Debo reconocer con objetividad que el pasado 27 de febrero, cuando el candidato de la Unidad Nicaragüense por la Esperanza, Fabio Gadea Mantilla, fue proclamado oficialmente como candidato de la Alianza PLI por la gran convención extraordinaria de este partido en el restaurante El Quetzal, pronunció un extraordinario discurso, que debe ser releído y analizado a fondo, del que voy a destacar solamente una pequeña parte.
Yo diría que Fabio despuntó con el primer discurso serio de esta campaña electoral.
El candidato relató un anécdota, cuando un amigo le dijo que a él no lo tenía que convencer, porque lo conocía desde hacía mucho tiempo, “pero decime —le dijo su amigo— tres razones, solamente tres, con las cuales yo pueda ir y decirle a mis vecinos, especialmente a los jóvenes, por qué votar por vos y no por otros candidatos”.
Fabio no le dio tres, sino cinco:
Primero, dijo, los otros representan el pasado y el continuismo. Yo represento el cambio. Y los jóvenes en todas partes del mundo votan por el cambio, por la esperanza y nosotros, en la Unidad Nicaragüense por la Esperanza, somos eso, ¡el cambio!
Segundo, continuó Fabio, los otros quieren que siga habiendo pobreza para seguir hablando en nombre de los pobres, y yo quiero que dejen de haber pobres.
Tercero, yo no he ayudado a que Daniel Ortega vuelva al gobierno, ni he ayudado a que se consolide en el poder.
Cuarto, a mi edad no busco el gobierno para perpetuarme en el poder. Busco el gobierno y vamos a ganar las elecciones para cambiar al país.
Quinto, ¡yo voy a gobernar sin bolsillos en los pantalones! Eso les ofrezco yo: ¡honestidad a mano llena!
Las razones de Fabio son lo suficientemente profundas y encierran tantas verdades que son convincentes e irrebatibles. Aun así me atrevería a formular una más por la que creo que el pueblo nicaragüense votará por él: simplemente porque representa la mejor opción para enfrentar a Ortega. Las otras opciones no tienen ni la credibilidad ni la verdad en su predicado para lograrlo.
A lo largo de la reciente historia electoral de Nicaragua, desde aquel histórico 25 de febrero de 1990, la mayoría del electorado ha demostrado que al final del camino apuesta al mejor candidato que pueda llevar adelante a Nicaragua hacia la paz, el progreso, la democracia y la libertad. El 2006 fue la excepción de esta regla, porque el voto democrático se dividió en 3 tantos que juntos representan el 62 por ciento del electorado.
Los votantes no se dejan engañar por casillas ni encendidos discursos opositores de campaña, sino que tienen un norte común: quién puede hacer que las cosas mejoren, quién puede profundizar la democracia, quién puede evitar que se entronice la dictadura.
Para esta lógica elemental de la mayoría del electorado, que históricamente ha representado entre el 55 por ciento y el 62 por ciento de la población en el 2011, no cuentan los disfraces retóricos, que se usan solo para atraer votos en el momento de las elecciones, porque después todos hemos visto cómo se caen por completo.
Fabio con su edad no tiene ninguna aspiración continuista, en contraste con otros candidatos. Sino que quiere servir para dejar una mejor Nicaragua a sus nietos y está consciente de que la mejor manera de hacerlo es siendo el mismo, sencillo, directo, pero con argumentos contundentes que van a contar en esta lógica elemental del pueblo a la hora de depositar su voto.
La inmensa mayoría del electorado, sin importar su nivel económico ni condición social, no se engaña: para el votante no existe la “casilla mágica”, el votante elige al candidato en la casilla que sea, pero que tenga los suficientes méritos y argumentos para merecer su voto, y Fabio ciertamente los tiene.
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