Orlando J. Icaza Gallard

La verdad, la sanación o el martirio

Si existe algo en que los médicos se parecen a los periodistas es en que ambos son perseguidos, maltratados y hasta asesinados por ejercer su profesión.

Leyendo las noticias sobre Bahrein de cómo los médicos que estaban curando a opositores que protestaban contra el régimen derechista e islámico de esa nación eran encarcelados, perseguidos y asesinados, se me vinieron a la mente la cantidad de médicos y periodistas que han dado su vida en el ejercicio de su profesión por prestar sus servicios a la humanidad. Unos por mostrar la verdad y otros por sanar sin distingo de clase o preferencias políticas.

Recuerdo el acecho que teníamos los médicos en León de parte de la Guardia Nacional cuando llegaban al hospital San Vicente numerosas personas heridas en los años 77-79. El estrés que sentíamos cuando éramos llamados a asistir a alguien en sus casas cuando la Guardia merodeaba cuadra por cuadra. Si el que llegaba herido era oreja, se nos presionaba de parte de los sandinistas para que lo dejáramos morir y si este era sandinista, la Seguridad del Estado estaba encima de nosotros.

En la ciudad de Estelí fueron asesinados cruelmente varios de ellos. En Chinandega y León unos cuantos cayeron mientras se movilizaban durante el conflicto bélico de 1979 para ir a dar asistencia donde más se les necesitaba. El hospital donde estábamos durante la guerra del 79, era objetivo militar a como lo fueron los hospitales del norte de Vietnam por parte de la aviación norteamericana. Y los médicos que estábamos allí en ese San Vicente desvencijado, sabíamos eso. Jamás recuerdo de alguien que abandonara sus puestos a pesar del continuo bombardeo de la guardia somocista.

Eso no importaba. Simplemente éramos médicos. Conocí a muchos de ellos. Hombres y mujeres sencillos de gran educación que ofrendaron sus vidas sin pedir nada. Ni aun la tristeza del recuerdo. Igual ha pasado con cienes de periodistas en regímenes de derecha e izquierda en un paralelismo maquiavélico de los que creyendo tener la razón obligan a otros a actuar a como a ellos les conviene.

¿De donde han sacado los Castros en Cuba o los monarcas en Bahrein. O, de donde sacaron los Somozas, Trujillo, o Stalin la creencia de sentirse ellos los elegidos para decidir a quién matar y a quién no? ¿Para decidir qué se debe decir o qué no se debe decir? ¿A quién se debe curar o a quién no? Es, una repuesta que cae dentro de la filosofía de lo incomprensible.

Durante mis meses en el hospital Alejandro Dávila Bolaños, una de las cosas que más me impresionó y que me hizo ver a la revolución sandinista fracasada casi desde el primer día del triunfo revolucionario, fue cuando recibí un llamado de atención por estar atendiendo a militares somocistas heridos “gastando los recursos en enemigos de la humanidad”. Los enemigos de la humanidad eran guardias campesinos casi niños todos nicaragüenses que habían sido abandonados heridos al huir los médicos militares con temores bien infundados al derrumbarse el régimen dinástico de los Somozas. ¿Por qué esos médicos tenían que huir y abandonar a sus pacientes?

Cuando mostré mi respuesta contundente de que yo iba a atender a cualquier paciente con el mismo rigor científico y de que esos guardias eran todos seres humanos muy nicaragüenses, recibí la primera mala recomendación y sufrí mi primera decepción de lo que estaba pasando en el país. Y era a solo unos pocos días de lo que llamaban el Glorioso Triunfo Revolucionario.

No quiero hacer una larga lista de médicos y periodistas que han caído y siguen cayendo en su propio país o, todavía más nobles, en países lejanos, únicamente por practicar su profesión con la razón en sus labios y manos. Verdaderos mártires de la verdad a como también Jesús el gran sanador, lo fue.

Quiero solamente rendir un tributo a aquellos que como los doctores Orlando Ochoa, Eduardo Selva, Edgar Corrales, Alejandro Dávila Bolaños, Lucrecia Lindo, Mauricio Abdalá, Cleotilde Moreno (enfermera) P.J. Chamorro, Bill Stewart con su traductor Juan F. Espinoza, Carlos José Guadamuz y María José Bravo, para hacer mi lista muy breve, han sabido hacer honor a su profesión, han sabido apartar sus intereses personales para darse a otros, inmortalizándose en lo ilógico de la historia de la humanidad.

El autor es médico
Leesburg, Florida

COMENTARIOS

  1. J.M. Fajardo C.
    Hace 15 años

    Muy humano, profesional, ético, el punto de vista del Dr. Gallard. ¿Acaso los déspotas se creen dueños de la vida, de la libertad? y decidir ¿A quien sanar y a quien no? ¿Que informar y que no? Todos los seres humanos, enfermos, periodistas, etc., son seres humanos con sus derechos garantizados por los estados ¿Por qué entonces impedir la sanación de un ser humano o la divulgación de la verdad, independientemente su signo ideológico o de las afectaciones que tenga? Si todos los estado

  2. J.M. Fajardo C.
    Hace 15 años

    Muy humano, profesional, ético, el punto de vista del Dr. Icasa G. ¿Los déspotas se creen dueños de la vida, de la libertad, etc.? de decidir ¿A quien sanar y a quien no? ¿Que informar y que no? Todos los seres humanos, enfermos, periodistas, etc., son seres humanos con sus derechos garantizados por los estados ¿Por qué entonces impedir la sanación o la divulgación de la verdad, independientemente su signo ideológico o de las afectaciones que tenga? Si todos los estados promueven los

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