El mercado de carbono, una de las herramientas inventadas por la humanidad para enfrentar el cambio climático, podría abrirse pronto en el país.
Al menos eso es lo que intentan lograr un par de empresas intermediarias, que buscan en Nicaragua centrales hidroeléctricas para vender bonos de carbono a una compañía petrolera de Europa.
En este mercado el producto que se vende y compra son los bonos de carbono, que en realidad se trata de certificados: papeles con un sello y alguna firma.
- Para el dueño de una central hidroeléctrica, vender bonos de carbono podría ser una manera de ganar dinero extra sin invertir un centavo.
Marlyng Buitrago, presidenta de la Asociación Nicaragüense para las Energías Renovables y el Ambiente, señaló que hay 10 empresas dispuestas que ganarían un básico de 7.5 euros por tonelada de carbono al año.
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Estos bonos fueron inventados en 1997, cuando se firmó el Protocolo de Kioto, que tiene el objetivo de reducir ligeramente los gases de efecto invernadero, que provocan el calentamiento global, causando el cambio climático.
El dióxido de carbono (CO2) es la sustancia que más contamina la atmósfera hoy en día.
Bajo este concepto, los países industrializados que superan cierto límite de emisiones de CO2, deben comprar bonos de carbono a las naciones pobres, para compensar su contaminación.
La idea es que esos bonos sirvan para que los países pobres no desarrollen máquinas contaminantes, y por el contrario, generen energía limpia, como la eólica, hidroeléctrica, entre otras.
AHORRO
La crítica es que no llega a quienes más aportan con energía limpia.
Las intermediarias Anaconda Carbon y Ecoressources ofrecen, es entablar el negocio de los bonos de carbono con Mabanaft, una empresa petrolera alemana holandesa.
El fin es captar centrales hidroeléctricas que produzcan menos de 15 megavatios para los bonos. Según Jean Lucas, de Ecoressources, este país puede ahorrar al mundo 26,280 toneladas de CO2 al año, solo en la generación hidroeléctrica.
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