Editorial: La represión en San Juan de Río Coco
La represión policial en San Juan de Río Coco, contra las personas que reclaman sus cédulas de identificación a las que tienen absoluto derecho para poder votar y en general realizar todas sus prerrogativas y obligaciones de ciudadanos, no es la primera que perpetra la Policía del régimen de Daniel Ortega. En la medida en que se han intensificado las arbitrariedades gubernamentales y los ciudadanos manifiestan públicamente su disconformidad, la Policía ha venido actuando de manera cada vez más represiva contra las protestas cívicas y pacíficas de la población.
Sin embargo, la represión de San Juan de Río Coco perpetrada el martes y el miércoles de esta semana por la Policía —en la cual resultaron varias personas heridas incluso de bala, aunque afortunadamente ninguna de ellas muerta— es la primera que se realiza con todo el despliegue de recursos represivos y además ha puesto en nítida evidencia el doble rasero político con el cual la Policía mide y ejecuta sus acciones. O sea que la Policía es dura contra las protestas cívicas de los ciudadanos opositores y críticos pero blandengue y permisiva con las alteraciones al orden público que practican a menudo miembros del FSLN y seguidores de Daniel Ortega.
Es cierto que los ciudadanos que reclaman sus cédulas en San Juan de Río Coco y fueron reprimidos brutalmente por la Policía, estaban impidiendo el libre tránsito de personas y vehículos. Y al respecto es importante señalar que el derecho a la libre circulación es garantizado por la Constitución en su artículo 31, y que la fuerza policial tiene la función de velar que se cumpla y se respete, de acuerdo con el artículo 3, inciso 5, de la Ley 228, que es la Ley de la Policía Nacional. Además, el ejercicio del derecho de protesta que también es protegido por la Constitución en sus artículos 53 y 54, no debe menoscabar el derecho y los intereses de las demás personas, que suficientes dificultades tienen para resolver los problemas de la vida cotidiana y encima deben soportar las molestias y daños que les causan los tranques de carreteras y calles que impiden la libre circulación.
No obstante, la Policía solo reprime a los opositores que obstaculizan la libre circulación. Cuando manifestantes orteguistas bloquean carreteras y calles incluso sin motivo alguno, simplemente para fastidiar a la ciudadanía y perjudicar al comercio y otras actividades sociales, entonces la Policía no actúa con la misma rapidez, decisión y despliegue de fuerza con las que ha reprimido a los ciudadanos opositores de San Juan de Río Coco.
También la represión de San Juan de Río Coco demuestra la falacia de quienes niegan que el régimen orteguista sea una dictadura porque, según ellos, no reprime al pueblo. Lo cierto es que ninguna dictadura reprime a la población cuando no hay protestas o mientras estas son muy débiles y aisladas. En cambio, cuando la gente se decide a luchar para que no le arrebaten su libertad y sus derechos, entonces el régimen orteguista y su Policía no vacilan en reprimir sin contemplación como lo han hecho en San Juan de Río Coco.
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