Cuando los conquistadores como Hernán Cortés y Gil González Dávila tocaron suelo americano lo primero que hicieron fue reclamar posesión para la corona española de los nuevos territorios, clavando en su suelo la bandera de la monarquía, con ello diciendo a los cuatro vientos: esto tiene dueño.
Algo parecido ocurre actualmente en Nicaragua, donde un partido que llegó al poder con un escaso 38 por ciento reclama como suyos todos los edificios públicos del país, instalando su bandera partidaria al lado de la bandera nacional, así como en los medios de transporte público o municipales y cualquier obra de progreso que inaugure, ya sea pagada por los impuestos de todos los nicaragüenses, o por la cooperación internacional.
En la mayoría de los casos, la “marca” partidaria va mas allá de la bandera. En un afán de congraciarse con sus superiores, los directores, gerentes de entes autónomos o ministros, han dado a pintar los edificios públicos de color “chicha”, es decir, el color de campaña preferido por la pareja gobernante, como quien dice: para que no quepa la menor duda de que esto tiene “dueño”.
Esa obsesión enfermiza y contagiosa de plantar las banderas partidarias del FSLN en todo edificio público, en todo acto público, en todo transporte público y, mas aún, en todo aquello que esté a la vista del público, da la impresión de que Nicaragua estuviera dividida en dos países y que ambas banderas, la partidaria y la nacional, merecen un reconocimiento similar y están al mismo nivel.
Conste que esta tendencia se ha experimentado en otros países de regímenes totalitarios en que las dictaduras tienden a confundir lo nacional con lo partidario. Y del simbolismo se pasa a los hechos, cuando de las arcas públicas y con el tiempo de los trabajadores del Estado y del municipio se promueven los actos partidarios.
Esta imagen es ofensiva para los nicaragüenses, que con nuestros impuestos mantenemos los edificios públicos que hoy se visten de pies a cabeza, ya no solo con la bandera partidaria y el “uniforme” color chicha, sino que sus paredes están empapeladas de propaganda reeleccionista del “gran hermano”.
En adición, también resulta chocante para el turista internacional que desde que llega a Nicaragua y en la frontera, inexplicablemente, se encuentra con dos banderas. Un tour operador que trae turistas europeos me decía que los turistas cuando llegaban a Nicaragua se quedaban perplejos y le preguntaban el significado de las dos banderas, en donde una bandera es la Bandera nacional y la otra parece ser la bandera de los conquistadores, que como los españoles en tiempos de la colonia reclaman lo nacional como propio.
Los gobernantes actuales han sido electos, por un período determinado, que se vence precisamente el 10 de enero próximo, para administrar la cosa pública, por eso cuando se lleva a cabo uno obra se pone una placa que dice “Administración tal”. Hay una gran diferencia entre administrar la cosa pública y reclamarla como propia con una bandera, con un color, con afiches de propaganda electoral que son prohibidos dentro de los recintos públicos.
Este es un tema recurrente en nuestra historia, por eso concluyo como concluí un artículo sobre este mismo tema publicado en LA PRENSA el 14 de diciembre de 1979: “lo nacional es nacional, lo nacional no admite posesión, ya sea privada o partidaria, lo nacional es de todos los nicaragüenses sin distingo de colores políticos”.
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