Juan Cano Sarria
De entrada puede afirmarse que toda persona es la suma de sus actos y omisiones, al menos por lo que hace desde su propio esfuerzo y en un tiempo y espacio determinados.
En este sentido, las ciencias sociales nos advierten —y así lo afirma Savigny— que no puede conocerse y entenderse una persona o institución cualquiera de otro modo sino en relación con su pasado.
Por tanto, en términos lógicos y racionales, un baremo proporcional y adecuado para valorar a los dos candidatos que aparecen con expectativas de voto mayoritario —según los sondeos—, puede consistir en ponderar lo que cada uno de ellos ha hecho en su vida (binomio mérito/demérito). Es decir, que siendo consecuentes, el voto favorable habría que hacerlo depender del talento y del talante efectivo que cada uno de los candidatos haya forjado en y a través de su trayectoria personal y profesional (binomio repudio/aceptación). Y a partir de aquí, el bosquejo personal de cada candidato es el siguiente:
Por una parte, Daniel Ortega, actual Presidente y eterno candidato del FSLN. Un personaje de 66 años de edad, que en los años sesenta abandonó la universidad para encubrir, con su vocación antisomocista, su mediocridad estudiantil. Aunque inicialmente ganó cierta legitimidad revolucionaria por combatir con el FSLN al lado del pueblo y contribuir al derrocamiento del somocismo, finalmente —para otros sandinistas—, ha terminado perdiendo dicha legitimidad por traicionar al sandinismo y convertirse en un opulento empresario y dictador sátrapa. Su rápida prosperidad económica —cuya procedencia no ha justificado nunca— le ha permitido liderar su propia ambición personal, a fin de perpetuarse en el poder a través de una candidatura inconstitucional y apoyado en un clientelismo “orejizado” (CPC), institucional (26 funcionarios de facto) e internacional (Chávez, Castro, Morales, …). Con estos respaldos sigue monopolizando al FSLN, a pesar de la acusación de violación de su hijastra (Zoilamérica) y la exclusión de otras facciones sandinistas. Después de las anómalas elecciones municipales de 2008, las domesticadas y “orteguisadas” instituciones del Estado siguen utilizando trampas y triquiñuelas para asegurar su reelección.
Y, por otra parte, Fabio Gadea Mantilla, un honesto y popular empresario radiofónico, de casi 80 años de edad, que con Pancho Madrigal y otros personajes ha sabido conectar y sintonizar empáticamente con la idiosincrasia del pueblo, pero hasta la fecha nadie le ha imputado fechorías o tropelías como las de Ortega ni menos aún existe atisbo de sospecha —al menos por su edad— de que tenga intención de perpetuarse en el poder. Tras disentir del “arnoldismo” del PLC, ha aceptado la invitación de otros dirigentes de partidos políticos para liderar una opción plural y democrática (alianza del PLI), a fin de evitar que Ortega se perpetúe en el poder y, a su vez, encauzar Nicaragua hacia una República genuinamente democrática y capaz de propugnar y defender los valores fundamentales de libertad, justicia e igualdad a través de oportunidades efectivas en educación, sanidad, trabajo y prosperidad para todos los nicaragüenses.
En comparación, si el orteguismo ha traicionado al pueblo con acciones fraudulentas, crueles, despóticas y abominables, Gadea Mantilla —al menos a través de la inocencia campechana de Pancho Madrigal y otros personajes radiofónicos— ha transmitido al pueblo una sabiduría irónica frente al abuso del poder. De ahí que, parafraseando a León Felipe, puede afirmarse que desde el nacimiento del “hombre nuevo” del orteguismo (alienado y chantajeado), este ha sido mecido y dormido en la cuna con cuentos, colmado su llanto con cuentos, enterrado su cadáver con cuentos y atemorizado para seguir viviendo del cuento. ¡Por favor, que no os cuenten más cuentos!
El autor es abogado. valencia, españa
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