El lunes pasado, al declarar que Daniel Ortega había ganado las elecciones sucias del 6 de noviembre, el desfachatado magistrado y presidente de facto del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes, difamó la cobertura electoral del Diario LA PRENSA calificándola como “basura”.
A la palabra basura, el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) le atribuye seis acepciones o significados: 1) una suciedad, o algo que ensucia; 2) los residuos desechados y otros desperdicios; 3) el lugar donde se tiran esos residuos y desperdicios; 4) el estiércol de las caballerías; 5) una cosa repugnante o despreciable; y 6), la calificación de algo de muy baja calidad, por ejemplo, cuando se habla de comida basura, argumento basura, elecciones basura, etc.
De acuerdo con esas definiciones semánticas, no cabe ninguna duda que lo que hacen o han hecho los funcionarios de facto que dirigen ilegítimamente instituciones estatales como el Consejo Supremo Electoral (CSE), las cuales han sido degradadas profesional y moralmente por el partidarismo y la corrupción, es un trabajo basura. De manera que al tratar de denigrar a LA PRENSA señalando que el trabajo de sus periodistas es basura, lo que hace el magistrado y presidente de facto del Consejo Supremo Electoral de Daniel Ortega es escupir hacia arriba y salpicarse el rostro con su propia saliva.
En su anuncio de la victoria del ilegítimo por inconstitucional candidato presidencial Daniel Ortega, el señor Rivas Reyes, quien al parecer tiene una fijación obsesiva contra este Diario por la fiscalización que hemos hecho de su actuación como funcionario público, sentenció que LA PRENSA “siempre ha sido un obstáculo para el desarrollo del país”. El señor Rivas Reyes no es nada original en este señalamiento contra LA PRENSA, sin embargo, por los antecedentes históricos debemos interpretarlos como una amenaza contra la libertad de expresión e información en el país, específicamente contra el Diario LA PRENSA.
Decimos que el señor Rivas Reyes no es original, porque esa misma acusación de que LA PRENSA es un obstáculo para el desarrollo de su democracia la hacían los miembros de la dictadura somocista y la dictadura sandinista de los años ochenta. Incluso, en la historia está escrito con letras de sangre que nuestro Director Mártir, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, fue asesinado en enero de 1978 por las fuerzas oscuras de Nicaragua porque lo consideraban un obstáculo al desarrollo “democrático” del país, como llamaban a la dictadura y cualquier modalidad de régimen autoritario y corrupto.
Tanto la dictadura somocista como la sandinista censuraron a LA PRENSA, ultrajaron a sus periodistas, bombardearon sus instalaciones, pero no pudieron destruirla. Y el presidente de facto del CSE, quien conoce muy bien esta historia, debe saber que sus difamaciones y amenazas no amedrentan a LA PRENSA ni la harán desistir de seguir fiscalizando a los funcionarios públicos venales y denunciando la corrupción gubernamental.
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