Mario Alfaro Alvarado

Cosep: ¿chivo expiatorio creado por Ortega?

Considero o una complacencia de Daniel Ortega hacia los empresarios, el salario mínimo que despertó acres e irritados comentarios de los partidos políticos de la oposición “formal”. Los sindicatos oficialistas han tenido mesura al comentar el obsequio. ¿Fue un triunfo de los empresarios, como opinan algunos? ¿O un entendimiento entre Ortega y los empresarios, como opinan otros? ¿Quién puede manejar el salario mínimo a su antojo y conveniencia? Primero debemos saber qué es y cómo funciona el salario mínimo en una sociedad.

El afamado economista mexicano Luis Pazos afirma categóricamente que los gobiernos crean las condiciones sociales para que exista el mayor número de alternativas para quien busca trabajo.

En Nicaragua sucede todo lo contrario, son todos los gobiernos malos que ha tenido y sigue teniendo este país, los que eliminan las posibilidades de encontrar un trabajo. De manera que cada año crece la legión de desocupados en busca de un empleo para mantenerse y mantener a su familia.

De manera que no son el aumento de los precios internacionales ni el aumento de las exportaciones las que pueden determinar y sostener una tasa salarial en constante aumento con relación al costo de la vida.

El salario mínimo, como está concebido por los gobiernos de este país, es y seguirá siendo fuente de descontento y reclamo por parte de los asalariados. Aun en una sociedad tan dejada de la mano de Dios, como la nuestra, los empresarios hacen lo que pueden para incrementar sus negocios; para eso tienen que ahorrar para invertir. La inversión se hace por una doble vía: inversión en equipos y entrenamiento del personal. Un trabajador con el equipo moderno no avanzaría mucho si no ha tenido el necesario entrenamiento. El resultado de esos dos factores es la productividad.

La productividad no es magia, es la necesaria combinación de medios y recursos para producir más o menores costos para satisfacer una creciente demanda. La obligación de los empresarios es producir riqueza.

La riqueza que no llena las necesidades de la sociedad no es riqueza, es cualquier otra cosa.

Insiste el doctor Pazos: los gobernantes deben crear las condiciones sociales para que exista el mayor número de alternativas para quien busca un trabajo. Y que los empleos sean lo mejor retribuidos posible basados en un entorno social propicio a la inversión y al incremento de la productividad, requisito indispensable para mayores salarios reales.

Una sociedad no puede desarrollarse con sectores aislados. Se desarrolla integrado o no hay desarrollo. Cuando se habla de empresarios no se debe escindir la clase productora en grandes y pequeños empresarios.

Muchos economistas y filósofos trabajaron con interés para concluir que producir para satisfacer las necesidades de una sociedad no está escindida entre vendedores y compradores; como no está escindida entre inversionistas y asalariados. Todos en una sociedad son productores y consumidores y todos se satisfacen si hay libertad y facilidades para obtener financiamiento, producir y distribuir lo producido.

En la medida que exista mayor libertad y facilidad para vender y comprar un bien o servicio, habrá mayor intercambio de ese bien o servicio y más habitantes de esa sociedad quedarán satisfechos. Lo mismo sucede con el trabajo y los salarios.

A la inversa, en la medida que una legislación complique, encarezca y dificulte la contratación de trabajadores, habrá menos personas dispuestas a crear empleos.

Qué pasará entonces con el capitalismo nacional, a quien el Gobierno ha comprometido en una relación caprichosa como alquimistas del salario mínimo, lo cual lo convertirá en chivo expiatorio de las políticas económicas equivocadas del Gobierno; puesto que en los momentos de crisis económicas soltará sus jaurías domesticadas contra los culpables, que realmente no ha de ser el propio Gobierno.

 

El autor es periodista.

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