El magistrado de facto del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, no había terminado de dar los resultados del primer informe preliminar de las elecciones generales la noche del 6 de noviembre cuando ya había surgido una pregunta dentro de la Alianza PLI y entre muchos de los cientos de miles de nicaragüenses que votaron por la misma.
Ante los resultados evidentemente fraudulentos, luego de un proceso altamente irregular y oscuro, ¿debían ocupar sus escaños los diputados que habían escapado del robo orteguista? ¿no sería mejor desconocer las elecciones y dejar al orteguismo solo para que el mundo viera con claridad el autoritarimo que está imponiendo?
Quienes dicen que hay que dejar los asientos vacíos alegan que tomarlos sería una actitud colaboracionista con el régimen y le daría legitimidad a todo el sistema que se ha mandado a hacer el presidente Daniel Ortega.
Sin embargo, si es correcto o no ir a la Asamblea Nacional va a depender de la actitud que tomen los diputados de la Alianza PLI. Si solo van a ir a sentarse ahí a lamentarse que no tienen posibilidad de detener a la aplanadora orteguista y retirar su cheque una vez al mes entonces que mejor no vayan.
Al ser solo 26 diputados de un total de 92 está claro que mediante los votos no van a poder tener influencia en la legislación que ahí se discuta. Pero eso no es todo lo que puede hacer un diputado. Es más, al ser minoría, para hacer su trabajo tiene que ser arduo, inteligente y constante para que surta efecto.
Por ejemplo, ellos van a formar parte de las comisiones legislativas donde se discuten las leyes, eso les va a dar conocimiento de lo que el orteguismo pretende hacer. Les va a dar acceso a todo tipo de información importante como son las leyes de presupuesto general de la República y al mismo tiempo van a tener acceso a los medios de comunicación para denunciar lo que se esté haciendo mal o de manera arbitraria.
Los mejores ejemplos de que esa labor tiene resultados positivos han sido los concejales Luciano García y Leonel Teller de Managua que han logrado destapar la corrupción en la comuna.
Mejor aún, a los legisladores la ley les otorga inmunidad, lo que les va a servir para permanecer en perpetua protesta, convertirse cada uno en los líderes de la oposición en sus respectivos departamentos en Managua para trabajar en las calles denunciando el fraude y el autoritarismo. Es cierto que van a enfrentar violencia, pero la violencia también la enfrentan actualmente cientos de ciudadanos que no ganan un salario como políticos, con mayor razón ellos tienen el deber de estar ya a la cabeza de la denuncia permanente.
Pero el trabajo no es solo a lo interno del país. Como diputados las puertas se les abren a nivel internacional, sobre todo ahora que todo mundo conoce el sistema electoral fraudulento que sufrimos. Tienen que moverse y cabildear entre gobiernos y entidades amigas de América y Europa. Eso no lo podrían hacer como ciudadanos comunes y corrientes.
En fin, si la bancada de la Alianza PLI llega a la Asamblea Nacional dispuesta a hacer oposición dentro del hemiciclo y en la calle, a plantear los intereses de los nicaragüenses con firmeza y a exigirlos en todos los foros, debe entonces tomar sus escaños. Si por el contrario la actitud va a ser timorata y solo van a retirar el salario, es mejor que se queden en sus casas.
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