Nicaragua es, desde México hasta la Patagonia, el país que tiene más serviles por kilómetro cuadrado y proporcionalmente más orejas por habitante. Tenemos más orejas que Cuba, lo cual contribuye a comprender mejor el innegable temor con el que vive nuestra población.
El servilismo es una enfermedad que nuestros políticos han padecido a lo largo de la historia. Pareciera que se trata de una enfermedad crónica, muy vieja, muy difícil de curar. La orejización política, en cambio, es un padecimiento relativamente reciente que muchos creímos que había sido superado en 1990.
Mientras que la principal causa del servilismo nicaragüense debemos buscarla en el fenómeno del poder político —sin descuidar la conducta de los serviles ante el poder económico— la causa de nuestro reciente proceso de orejización debemos buscarla en la desmedida ambición de poder de Daniel Ortega. Esta orejización vendría a formar parte, algo así, de conocidas “técnicas de persuasión política” con que la Seguridad del Estado pretende ayudar al señor Ortega en su lucha por perpetuarse en el poder.
Todos sabemos que este proceso político de orejización, descansa sobre todo en los CPC. Podría decirse que si antes los CDS fueron los ojos y oídos de la revolución, ahora los CPC son los ojos y orejas del “quehacer revolucionario”, en el entendido de que si bien todos los CPC son orejas —no hay un CPC que sea sonto— no todos los orejas son CPC.
Quiero confesar que me gusta más hablar de orejas que de oídos. Para mí, el pabellón de la oreja tiene una naturaleza anatómica visible, simbólica, muy sencilla, mientras que el oído, sobre todo el oído medio y el oído interno, además de que son invisibles tienen una estructura anatómica y funcional muy compleja, no fácil de entender. Por otra parte, tengo que destacar que desde el punto de vista auditivo suena mejor “oreja” que “oído”. Por ejemplo, a mí no me “sonaría” bien si me dijeran que el Consejo Supremo Electoral está lleno de oídos. Me “sonaría” mejor si me dijeran que está lleno de orejas. Pero de todas maneras, llámese como se llame, lo importante para la Seguridad del Estado —que de hecho está viva y coleando— es que el “oreja” o el “oído” capte, codifique y transfiera al cerebro todo lo que oye, para después “soplárselo” al encargado de procesar la respectiva información.
Debo concluir diciendo algo que nos debe mover a los nicaragüenses a una profunda reflexión: Chile, Uruguay y Costa Rica, que tienen bajísimos porcentajes de serviles por kilómetro cuadrado y que no tienen problemas de orejización política —en donde la gente no vive con temor— son países que tienen los niveles de pobreza y corrupción más bajos de nuestra región, al contrario de Nicaragua, que tiene junto con Haití el nivel de pobreza y corrupción más alto de América Latina.
No sigamos el ejemplo de Dinamarca, Singapur y Nueva Zelanda, que por decentes son los países más prósperos del mundo. Conformémonos de momento con seguir el ejemplo de Chile, Uruguay y Costa Rica. Y por algo debemos empezar. Empecemos por reducir drásticamente el número de serviles políticos por kilómetro cuadrado y al mismo tiempo empecemos por poner a trabajar a los orejas en labores productivas, sin perder de vista la necesidad de un Poder Judicial independiente y el establecimiento de convenientes prácticas de gobernabilidad —sin servilismo jurídico— que promuevan el cumplimiento de la ley y el respeto a las instituciones del Estado.
El autor es abogado y escritoR.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A