La familia del presidente de Nicaragua va acumulando riquezas de una manera que no es la usual y que se explica por el ejercicio del poder que genera adicción e influencias de dudosa transparencia, cuando no existe la integridad indispensable.
Un tercer canal de televisión, de señal abierta, se ha incorporado a la órbita de los Ortega Murillo que también tienen en su haber estaciones de radio, además de otros cuantiosos bienes.
A lo que principalmente quiero referirme en este artículo es a la obsesión de acaparar los medios de comunicación, con el fin de convertirles en instrumentos de una política clientelista y de esencia totalitaria, junto al persistente acoso para liquidar a la prensa libre, a la que consideran su enemiga, dentro de esa corriente que proviene de los dictadores vitalicios de Cuba y de su principal acólito, el histriónico Hugo Chávez que, a pesar de los colosales ingresos petroleros, está devastando a Venezuela y ejerce nociva influencia en otros países.
¿Cuál es la obstinación de este tipo de caudillos de lo que llaman socialismo del siglo XXI en contra de la prensa independiente y pluralista? Simplemente, que nadie pueda sacar a la luz pública y analizar las irregularidades, frecuentemente descarados robos a los fondos del Estado, que se perpetran en la administración pública, así como el afán, que se vuelve obsesivo, de no entregar el poder conforme el mandato democrático que establece un determinado plazo, para lo cual buscan todo tipo de argucias o maniobras que les posibilite llevar a cabo sus nada recomendables planes, con el aval de obsecuentes funcionarios. No es ninguna casualidad que previamente las diversas funciones del Estado hayan sido puestas en manos de personeros afines a esta clase de mandatarios que ya no recurren a la violencia armada para adueñarse del poder y perpetuarse en el mismo, cual es el caso de Cuba, sino de repugnantes y hasta cínicas artimañas incompatibles con los postulados de la democracia.
Cuando los periódicos y revistas, radiodifusoras y canales televisivos, están a la orden de los mandatarios, nada bueno puede esperarse para las naciones, sino la propaganda al estilo absolutista con la intención de lavar cerebros, el silencio de las tumbas o del miedo ciudadano ante brutales represiones. En este punto, la historia, que es la maestra de la vida, como se la conoce desde hace milenios, entre otras escalofriantes muestras nos remite a lo acontecido en la ex URSS y sus satélites, a la Alemania de Hitler y a la desventurada isla caribeña, bajo el yugo de Fidel y Raúl Castro.
Es preciso enfatizar que la madre de todas las libertades es la de expresión y la de prensa su principal aliada, en la causa del adelanto de la civilización que contempla postulados que elevan a la especie humana.
No es para aplaudir lo que está sucediendo en la tierra de Rubén Darío y en Venezuela, Bolivia, Ecuador y la Argentina, en lo que concierne a las arremetidas que sufre la prensa independiente y los periodistas que no están al servicio de esos regímenes y cuestionan lo que tienen que hacerlo, amparados en preceptos constitucionales y en su propia y personal dignidad y convicción.
El autor es periodista ecuatoriano.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A