El 15 de marzo de 1962 por primera vez un gobernante habló de los derechos del consumidor. Fue el presidente estadounidense John F. Kennedy, quien dijo ante el Congreso de EE. UU. que “ser consumidor, por definición, nos incluye a todos ” Para conmemorar la formulación de ese precepto, en 1983 la Organización de Naciones Unidas (ONU) instituyó el 15 de marzo de cada año como el “Día Mundial de los Derechos del Consumidor”. Posteriormente, el 9 de abril de 1985 fueron instituidos los denominados “ocho derechos fundamentales del consumidor”.
Pero la lucha por los derechos del consumidor viene desde mucho antes. En Nicaragua, por ejemplo, los movimientos sociales lucharon por la aprobación de leyes y medidas administrativas de protección a los consumidores, desde los años treinta del siglo pasado. Y desde el 15 de marzo de 1994 funciona la Liga de Defensa del Consumidor de Nicaragua (Lideconic).
A propósito de los derechos de los consumidores, recientemente ha habido masivas importaciones de huevos procedentes de Honduras que han provocado una controversia pública. En el sector gubernamental se ha argumentado que esas importaciones son para favorecer al consumidor, pues los huevos hondureños son menos caros que los nicaragüenses. Pero omiten el segundo más importante de los derechos del consumidor consignados por la ONU, cual es “el derecho a la protección contra productos y procesos peligrosos”. Esta situación no ha quedado clara en las importaciones masivas de huevos procedentes de Honduras, lo cual representa una grave amenaza a la población de Nicaragua por el peligro latente de algún brote de gripe aviar, que podría provenir de un producto de oscura procedencia.
La importación de huevos hondureños ha sido cuestionada por los organismos empresariales: Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), Asociación Nacional de Productores Avícolas (Anapa) y Asociación de Pequeños y Medianos Productores Avícolas de Nicaragua (Apemepan). Estos han argumentado, entre otras cosas, que debido a la sobreproducción de huevos en Honduras se ha enviado a Nicaragua, “a precio de guate mojado”, el producto de menor calidad, a fin de mantener alto el precio al consumidor del vecino país del norte y proteger así su industria avícola, pero perjudicando a la nicaragüense.
Otro argumento presentado por las organizaciones empresariales antes mencionadas es la falta de reciprocidad comercial. La industria avícola nicaragüense no puede exportar huevos a Honduras, pero el Gobierno de Nicaragua ha otorgado de manera discrecional los permisos de importación del producto hondureño. Además, la industria avícola nacional está siendo gravemente perjudicada por los altos costos de producción y operación, debido a los elevados precios de los insumos que se han incrementado en los últimos años.
Este problema tiene también connotación política partidaria e interés electorero, dado que los beneficiados con el negocio de la importación de huevos hondureños son intermediarios que pertenecen a una organización gremial proorteguista. De manera que por interés politiquero se politiza la comercialización de un producto de consumo masivo, como es el huevo, y se afecta a más de 10,000 empleos directos y 50,000 indirectos que genera la industria avícola nacional, la cual en 1990 surgió de las cenizas en las que la dejó el régimen sandinista, y produjo entonces apenas 5.2 millones de aves y 14.3 millones de docenas de huevos, finalizando el 2010 (20 años después), con una producción de 53.3 millones de aves (10 veces más que en 1990) y 34.7 millones de docenas de huevos ( 2.42 veces más).
En términos generales, al consumidor no le importa dónde se produce y de dónde viene el producto que se le oferta. Lo importante es que el precio sea más favorable y que se ajuste a la posibilidad de su bolsillo. Pero el consumidor también tiene interés y derecho de saber que el producto que adquiere es de buena calidad y no representa una amenaza para su salud.
Además, hay que considerar que la condición de consumidores que es propia de todas las personas, la determinan el empleo y el salario, ya que sin ingresos no hay consumo posible ni derechos que proteger. De manera que si el populismo y el mercantilismo gubernamental arrasan la industria avícola nacional que hasta ahora ha venido creciendo y generando empleos óptimamente, el culpable será el acaudalado gobernante populista de Nicaragua, quien posiblemente en su dieta cotidiana ha cambiado los huevos de ave por caviar.
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