El cuerpo humano siempre nos habla. Nos dice que quiere estar sano, incluso con buena figura, pero muchas veces no lo escuchamos y lo enfermamos teniendo malos hábitos alimenticios.
“Al organismo no le gusta tener acumulaciones inútiles de grasa ni soportar un peso excesivo, mucho menos saturarse de toxinas coleccionadas a lo largo de años, producto de una mala alimentación y de dietas perjudiciales que solo suponen desgaste, enfermedades y deterioro”, afirma la doctora Marialuz André Alonso, especialista en nutrición y estética de la clínica y spa Tulipanes, quien agrega que el cuerpo tiene que jugar con los nutrientes que le damos y hacer milagros para sobrevivir aún cuando estos son deficientes.
Si comiéramos adecuadamente, el organismo lo agradecería con salud y una buena figura, ya que según la doctora, el ser humano es lo que come. “Somos máquinas bioquímicas, hechas de la suma de millones de células que nunca descansan. Esa enorme maquinaria está compuesta de moléculas que se extraen de los alimentos y del aire que respiramos. Si los alimentos no son los adecuados, la maquinaria debe reajustarse para seguir funcionando pese a las carencias a la que la sometemos. Pero si nos alimentamos bien estaremos sanos, en forma y con buena figura toda la vida”, exhorta. Dos formas de alimentarse mal
La principal es por exceso de alimentos, que se da al ingerir productos que no cumplen funciones vitales en nuestro organismo, como las grasas animales, harinas blancas refinadas y el azúcar. “Hay que tener cuidado, porque muchos alimentos los llevan ocultos. El azúcar se usa como conservante y las grasas y harinas para dar textura y sabor”.
La segunda forma radica en el consumo de alimentos que nos perjudican. Es más beneficioso, por ejemplo, comer un filete y después un postre de chocolate, que comerse solo el postre porque las proteínas de la carne aumentan el metabolismo y queman muchas grasas y azúcares. En cambio, el postre se transformaría directamente en grasas de reserva.
algún alimento proteico cuatro o cinco veces por día. dos piezas de fruta al día, pero con el estómago vacío, nunca como postre. ensalada de vegetales crudos todos los días. tres o cuatro cucharadas de aceite de oliva crudo. legumbres y verduras de cuatro a cinco veces por semana. diez vasos con agua al día. algo de fibra a la dieta (en comprimidos o salvado), así como vitamina E.
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