De todas las acciones dañinas para el progreso y desarrollo de la sociedad nicaragüense que viene tomando el orteguismo, incluyendo la falta de transparencia del proceso electoral que acabamos de vivir, sin duda la más peligrosa es la parcialización de la Policía Nacional pues esta, como hemos visto, puede causar hasta muertes.
Ha sido el actuar parcializado de la Policía Nacional en relación a las manifestaciones políticas lo que ha causado ya una gran cantidad de heridos —aun en sus propias filas— y ahora hasta civiles muertos. Si la Policía estuviera haciendo su trabajo con profesionalismo esas vidas no se hubieran perdido, y esa ya es una pesada carga para la institución, sin embargo, lo peor puede estar por venir si su actuar no se corrige.
Desde el primer día que tomó posesión el presidente Daniel Ortega el 10 de enero de 2007 se ha encargado de recordarles a la Policía y también al Ejército sus orígenes sandinistas. Esa retórica ha venido acompañada de acciones como —solo para poner un ejemplo— la de pasar a retiro a mandos que trabajaban por la continua profesionalización del cuerpo policial, mientras promovió a comisionados generales a muchos mandos con los que se sentía cómodo para realizar la tarea de pintar de nuevo de rojinegro a la institución.
El cambio en el actuar del cuerpo encargado de mantener el orden fue casi inmediato. Se mostró incapaz de hacer lo obvio en el caso de las manifestaciones de la sociedad civil, que solicitaban permiso para marchar solo para encontrar cada vez que la Juventud Sandinista ya había pedido el permiso para la marcha en el mismo lugar y a la misma hora. Pero además, la institución tampoco pudo controlar a los orteguistas para que no marcharan con morteros, esas armas letales que estos no dudan en usar contra la oposición.
Con la llegada de la campaña electoral los roces se intensificaron y la Policía no solo ha continuado con una pasividad cómplice, sino que en muchos casos ha actuado en combinación con las turbas orteguistas como sucedió en San Fernando, Nueva Segovia, cuando la población se manifestaba contra la manipulación en la entrega de cédulas; o el 7 de noviembre en La Concepción, cuando pobladores se manifestaron en contra de la falta de transparencia de todo el proceso electoral.
El peor de los casos llegó apenas dos días después de las cuestionadas elecciones, cuando el campesino Mercedes Torres y dos de sus hijos fueron asesinados. Los señalados en este crimen son cuatro policías y dos miembros del partido sandinista. La pasividad cómplice o peor aún la represión directa solo pueden generar mayor violencia y para los que crean que la violencia va a ser nada más de una vía; ahí está también el caso de Siuna, donde un secretario político del Frente Sandinista fue asesinado.
Aunque ya hay cuatro muertes que lamentar, las autoridades de la Policía Nacional están a tiempo de evitar mayor derramamiento de sangre con solo actuar profesionalmente y garantizarle a todos los nicaragüenses su derecho a protestar y expresarse. Nada positivo puede salir de que la Policía se convierta ante los ojos de los nicaragüenses en el brazo represor del orteguismo.
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