.
Pero no solo se debe pensar en la educación primaria y secundaria pública que de por sí ya es una tarea titánica. También habrá que tomar las riendas de la educación superior que por más de 30 años ha sido un feudo del Frente Sandinista y se deberá dar el lugar que se merece a la educación técnica, que desde siempre ha sido la Cenicienta de un sistema en harapos.
Esa tendrá que ser la primera tarea de un gobierno que de verdad tenga como meta sacar a los nicaragüenses de la pobreza. Mientras tanto, seguimos perdiendo el tiempo y el tiempo perdido los santos lo lloran.
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