El comandante Daniel Ortega está decidido a destruir nuestro orden constitucional para asegurar su permanencia indefinida en poder. Es un error —más aún, una ilusión suicida— esperar que una votación masiva logre impedir la realización de sus perversos designios. Al contrario, en las condiciones actuales, una votación masiva daría al fraude la apariencia de una elección aceptable. Periodistas y observadores ignoran las violaciones constitucionales y no quieren darse por enterados de que el perverso Consejo Supremo Electoral (CSE) de facto ya tiene instalados los programas cibernéticos, para que Ortega aparezca como triunfador. Éste, ya ha anunciado que una masiva votación equivaldrá a un plebiscito capaz de encubrir sus violaciones de la Constitución. La realidad es totalmente lo contrario. Las próximas elecciones —irreversiblemente viciadas por la candidatura anti-constitucional, ilegal e ilegítima de Ortega— no pueden ser legitimadas por nadie ni legitimar a nadie.
He aquí lo que sucederá: en la madrugada del 7 de noviembre, diarios y programas de TV de influencia mundial de Asia y Europa destacarán, no el rosario de anomalías denunciadas por los sectores democráticos, sino los boletines del perverso Consejo Electoral de la dictadura, sobre un fondo de largas filas de votantes y de una lluvia de fuegos de artificio, dando aires de fiesta a lo que, en realidad, será el drama de la destrucción de nuestra República. En el curso de la mañana, comenzarán a llegar a la Cancillería mensajes de Jefes de Estado y de Gobierno de diversas latitudes felicitando al supuesto triunfador: Daniel Ortega.
La “montaña de votos” anunciada por los candidatos de las coaliciones democráticas, será sepultada por la avalancha de falsos reportes del CSE avalados por alba-delincuentes nacionales e internacionales. Los fiscales electorales de las coaliciones democráticas y sus líderes se ahogarán en un mar de fotocopias, vídeos y fotos de celulares, con las que pretenderán documentar el fraude. Aunque se los escuchará con respeto, nadie los tomará en serio. Ya durante la noche, el fantasma de William Walker, rodeado de una horda de mercenarios, habrá recorrido con teas de traición y cobardía el territorio nacional, precedido, como sucedió en 2006, por algún excandidato —acompañado de asesores preocupados por la “gobernabilidad”— que ya habrá acudido al Carmen, sonriendo tristemente, para negociar con Ortega su reconocimiento como ganador del segundo lugar.
Sería insensato esperar para reaccionar a que se consume el fraude preparado por el régimen sandinista, ocultándolo en la algarabía de un carnaval seudo-democrático. Preciso es recurrir a la única solución realista que nos queda, a saber: denunciar —y hacerlo ¡ya!— con documentación irrefutable preparada por nuestros mejores juristas, el criminal atropello contra nuestra Constitución que ya está en marcha, y demandar de urgencia la aplicación de los artículos pertinentes de la Carta Democrática Interamericana. De lo contrario, la profética frase de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, “Nicaragua volverá a ser república”, seguirá resonando en nuestros corazones como eco permanente de un hermoso sueño que se alejará nuevamente y al cual solo podremos acceder por la senda embebida de sangre, sudor y lágrimas de una nueva e inevitable guerra nacional. El autor es Presidente Nacional del PSC
Sería insensato esperar para reaccionar a que se consume el fraude minuciosamente preparado por el régimen sandinista ocultándolo en la algarabía de un carnaval seudo-democrático. Preciso es denunciar el criminal atropello contra nuestra Constitución
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