MATAMOROS, MÉXICO/AFP
Diez cadáveres más llegaron ayer a la morgue de Matamoros (noreste de México), con lo que suman 126 los cuerpos encontrados en día recientes en fosas clandestinas en San Fernando, Tamaulipas, algunos de ellos tenían más de un año enterrados, expresó Pedro Efraín González, titular del área de Averiguaciones Previas de la fiscalía en Matamoros.
El gobierno mexicano atribuyó el martes al cartel de Los Zetas los crímenes, que fueron descubiertos desde el 1 de abril tras una denuncia del secuestro de autobuses en una carretera cercana a San Fernando, donde en agosto pasado fueron asesinados 72 emigrantes centro y sudamericanos.
Otra fuente de la fiscalía local manifestó que la cifra de cadáveres podría seguir aumentando. “No se sorprendan, podemos llegar (a encontrar) arriba de 180 cuerpos, las investigaciones aun continúan y es posible que se sigan realizando hallazgos”, comentó esa fuente que reclamó el anonimato.
El mismo funcionario dijo que las fosas corresponden a víctimas de distintos hechos de violencia y no a un solo caso. “Hay cuerpos que han estado enterrados por más de un año”, añadió.
La cantidad de cadáveres sobrepasó la capacidad de la morgue de Matamoros y 76 de ellos serán enviados en un camión refrigerado a la capital mexicana.
Mientras tanto, decenas de personas aguardaban ayer frente a la morgue de la fronteriza Matamoros para saber si sus familiares desaparecidos están entre los cadáveres rescatados.
“Yo realmente ya no sé qué estoy buscando, ni a quién acudir, sólo vine hasta acá con la esperanza de encontrar el cuerpo de mi esposo que salió hace más un año de Guanajuato (centro) y no he sabido nada de él”, expresó Juani Manríquez, de 40 años, en la puerta de la morgue.
Desde entonces, la mujer espera la llamada telefónica que su marido prometió hacerle al llegar a la frontera norte, con tres amigos más, con quienes pretendía cruzar el río Bravo, línea divisoria entre Matamoros y la estadounidense Brownsville, para viajar a Miami y trabajar como migrantes indocumentados.
Pero las dificultades para identificar los cuerpos son muchas: desde falta de espacio en el anfiteatro para almacenar los cadáveres y realizarles los exámenes de ADN, hasta personal insuficientemente preparado para realizar los trabajos.
Juani Manríquez es una de las 136 personas de diferentes partes del país que se han acercado al módulo de información instalado en Matamoros, de 500.000 habitantes, para iniciar los trámites que les permitan saber si su familiares están entre los cadáveres, según la fiscalía de Tamaulipas.
Los familiares que llegaron los últimos días a Matamoros han acampado frente a la morgue, en cuya fachada lucen cartulinas pegadas con fotos y los nombres de desaparecidos en espera de alguna noticia.
Al menos 57 personas de Guanajuato, uno de los estados mexicanos con mayor expulsión de migrantes, denunciaron en los últimos días ante la fiscalía de ese distrito la desaparición de sus familiares, informó ayer la prensa mexicana.
A ellos se les agrega los ciudadanos de al menos seis distritos que han expresado su intención de viajar a Matamoros para ver si sus familiares desaparecidos están entre los cadáveres que desde el 1 de abril fueron extraídos de fosas clandestinas en el municipio de San Fernando, vecino de Matamoros.
El estado de Tamaulipas, donde se ubican Matamoros y San Fernando, es un distrito estratégico en la frontera entre México y Estados Unidos por ser el punto fronterizo menos lejano (1.000 km) de la capital mexicana.
Desde 2010, más de 1.600 personas murieron en Tamaulipas por la guerra entre el cártel del Golfo y sus antiguos aliados los ‘Zetas’, una organización de exmilitares desertores que hasta entonces había sido su brazo armado, por el control de la plaza.
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