El zopilote es una ave que solo puede depredar los restos de animales fallecidos, ya sea por muerte natural o porque otros depredadores los han cazado con anterioridad, pero un zopilote no puede cazar por sí solo, sino que debe esperar a que su almuerzo sea servido por otros, lo más que puede hacer, es pedirle a otros que le sirvan el almuerzo.
Por las calles de Managua, durante las frecuentes caminatas que realizamos los candidatos a diputados de la alianza PLI, solamente me he encontrado a un ciudadano habitante del barrio La Primavera quien me dijo ser partidario de la facción del PLI, que lidera el doctor Virgilio Godoy y el señor Rollin Tobie. Ante mi sorpresa le pregunté que en qué casilla iba a votar y me dijo que en la 13, porque estaba esperando que nos quitaran a nosotros para ellos poner a sus diputados.
Me hablaba con la certeza de un “zopilote”, que como don Rollin Tobie y otras partes interesadas del PLC, respaldan y aplauden su brillante iniciativa de “inhibición masiva”, está esperando al acecho a ver qué agarra, confiado en que el Consejo Supremo Electoral (CSE) inhibirá a los 50 candidatos del PLI y que don Fabio Gadea y Edmundo Jarquín seguirán en campaña y les conseguirán a ellos de pura choña, los votos que jamás han podido ni podrán atraer por sí mismos.
Se quedarán revoloteando estos zopilotes de la política, sobre el CSE o sobre la Corte Suprema de Justicia, pero jamás llegará su almuerzo, porque aún en el remoto caso de que sus “aspiraciones” (de inhibiciones masivas) fuesen resueltas a su favor por estos poderes del Estado, con todas las consecuencias que ello pudiera traer, don Fabio Gadea y don Edmundo Jarquín ya han adelantado que no están dispuestos a “endosarles” los votos a su capricho, corriendo en la casilla 13, o sea que no correrían en ese hipotético caso.
Y si no resuelven antes de las elecciones, como lo ha dado a entender con malicia Roberto Rivas, menos que se atrevan después que los candidatos a diputados hayan sido favorecidos por una montaña de votos de miles de nicaragüenses, porque ello sería un desconocimiento descarado de la voluntad popular, un fraude masivo con imprevisibles consecuencias.
Los zopilotes están condenados a seguir revoloteando a ver qué agarran, ellos, de por sí y ante sí, no pueden captar votos, y tristemente están irremisiblemente condenados a esperar a que otros lo hagan por ellos. Pero no esta vez.
Así es la política en Nicaragua, como una fábula de zopilotes que esperan que los más vivos les capten votos para así tener su merienda, que nunca podrían haber logrado por su propios méritos y esfuerzo personal.
Quizás la obtengan la merienda en el campo de otros que por ahora les están dando “posada”, pero que después del 6 de noviembre terminarán “desplumados” como ya lo adelantan todas las encuestas de opinión.
Pobres ilusos y necios zopilotes. El autor es diputado.
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