¿Y por qué tanto de- sencanto y frustración? La respuesta es obvia: Porque ya se escuchan las promesas de los candidatos, y no ha variado el repertorio. La frecuencia de spots es tan alta que uno se vuelve adicto a las promesas, aunque uno no lo quiera. La gente enciende la tele para ver si el Pueblo Presidente en su vergel aparece prometiendo soluciones a todos los males, y cuando esto no ocurre, la familia entera se pone triste y desesperada.
Realidades cualquier país las tiene, como falta de medicinas en los hospitales, y puede darse el caso de realidades positivas; pero promesas buenas y de calidad escasean. Lo que saca de quicio es que prometen y no explican cómo es que van a cumplir lo que prometen. Más que la corrupción, lo que debilita a la democracia es la falta de ofertas atractivas, viables y agresivas. En el fondo, la gente demanda promesas extraordinarias, las que se puedan cumplir, las que nos devuelvan la esperanza y se recupere la fe perdida; urgen las que puedan sustituir al paquete de promesas falsas e infinitas que nos recetan siempre.
Maquiavelo escribió en su libreta: “El mejor gobierno es la promesa infinita”. Y debe ser cierto, si recordamos hoy todas las promesas incumplidas:
– Llevaré la modernización a todos los rincones del país, y en cada casa habrá un televisor de plasma, su minicomponente, y los hijos del campesino andarán con su “cel” de última generación y su computadora laptop.
– Saldremos al fin de la pobreza; y no descansaremos, ni siquiera para darnos la tregua de un ligero bostezo, mientras exista un desempleado en las calles, mucho menos vamos a permitir que los chavalos sigan pidiendo en los semáforos en vez de estar en la escuela.
– Le cortaremos las uñas a los ministros y castigaremos duro a los responsables de los desastres naturales, a los defraudadores, a los que se roben los impuestos, a los funcionarios deshonestos; no permitiremos el tráfico de influencias, salvo aquellos casos que sean necesarios para mantener la armonía, la estabilidad y la buena imagen de la nación.
– Que las mujeres ya no se preocupen, porque terminaremos con el machismo, con la violencia intrafamiliar, con la contaminación atmosférica, la sequía y con la basura que nos desprestigia y nos da imagen de un pueblo sucio y descuidado.
– Yo tengo un sueño, construiremos una carretera como las de Texas para unir el Atlántico con el Pacífico, y vamos a convertir a Nicaragua en el granero de Centroamérica y vamos a crear un millón de empleos.
– Mi gobierno será el gobierno de todos ustedes. Le daré prioridad a la inversión social y construiré 100 mil viviendas rurales y 80 mil en las zonas urbanas, aplicando dinámicas de autoconstrucción.
– Lo que queremos es amor y paz, mucho amor y mucha paz, queremos amor, paz y trabajo y sobre todo, reconciliación, porque todos unidos trabajando por el bien de todos somos más cristianos, socialistas y solidarios, caminando con fe, alegría y esperanzas de la mano del Dios de los pobres, creciendo en libertad, amor, paz y generosidad ¡Vamos por más victorias!
¡La indignación que se siente es masiva! Sin embargo, la gente no pierde las esperanzas, y todas las mañanas ve la tele en espera de la promesa realista que resuelva todos los problemas. Se aburren entrada la tarde, apagan la tele, se toman su placebo y se echan a dormir.
El autor es Director del Portal Educativo
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