“Se deben formar movimientos empresariales, cívicos y sociales para presionar por la calidad educativa”. Andrés Oppenheimer
La reciente visita del aclamado periodista y escritor argentino Andrés Oppenheimer reafirmó nuestra teoría y desalentadora posición— en materia de educación. La visión de Oppenheimer trasciende de la inversión a la calidad, cuestionando las creencias y estableciendo prioridades. Las creencias arcaicas que tenemos instaladas en nuestra mente están dispuestas a perpetuarse en la vida de los latinoamericanos. Esas creencias dictan que no somos merecedores del éxito ni del progreso ni del desarrollo, por haber nacido en condiciones de marcadas limitaciones y abusos —guerras, injerencismos, dictaduras, violencia, desastres naturales, inseguridad—.
La mente humana es creativa cuando persigue un objetivo, cuando tiene muy bien definido el “qué” entonces el “cómo” fluye casi por inercia. El clavo aquí es cuando el objetivo no es productivo y de lejos saludable. El mensaje que tiene instalada nuestra mente es diametralmente lo opuesto a estar bien: “Estamos mal”, “ somos pobres”, “hemos sido explotados”. A esas palabras le damos una imagen y a esa imagen le transferimos una emoción y ¡voila! la fotografía de un país desinteresado en la educación y otros menesteres. Nos hemos acomodado a la tiranía de quienes nos gobiernan y hemos sido complacientes con las innumerables injusticias que se denuncian, somos indolentes con el sufrimiento de nuestros pares y pregonamos la cultura del “¡sálvese quien pueda!”; y con esta visión prácticamente hemos aniquilado lo poquito de humanidad que nos quedaba.
Vivimos reciclando rencores y desventuras pasadas. Se practica la filosofía del anclaje con el pasado, patinando una y otra vez en lo que “aquellos” tiranos del siglo pasado nos hicieron montados en unas tales la Pinta, la Niña y la Santa María. Mientras se siga invirtiendo demasiadas energías en exhumar cadáveres literalmente hablando y si no pregúntenle al libertador Bolívar— y restaurando modelos de gobierno que ya en el pasado demostraron ser un total fracaso difícilmente podremos salir de nuestra postración económica.
Oppenheimer lo dijo de forma eficaz y escueta: apostemos por la educación. Y plenamente conscientes de la situación y de las innumerables carencias es preciso y urgente emprender acciones concretas: proponer soluciones. Aquí se trata de asumir lo que otros no pueden, o no quieren hacer. Estamos los que tenemos la expertise y el know how (Eduquemos y homólogos), están los que tienen el capital y los recursos (empresarios y cooperación internacional) y los que tienen el poder mediático para diseminación de buenas prácticas (los medios de comunicación tradicionales y nuevas tecnologías).
El slogan de esta nueva forma de hacer políticas es despojarnos del pasado y apostar hacia el futuro. ¿Planificación estratégica?, en pocas palabras: educación, educación y más educación. Ampliar las horas de clases de nuestros niños, ser creativos e innovadores en los salones de clases, aprender aplicando y no recitando. Una nueva tecnología de aprendizaje-enseñanza en las escuelas.
La educación debe estar posicionada como una prioridad en la estrategia de desarrollo del país. Cuando todos los sectores sociales —empresarios y medios de comunicación por mencionar algunos de los más influyentes— empiecen a demandar por una educación de calidad, a ejercer presión, el sistema reaccionará y actuará. Y quizás en unos veinte años lograremos protagonizar un caso ilustrativo de éxito en otro best seller de nuestro apreciado y muy distinguido amigo Andrés Oppenheimer. [email protected]
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