Luis Vega Miranda

Un constructor y héroe de la paz

El general Tomás Martínez (Nagarote 1820-León 1873) fue el más destacado héroe de la Guerra Nacional, y para los que creen en el destino de los hombres con estrella: providencial, nacido para triunfar, dirigir y levantar una nación destrozada por la Guerra Civil y su consecuencia la irrupción de William Walker. Militar y político, gobernó el país de 1857 a 1867, el periodo más largo de un presidente en el siglo XIX.

Dedicado al comercio desde su juventud, fue hijo de doña María Guerrero, nieta de la heroína Rafaela Herrera y de un leonés, don Joaquín Martínez, quienes se instalaron en Nagarote debido a la inestabilidad política de las ciudades Granada y León. La muerte de su hermano el capitán Fermín Martínez, emboscado por tropas de Bernabé Somoza, a quien combatía en Rivas y la crisis política de 1854, lo decidieron por las armas en el bando legitimista. Muertos don Fruto y su sucesor José María Estrada, fue el jefe supremo del ejército legitimista, firmando el convenio bipartidista del 12 de septiembre 1856, con el general Máximo Jerez, cuyas fuerzas con los ejércitos centroamericanos desalojaron al invasor, destacándose en todas las batallas.

Para evitar la anarquía después de la guerra, gobernó el país con Jerez, de junio a noviembre 1857. Instalada la Constituyente se eligió a Martínez, presidente provisional de Nicaragua (1857-1859); cuando fija los límites con Costa Rica y casa con doña Gertrudis Solórzano. Promulgada la nueva Constitución es electo Presidente constitucional por un periodo de cuatro años, desde el 1º de marzo de 1859 hasta 1863. Su buen gobierno fue reconocido por todas las tendencias. Recorrió los departamentos, construyó y reparó caminos y escuelas, privilegió el cultivo del café, trasladó la aduana del Realejo a un pueblo que llamó Corinto, restableció las rentas del alcohol y el tabaco y mejoró la economía.

Pero esa simpatía se desplomó cuando al vencer su periodo se esperaba un cambio de gobierno, los partidarios de Martínez sostuvieron la tesis de la reelección, que la Constitución Política prohibía y a la que don Tomás se rehusaba, pero terminó aceptando imponerla frente a su opositor José Joaquín Quadra, candidato de una fusión de liberales y conservadores. Contrario al periodo anterior, este, inconstitucional (1863-1867), estuvo marcado por inestabilidad y conspiraciones. Jerez le hizo revolución, el partido conservador de Granada presidido por Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, se enemistó con él por su reelección fraudulenta y fue criticado por extraditar a El Salvador, al expresidente Gerardo Barrios, donde fue fusilado.

Al terminar el mandato su partido le demandaba declarar la dictadura vitalicia que Martínez rechazó, apoyó la candidatura de don Fernando Guzmán, quien ya presidente lo alejó enviándolo a Europa como diplomático. De regreso hizo con Máximo Jerez una revolución a Guzmán, guerra del 69, pero habiendo fracasado se exilió en El Salvador, donde fue bien recibido por el presidente Dueñas. Mas encomendado por este para enfrentar una revolución de sus opositores sufrió una derrota militar; desmoralizado, Martínez regresó enfermo a Nicaragua.

Después de una penosa enfermedad que lo postró, el general Tomás Martínez falleció en León el 12 de marzo de 1873. Fue enterrado en el cementerio de Guadalupe, rodeado de su familia y amigos íntimos, sin honores gubernamentales.

Tenía tantos adversarios como admiradores, pero sus críticos reconocieron su destacada vida desde 1854: “como el hombre que abrió las puertas de la paz”. (Iniciando los 30 años de gobiernos conservadores). El autor es abogado y presbítero anglicano.

Tomás Martínez tenía tantos adversarios como admiradores, pero sus críticos reconocieron su destacada vida.

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