Myrna Dávila Castellón

Educando para la vida

Desde que era una niña me pregunté por qué en los colegios se estudiaban algunas materias para mí innecesarias. Actualmente pienso igual, ya que si bien es cierto que tales materias son básicas para la formación intelectual y cultural del individuo, no lo son en su mayoría para el diario vivir. Yo fui profesora y qué sacrificios se realizan por la educación; cuánto tiempo invertido en planes de clases diariamente elaborados por el maestro para impartir una sola lección, quizá de un tema nada indispensable. ¿Por qué en vez de atiborrar al alumno con asuntos quizá de poca utilidad práctica para él, no se le enseña a resolver los problemas que tiene la existencia humana? Pues cuando el joven deja los estudios, siempre lo estará esperando otra escuela para la cual nunca fue preparado: la vida, en donde sí se encontrará con auténticos dilemas que no fueron ni remotamente mencionados en las aulas educativas.

¿No sería mucho mejor alertar a los adolescentes sobre los cambios que ocurrirán cuando dejen el colegio y los conflictos que quizá tendrán con sus progenitores y cómo los resolverán? ¿Qué actitud deberá tomar la joven ante un enamorado abusivo que no solo la manoseará, sino que le propondrá relaciones indecorosas?, ¿cómo prevenirla para que no se case con un borracho o mujeriego y de qué manera deberá defenderse ante el primer golpe que le propinará un marido machista de los que todavía abundan?

¿Cómo cambiaría nuestro mundo si a los jóvenes varones se les inculcaran los valores humanos, a respetar a la mujer, a salvar el matrimonio tambaleante y cuántos sufrimientos le evitarían más tarde a sus propios niños si se les enseña de antemano a amarlos y respetarlos? ¿Qué de lágrimas se evitaría a la juventud si se les instara a frenar los instintos carnales antes del matrimonio? Indudablemente no se acrecentaría todo un mundo de niños vagabundos sin padres que transitan por las calles. Y si desde la niñez se sembraran en el individuo buenos sentimientos, a perdonar una ofensa, una mala mirada, a amar a los demás por amor al mismo Dios, exhortándolos también a no crear problemas a otros ni engañarlos, respetar los derechos ajenos, no poniendo la música estridente ni echar basura al vecino, saber perder y saber ganar, sin hacer fraudes ni trampas, etc., ¡qué de pleitos y venganzas se evitarían!

¿Por qué no prevenir al alumno también ante las dificultades que tendrán en la universidad, donde se contactarán con profesores ateos que pretenderán arrebatarles el precioso tesoro de su fe religiosa y esto de ninguna manera es obsoleto. Y al trabajar en una empresa, las penas que sufrirán por un compañero envidioso o un jefe irascible y cómo ganar a estos mediante una actitud cristiana y servicial.

Me contó un joven que cuando salió del colegio se encontraba en estado puro y que ignoraba que en el mundo existía la maldad, hasta que la conoció en su primer trabajo donde se encontró con personas injustas de mal corazón que le hicieron la vida imposible. “Si alguien me hubiera prevenido sobre esto, me hubiera ahorrado mil sorpresas y amarguras”.

Se dice que “nadie nace aprendido”, pero enseñando en los centros educativos el arte del saber vivir el alumno estará preparado hasta para ser padre y madre de familia dentro de un matrimonio debidamente constituido.

Urge impartir estos temas, aunque fuera media hora tres veces por semana, suprimiendo materias sin vital importancia o buscando espacio para enseñar estos valores y principios; tratar esos aspectos del diario vivir es imprescindible, pues no bastan los consejos aislados que un profesor pueda dar en cualquier momento. Podrían elaborarse conjuntamente con los padres de familia programas educativos de relaciones humanas, de ética, moral y cívica a modo de texto, que abarquen las sucesivas etapas de la vida, impartiendo estas clases en forma amena y atractiva, con dramatizaciones y ensayos de cada tema.

Y no digamos que esta educación corresponde solo a la Iglesia, pues concierne en primer lugar a los padres de familia, secundados por los centros escolares, como funcionaba en el pasado.

Si todo esto se llevara a cabo, estaríamos educando para vivir con mayor sabiduría y formando al mismo tiempo caracteres fuertes para afrontar con responsabilidad la vida misma con miras a obtener una mejor sociedad, sentando así los cimientos para que cada uno pueda sobrellevar las vicisitudes de cada día.

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COMENTARIOS

  1. Politica de Ortega y Aleman = Antivalores
    Hace 15 años

    Beli y «El Decalogo del Desarrollo» dejaba en el MED una politica para que las proximas generaciones tuvieran simientos practicos para la vida. Como seria una sociedad donde ser respetara: La Limpieza, La Puntualidad, La Honradez, El Deseo de Superaion, El Respeto a la Ley y Regulaciones, El Respeto a los Derechos de los Demas, El Amor al Trabajo, El Afan por el Ahorro y La Invesion. Lastima que el Presidente trasmite solo LO OPUESTO! Los antivalores son su decalogo para desarrollar su vision.

  2. JUAN ARANA
    Hace 15 años

    Muy buen articulo!

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