Historia y vidas en paralelo

Cuando el doctor Adolfo Miranda Sáenz me dijo que iba a escribir sobre sus vivencias, me entusiasmó su idea. Cuando su libro había salido a la calle para que todos lo leyéramos: Polémico Testimonio, me sorprendería aun más de lo que esperaba por el paralelismo fascinante de las vidas que va desentrañando, desde la época de sus tatarabuelos, para narrar a la par otros eventos que marcaban la pauta de la vida de sus antepasados, hasta llegar a él.

No es un libro cronológico. Es un libro de nuestros días con una medición de eventos impactantes que se sucedieron a la vez en Nicaragua, México, los Estados Unidos, Europa o las repúblicas vecinas. Después de todo, la vida es un plano cartesiano que muchas veces para entenderlo hay que ponerlo en las coordenadas “x” que es el plano geográfico y el “y” que es el histórico. Ambos se cruzan para ponernos en el contexto real, sentimental o impreciso del diario vivir. La tercera dimensión yace en la magia que el escritor le imprime de gracia, precisión narrativa y sentido poético para convertir la obra en algo gustoso a los sentidos.

El doctor Miranda Sáenz toca temas jurídicos, políticos, internacionales, religiosos, históricos, deportivos, culturales, geográficos. Hay un desborde de erudición que nos hace entender la amplitud óptica y cultural del escritor. Todo lo escribe con sencillez narrativa. Es una especie de testamento histórico o un “aquí-les-dejo” con amor al pasado y reflexiones contemporáneas. Es también un “aquí-les-cuento” de dónde venimos y quiénes somos. Es vivencia simple, sin vanidades, sin grandezas ni perdón, sin arrepentimientos, ni un yo que todo lo banalice o lo magnifique.

La narración lo mantiene a uno con las pupilas impacientes por ver hasta dónde llega, cómo es el desenlace, quién más sale, a cuántos menciona. Se disfruta mucho su prosa y todas sus opiniones, que igual que su personalidad reflejan criterios comedidos, mesurados. No hay desborde alguno de prisa o incontinencia maledicente. Sus ojos son un prisma geométrico sin maldad, y aunque a veces peque de bandidillo, es solo confirmación de la variopinta percepción humana.

Me gustó mucho la descripción de la casa solariega de su bisabuelo. Me recordó el detallismo de Honoré de Balzac o de Maupassant: escritores minuciosos y omnívoros con la observación. Esa casa descrita ya la inmortalizó la literatura igual que todo lo que tenía escondido este escritor en su memoria: tanta fecha, tanta precisión perdida, tanta emoción guardada, tanto recuerdo casi borrado, como si la vida fuera fácil solo para verla, sentirla, leerla y después contarla.

La vida puede contarse para que sintamos la dicha de sabernos capaces de entrar al túnel del tiempo y repetir como una Sherezada, otras tramas, otras vivencias, siguiendo los deleites de la literatura. Adolfo hizo un intercambio de relatos con gusto, precisión, pasión, sensibilidad por todo lo que vio y cuenta como testimonio de que la vida es muchas vidas que se proyectan desde diferentes ángulos. Su visión y tacto son sutiles como sombras que salen a luz y deshacen sus siluetas otrora olvidadas para convertirlas en vidas bien vividas.

Recientemente publicó su nueva obra: una novela romántica, Del Ocaso al Amanecer. De compartir sus vivencias ahora nos invita a viajar con su imaginación. Sin duda una novela interesante cuya lectura también sorprenderá gratamente al lector.

 

El autor es ingeniero.

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