Durante este mes la frase que más escucharemos y leeremos tendrá que ver con la palabra lealtad, esto se debe a que el próximo 31 de mayo es el último día para realizar cambios y sustituciones de candidatos a diputados. Los líderes y aquellos que tienen que ver con las nominaciones o escogencia de candidatos, tienen ante sí la difícil tarea de escoger a los más leales entre los leales, y los suspirantes a diputados tendrán que esforzarse al máximo en exhibir sus lealtades, esto para con suerte ser tomados en cuenta en esa bendita lista en que todo político aspira a ver escrito su nombre. La pregunta del millón es: ¿las lealtades exhibidas hasta la fecha por algunos políticos le han servido de algo a Nicaragua o al sujeto objeto de la lealtad?
El diccionario de la Real Academia de la Lengua nos dice: lealtad es el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor, y ser leal es guardar fidelidad. Para mí existen dos clases de lealtad, pero dejemos para el final de este artículo la explicación de ambas y analicemos algunas lealtades políticas dignas de mencionarse. Se me ocurre que el presidente del PLC es un leal entre los leales, ocho años cuidándole el partido al líder sin jamás haberle dicho no, a algo que al líder se le haya ocurrido o mandatado es digno de una medalla. Otro que le pisa los talones es el primer vicepresidente, no olvidemos que hasta su vida ofreció a cambio de la de su mentor. Y qué decir de la lealtad de don Walter Porras a Ortega y la de Byron en su momento a don Arnoldo. Hay otras lealtades que en su momento también parecieron sólidas pero se volvieron llamarada de tuza, me refiero a la de un personaje de la Ciudad de las Flores y a la de una chinita díscola, ambos también juraron lealtad en su momento, podríamos mencionar otros ejemplos pero la lista se nos haría demasiado larga.
Resumiendo: la lealtad al líder o los leales al líder definen la personalidad del mismo. Un líder con debilidad por lealtades perrunas pueden apostar que es un líder ambicioso y totalitario. Personalmente considero que la lealtad es un concepto muy especial, y que existen dos tipos: los leales pasivos y los leales activos por llamarlos de alguna forma, el leal pasivo es una persona que casi nunca está en desacuerdo con su líder y si lo está jamás lo manifiesta, con el tiempo crea una dependencia que siempre le favorece y se mantiene leal hasta que el líder entra en crisis. La lealtad activa o racional, es aquella que se desarrolla después de reconocer el liderazgo, entrega, disposición al sacrificio y otras virtudes propias de los hombres considerados grandes por la sociedad, esto cuando la lealtad es a una persona. Cuando la lealtad es a un principio, si este es noble como el luchar por una patria libre y democrática, ahí encontrarán a muchos que ya hemos demostrado nuestro incondicional compromiso, en este caso con la causa de la democracia. En pocas palabras, la lista de diputados que los partidos nos ofertarán en este mes de mayo, nos permitirá hacerle una radiografía al tipo de oposición que se le está planteando al Gobierno, y pueden estar seguros que de la calidad de los propuestos dependerá el grado de compromiso que como pueblo adquiramos con el actual proceso electoral.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense.
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