El deseo de competir, de vencer y dominar son instintos que desde siempre han sido parte de ese todo al que llamamos hombre, y aparecieron en su ser antes que la razón y la inteligencia. El arte de contender para dominar nos fue legado por la especie animal y pervive hasta nuestros días como testimonio de ese regalo bautismal.
Las sociedades más desarrolladas tienen formas de bregar y dominar aceptablemente sanas. En Nicaragua, por no pertenecer a estas sociedades, ejercitamos, sobre todo en materia electoral, prácticas que nos acercan más al medievo que a tiempos contemporáneos.
Daniel Ortega está manejando los poderes del Estado como si fuesen sus feudos, su partido o sus propiedades. Se ha convertido, gracias al pacto, en el fascista que “quita el agua y pone el sol” en todos las instancias gubernamentales. La mentalidad orteguiana es la manifestación más elevada del intelectualismo maquiavélico y borgiano que se han amalgamado para detener el aliento agónico de nuestra incipiente democracia.
Alemán, Quiñónez, los medios de comunicación oficialistas y los cuatros poderes del Estado son como cañones que han abierto fuego contra la alianza electoral democrática del PLI. Con justa razón el doctor Carlos Tünnermann Bernheim dijo que: “esta elección podría tener como nombre: “todos contra Fabio”.
No escribiré una lista de las arbitrariedades con que intentan detener la creciente popularidad de don Fabio, porque no sabría como terminarla, pero cabría mencionar que la inhibición de los cincuenta diputados sería el clímax de relajo político jamás practicado.
No se puede pensar en todo el daño que está ocasionando Ortega sin llegar hasta su origen: Arnoldo Alemán Lacayo. Este exconvicto de la justicia nicaragüense gestó el pacto cuya ruta de navegación es la violación del Estado de Derecho. El pacto de estos apátridas nos ha privado de un centro de equilibrio al cual acudir. Nos han desprovisto de esas entidades que sirven de freno y contrapeso ante sus propios abusos y excesos.
Yo creía que la candidatura de Alemán era el resultado del chantaje orteguista; que era consecuencia de la manipulación que hiciera el Frente Sandinista de amenazar con un proceso judicial por el uso de una tarjeta de crédito del Banco Central, cuando Alemán era presidente, según versiones de Eugenio Batres. Creía que Arnoldo cumplía dócilmente la férrea voluntad de Ortega de participar en la contienda so pena de ser procesado nuevamente por los numerosos casos de corrupción en los que se vio inmerso.
Ahora comprendo que las obstinadas pretensiones de dividir el voto democrático nacen de su propia concupiscencia. Eclosionan del afán de querer seguir siendo el tonto más útil del maquiavelismo orteguista.
El ahora zancudo PLC, no soportando el peso de corrupto y pactista que tiene su máximo líder, mientras colapsa totalmente, tilda a don Fabio de sandinista y señala a Montealegre de pactista, cualidades que solo en él hemos visto.
Irónicamente Arnoldo, el valetudinario vulgarea a don Fabio por su edad, pero tal señalamiento tienen en él un efecto rebote, pues Arnoldo además de ser viejo es el hospedero de más de diez enfermedades crónicas, lo que lo convierte en, además de viejo, achacoso.
El estómago de este pueblo es más fuerte que el de los dos caudillos siameses, pues ambos vomitarían ante la presencia de sí mismos.
El autor es jefe de redacción de la revista Letras de Barro, Santo Tomás de Chontales.
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