Cinco siglos antes de la era cristiana, los atenienses inventaron la palabra democracia para definir su forma de gobierno. Sin cambiar su sentido original la democracia ha derivado en una filosofía que ha evolucionado a través de los siglos para convertirse en un sistema social identificado íntimamente con la persona humana. A lo largo de ese trayecto de milenio de civilización humana, la democracia ha recibido diferentes epítetos, como formal y real, constitucional, representativa y plural Hasta el totalitarismo marxista, la empleó para enmascarar su tipo de gobierno en las llamadas repúblicas populares del imperio comunista.
La relación entre gobernantes y gobernados a partir de la Revolución Francesa se identifica con la democracia, con el republicanismo y con los regímenes electorales que respetan el voto popular; es decir, la voluntad de los pueblos. En realidad, tanto ha evolucionado la sociedad en el camino hacia la libertad y la independencia individual, que la democracia en abstracto no tiene ninguna aplicación práctica y definitoria. Como satélites de un cuerpo celeste, giran alrededor de la democracia como sistema social, el voto para elegir a los gobernantes, la soberanía, el Estado, el gobierno y hasta la acción indirecta de ejercer el poder por representación. La soberanía, que tanto emplean los gobiernos como si fueran sus dueños, limita realmente a los gobernantes en su quehacer político, pero no a los ciudadanos para escoger y elegir. En este aspecto debe conocerse la diferencia entre soberanía política y soberanía jurídica. Ya que el Estado puede poseer la primera y no la segunda. En cambio, la soberanía del pueblo es una prerrogativa inalienable de la sociedad para gobernarse por sí misma.
En cuanto al Estado y el Gobierno, que con mucha frecuencia se confunde, debe tenerse presente que si no existe el Estado tampoco puede existir el gobierno. El Estado es un agente autorizado para emplear la fuerza, cuando se hace necesario para defender el orden. ¿Quién autoriza al Estado para ejercer la fuerza en defensa del orden? Ese poder del Estado emana de la Constitución y las Leyes; las cuales han sido aprobadas por el organismo por los votos. El Estado comprende los instrumentos políticos, pero el Estado, por sí solo, no puede actuar por ser un ente abstracto que necesita el gobierno para ejercer su poder coercitivo e imponer la constitución y las leyes.
El gobierno es la personificación del Estado, es el Estado en acción y se refiere a los individuos y órganos que tienen la responsabilidad de conducir la acción del Estado. En los países democráticos los gobiernos cambian periódicamente conforme lo establece la constitución, mientras el Estado permanece intacto.
Abraham Lincoln con esa precisión que lo caracterizaba, definió la democracia con tres preposiciones. La preposición “De” significa pertenencia y posesión. Ergo, el gobierno pertenece al pueblo. La preposición “Por” significa finalidad, en este caso la finalidad del gobierno es servirle al pueblo de manera objetiva y sin restricciones. La preposición “Para” significa destino. Y destino quiere decir que una cosa está determinada para un fin.
En consecuencia, el pueblo es el monarca, de acuerdo con la definición de Montesquieu (1689-1755). Porque si no es monarca sería súbdito de las dictaduras, de los caudillos y los gobiernos corruptos y abusadores.
La soberanía, que tanto emplean los gobiernos como si fueran sus dueños, limita realmente a los gobernantes en su quehacer político, pero no a los ciudadanos para escoger y elegir. Debe conocerse la diferencia entre soberanía política y soberanía jurídica, ya que el Estado puede poseer la primera y no la segunda.
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