Alejandro A. Tagliavini

Dejemos que la naturaleza se desarrolle

A esta altura de la civilización resulta increíble que haya quienes justifiquen el homicidio, ya que todo homicidio significa la mayor afrenta moral y la más sacrílega que el hombre pueda cometer. Incluso en el caso de defensa propia y urgente, la ciencia ha demostrado que son más eficientes los métodos no violentos. El principio filosófico era ya conocido por Aristóteles, de quien lo copió la escolástica medieval: la violencia es aquello que desvía el desarrollo natural de los fenómenos, ergo, destruye a la naturaleza. El corolario es que, la “autoridad” coactiva, no solo no ordena sino que, violando la libertad, anarquiza y finalmente destroza.

Durante el conflicto con Argentina por la instalación de una planta de celulosa, supuestamente contaminante, sobre la costa uruguaya de un río binacional, el entonces presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, consideró la hipótesis bélica visto los antecedentes violentos del peronismo argentino. Así de fáciles resultan, para los políticos, las guerras que son el resultado final de la “autoridad” que quiere imponer su orden utilizando el monopolio de la violencia. Por caso, cobran impuestos que destruyen la riqueza porque, a diferencia del mercado natural donde las personas pagan aquello que voluntariamente decidieron, son cobrados utilizando el poder de policía en contra de la voluntad de los ciudadanos. Vale recordar que la eficiencia es exclusiva del mercado, porque eficiente es lo que mejor sirve a las personas y, consecuentemente, son ellas las que deciden, nunca una “autoridad” superior.

En Argentina, por caso, se utiliza el dinero público para la campaña electoral, cuenta Alejandro Rebossio en El País de España. A pocos días de las elecciones presidenciales, que ganaría la actual presidente según las encuestas, rige la prohibición de que los gobernantes que son candidatos anuncien medidas o inauguren obras para evitar abusos del aparato estatal, sin embargo usan la propaganda oficial para glorificarse. Por ejemplo, Mauricio Macri, el expresidente del Boca Juniors que creó la conservadora Propuesta Republicana (PRO), en junio logró la reelección como alcalde de Buenos Aires con una campaña donde aparecía en los anuncios televisivos sobre las novedades de la ciudad.

Pero la coacción no solo destruye al recaudar dinero que se malgasta, sino que “regulaciones” como precios máximos provocan baja rentabilidad y, por ende, desinversión. Así, Argentina, que en 2006 obtuvo un superávit comercial energético de US$$6,000 millones, en 2011 tendría un déficit de US$$3,000 millones que en el 2012 llegaría a los 8,000. Sucede que la producción de petróleo bajó 35 por ciento con respecto a 1998, mientras que la producción de gas es 15 por ciento menor a 2004.

Es irónico que esto suceda cuando el petróleo es la principal fuente energética mundial (33% del total), seguido por el carbón (28%) y gas natural (23%) y es el principal producto del comercio internacional, llegando al 10 por ciento del intercambio global total (unos US$$2 billones). China es ya el principal consumidor mundial de energía, pero su consumo petrolero es aún la mitad del norteamericano. Por el contrario, el mercado natural realiza verdaderos milagros, por ejemplo, recordemos que en 1850 el 65 por ciento de la población de EE. UU. se dedicaba al cultivo de la tierra y, aunque hoy solo el 3 por ciento lo hace, la cantidad de alimentos aumentó al punto que hoy es uno de los mayores proveedores del resto del mundo.  

 

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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