Por Julio Icaza Gallard
Joven amigo: agradezco las dudas y preguntas expresadas en tu mensaje. Los pilares del diálogo son la capacidad de preguntar y la disposición a escuchar y solo de este puede surgir, tanto el verdadero conocimiento como la sabiduría, su más alta expresión.
Me hablás de los problemas que hoy enfrenta la juventud. No se diferencian mucho de aquellos que padece el resto de la población. Tanto o más angustiosa es la situación de los adultos, tus padres, que deben enfrentar el alto costo de la vida, la falta de empleo o la amenaza de perderlo por el cierre de la empresa o por no obedecer las consignas del partido gobernante.
Si acaso los niveles de frustración y desilusión sean mayores entre los estudiantes, que han invertido cinco o seis años de su vida con gran entusiasmo y esfuerzo y, al final de la carrera, se topan con una sociedad que los condena a la desocupación, a trabajos muy por debajo de sus capacidades o a la terrible aventura de abandonar familia y amigos en busca de la sobrevivencia en un país lejano. La juventud es también más propensa a indignarse y actuar, pues no tiene mucho que arriesgar y sí mucho que perder o ganar en el futuro. La gran diferencia es que hoy los jóvenes son la mayoría y parecieran no tener conciencia del enorme poder que tienen en sus manos.
Te quejás de la política y de los políticos. Hay miles de razones para desconfiar de ellos, pero tantas o más para dar la batalla en su mismo terreno. Que la Asamblea Nacional se haya transformado en un prostíbulo y el resto de poderes del Estado esté en manos de mercenarios, no debe llevarnos al rechazo absoluto de la política. Ella ha sido considerada, a lo largo de la historia de la humanidad, como la actividad más alta a que un ser humano puede dedicarse. Que existan malas políticas y malos políticos no quiere decir que la política sea mala y todos los políticos una bola de canallas. Los hay valientes, consecuentes y honestos. Lo que necesitamos son más y mejores políticas y más y mejores políticos; soluciones efectivas y justas a los problemas del país; y que los tránsfugas, mercenarios, corruptos y pícaros no tengan cabida. Pero alguien tiene que sustituirlos.
Tenés toda la razón cuando decís que los políticos, con sus mentiras y sus pactos, una vez electos, se olvidan de la población que confió en ellos dándoles su voto. A los políticos hay que juzgarlos no tanto por sus promesas como por sus actos. Hay que vigilarlos, exigirles y, si es necesario, revocarlos; lo que solamente se puede hacer con una ciudadanía responsable y organizada.
¿Qué podemos hacer todos, jóvenes y adultos, frente a esta situación? Algunos optan por desentenderse de la política y dedicarse a lo suyo, que es ganarse el pan de cada día. Los políticos y la política, repiten, jactándose de inteligentes, no me dan de comer. Otros se escudan en la soledad de la impotencia, no puedo hacer nada para cambiar esta situación, expresan desconsolados, y dan la vuelta. ¿Es esa la solución, la respuesta correcta y apropiada? Es como si fuésemos volando en un avión que de pronto es asaltado por dos o tres secuestradores y, en vez de unirnos a aquellos pasajeros que tratan de hacer algo para enfrentarlos, nos dedicásemos a exigir a la azafata que nos sirva un trago, la comida y el café, pedir a todos que se calmen y no griten tanto, para dormir tranquilamente y soñar con la llegada al lugar de destino, donde espera feliz la familia. Muchos jóvenes y adultos, desencantados de la política y de los políticos, adoptan la posición del pasajero egoísta e irresponsable. Si tal actitud prevalece, las probabilidades de que el avión jamás llegue a su destino serán muy altas; con mucha seguridad los terroristas harán explotar la nave, con todos dentro, incluyendo al dormilón desentendido y egoísta.
Me decís, por último, que no hay por quién votar, que todas las opciones son igual de malas, que de todas formas Daniel Ortega se robará las elecciones y por eso te quedarás en casa. No votar es como facilitarle al ladrón que entre en tu casa, dejando abiertas las puertas y haciéndote el dormido. Por otra parte, en política ni todas las cosas son blancas o negras, ni todas son iguales. Es el mundo de lo gris, de los matices y complejidades. Tendrás que ahondar en tu conciencia y determinar qué es lo mejor, no para vos, sino para tu Patria. Identificar a los corruptos, a quienes quieren comprar tu voto a cambio de unas migajas de pan y diversión; a quienes buscan atrapar a los incautos, sumidos en un mar de dudas generadas a propósito. Determinar cuál de esas opciones representa mejor la defensa de la libertad, la democracia, la ley, la honestidad y la justicia y, en consecuencia, movilizarte y apoyarla.
Antonio Machado, el poeta español, decía a sus alumnos: “Los estudiantes deben hacer política, si no, la política se hará contra ellos”. Los griegos, que eran sabios, llamaban idiotez a quien no ejercía la política, de donde deriva nuestra palabra idiota. Ambas cosas son aplicables a todos los ciudadanos, sobre todo a quienes piensan no votar en las próximas elecciones y quedarse durmiendo tranquilamente en sus casas. Un abrazo.
El autor es jurista y catedrático universitario
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