Es comprensible que ante la avalancha de ilegalidades que presenta el actual proceso electoral, la más detestable y vergonzante, sin duda, la candidatura inconstitucional del actual presidente Daniel Ortega, las personas se pregunten si vale la pena ir a votar. Yo les digo que sí hay que votar; aún y cuando la candidatura de Daniel Ortega sea ilegal, y existan claras señales de que estas elecciones serán una réplica más perversa del fraude de las elecciones municipales del 2008.
En aquella ocasión mi voto y los de miles de nicaragüenses fueron robados descaradamente. Sin embargo, fue precisamente por esos votos, que “desaparecieron”, que se pudo medir la magnitud del fraude y quedaron cifras registradas.
Si aún no está decidido o decidida a votar, piense que ante un fraude monumental y planeado a detalle, como el que se avecina, y la complicidad del aparato estatal, la única prueba para denunciarlo será su propio testimonio.
No me preocupa la ventaja que las encuestas le dan al candidato ilegal del FSLN, pues existe mucho miedo entre la población de decir abiertamente que no es Ortega su elección. Confío en que en su mayoría los nicaragüenses están convencidos de que la democracia es fuente de progreso, oportunidades y libertad para todos, y que muchos, empleados públicos, estudiantes y pequeños y medianos empresarios, ya están cansados de tener que apoyar a un partido político para poder trabajar, estudiar o hacer negocios. El gobierno de Daniel Ortega, sectario, corrupto, dinástico, autoritario, confrontador, abusivo, manipulador, dictatorial y delictivo, definitivamente no le conviene a Nicaragua. Cualquier cosa que esté dando el orteguismo: láminas de zinc, préstamos, viviendas, becas para estudio, etc., no puede comprar la libertad y el abanico de oportunidades de estudio y empleo que se tendría a la mano con un gobierno verdaderamente democrático y preocupado por el bienestar de sus conciudadanos.
La única opción posible para decirle civilizadamente al tirano que se vaya, es votar por quienes entienden el problema y tienen el compromiso y los deseos de trabajar por un mejor futuro; y en esta contienda desde mi perspectiva, quienes pueden cumplir estos requisitos, son Fabio Gadea, Edmundo Jarquín y sus diputados. Por lo tanto, mi voto va completo para la Casilla 13, y si se lo roban, voy a denunciarlo y defenderlo por los medios que sean necesarios.
Tengo la esperanza de que la mayoría de indecisos voten por la fórmula Fabio-Mundo, y espero que nadie se engañe votando por ningún partido que sea parte de la “oposición” de mentira, que destacan por su servilismo, y que durante estos años de mal gobierno de Daniel Ortega, han aplaudido y apañado sus abusos y violaciones a la Constitución, y mucho menos depositar el voto por un PLC, que ha sido, desde la firma del pacto con el FSLN en el 2000, y es hasta el día de hoy, cómplice y coautor de absolutamente todos los actos inconstitucionales, ilegales, ilegítimos, autoritarios, delictivos y criminales que ha cometido el presidente Daniel Ortega. Supongo que Arnoldo Alemán se mantiene en la contienda electoral, porque él hace el parapeto de oposición que requiere Ortega para impedir que se consolide y fortalezca una verdadera oposición, y por otra parte es la única manera de mantener sus cuotas de poder, en los poderes del Estado e instituciones. La reciente amenaza de inhibir a los diputados de la alianza PLI, por ejemplo, es obra del pacto Ortega-Alemán. Sin este sería impensable, porque la Corte Suprema de Justicia estaría integrada por magistrados honestos, independientes y apartidistas.
Ortega y Alemán: ¡Go home!
La autora es sicóloga.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A