Matar y morir con la espada

La muerte del líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama Bin Laden, en la misma forma violenta como fue gran parte de su vida, confirma una vez más el antiguo e infalible precepto de que, “el que a hierro mata, a hierro muere”, que se deriva del pasaje bíblico en el cual Jesús sentencia que: “quien usa la espada, perecerá también por la espada”. O, como ha escrito el periodista español Manuel Martín Ferrand en el diario ABC de Madrid, con Osama Bin Laden “se cumplió el anuncio del Corán (IV.77): ‘En cualquier lugar que os halléis, la muerte irá a sorprenderos’”.

Muy pocas veces la muerte de alguien ha sido motivo de tanta satisfacción en tantos países del mundo. Y no sólo es comprensible sino también justificada, la inmensa alegría que embargó a millares de personas que salieron a las calles de Nueva York y Washington, el domingo pasado por la noche, para festejar la noticia dada a conocer por el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de que el súper terrorista musulmán Bin Laden había sido ajusticiado por un comando militar norteamericano de élite, en su refugio fortificado situado en una ciudad de Pakistán.

En realidad, solo los extremistas que están dominados por un odio irracional a Estados Unidos y Europa, y más que todo a los valores y principios fundamentales de la libertad, la democracia, la justicia y los derechos humanos que son propios de Occidente, lamentan la muerte de Osama Bin Laden a quien consideraban como un Che Guevara musulmán del siglo XXI. Pero el mundo entero, todas las naciones que de una u otra manera, directa o indirectamente han sufrido por los atentados terroristas de Al Qaeda y sus nefastas consecuencias, más bien celebran la muerte de Osama Bin Laden como una derrota contundente, aunque aún no definitiva, del terrorismo fundamentalista internacional.

Sin duda que haber capturado vivo a Osama Bin Laden para juzgarlo y condenarlo de conformidad con las leyes estadounidenses e internacionales, hubiera significado para el gobierno de Estados Unidos exponerse a una gran presión mediática y a cualquier clase de chantajes de los terroristas y sus aliados políticos, abiertos o embozados.

No obstante, fue evidente que había la intención de atraparlo con vida, pues de otra manera no se hubieran arriesgado a realizar la espectacular operación de comando contra el escondrijo del líder supremo de Al Qaeda, sino que simplemente lo hubieran bombardeado y demolido hasta en sus cimientos.

Osama Bin Laden, ya en un mensaje que difundió en 2006 había jurado que jamás se entregaría con vida y que solo muerto lo podrían atrapar. Además, de un fanático fundamentalista como él no se podía esperar que se comportara como el célebre jefe guerrillero sandinista de Nicaragua, quien al ser capturado en una calle de Managua por agentes de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN) de la dictadura somocista, pidió a gritos a sus captores que no lo mataran, porque vivo les podría ser más útil que muerto. Una actitud como esa era impensable que la adoptara alguien como Osama Bin Laden, un ultrarreligioso y extremista político cuya mentalidad estaba anclada en la Edad Media y su objetivo proclamado era el de imponer por medio del terror, un califato islámico mundial. De manera que solo matando a Osama Bin Laden era posible poner fin a sus maquinaciones y andanzas criminales que tanto dolor, sangre y muerte le causaron a la humanidad.

Pero si bien es cierto que la muerte de Bin Laden es una histórica derrota del terrorismo internacional, de ninguna manera significa que este mal haya terminado. Aunque es prácticamente imposible que Al Qaeda encuentre un nuevo líder como Osama Bin Laden, cualquiera se hará cargo de su conducción y continuará planeando y realizando atentados terroristas, durante algún tiempo cuya duración es imposible predecir.

Sin embargo, como han dicho los líderes mundiales la muerte de Osama Bin Laden es una gran derrota de esa terrible amenaza contra la humanidad que es el terrorismo fundamentalista. Además, dado el nuevo contexto político que se ha creado en los países árabes, donde la mayoría de la gente está optando por la libertad y la democracia, no por el fundamentalismo y el terrorismo, se puede confiar en que Al Qaeda y los seguidores de Bin Laden habrán de ser inevitable y definitivamente derrotados.

COMENTARIOS

  1. Orlando
    Hace 15 años

    A que jefe guerrillero sandinista se refiere? …

  2. LOS HEROES QUE NO SE RINDEN NI SE VENDEN
    Hace 15 años

    Eso de que «vivo les podría ser más útil que muerto» suena más bien como una propuesta de venta o de alquiler: Si me compran, les voy a servir como Uds. quieran, o lo que es lo mismo: me podrán usar como les de la gana. O como diría una prostituta: te voy a hacer lo que vos querrás.

  3. Jose Castillo
    Hace 15 años

    Y a quien mas pues? Al enano cabezon que dejo que mataran a la Mildred Abaunza, con tal de que no lo capturaran en la Centro America.

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