Por Milton Reyes
Con cada nueva candidatura de la oposición, que surge en el panorama electoral, se ve desaparecer más la posibilidad de ganarle la presidencia al Frente Sandinista.
El caso de Enrique Quiñónez postulándose para presidente por ALN, es casi una obra de arte de maquiavelismo político que favorece directamente a Daniel Ortega y le da oxígeno innecesario al otro protagonista del pacto. Viniendo de Enrique, que es una persona sumamente inteligente y directa, es algo que no se le encuentra una respuesta lógica, para mí es decepcionante y desconcertante.
Hasta el momento, solo Eduardo Montealegre ha dado ejemplo de buen juicio político y patriotismo, al deponer su candidatura por la fórmula compuesta por Fabio Gadea y Edmundo Jarquín, con el objeto de bajar la tensión en el liberalismo y lograr llegar al grueso del electorado, compuesto por independientes y desilusionados tantos del PLC como del mismo Frente Sandinista.
El pueblo demócrata esperaba con lógica justificada que Enrique apoyara la fórmula de la UNE, para forzar más al doctor Arnoldo Alemán a deponer su absurda candidatura y a crear una masiva unidad opositora, ya que Alemán dejó de ser percibido como oposición, debido a su flirteo con el ejecutivo, y al ser expuesta, su agenda oculta de complicidad con el poder, por miembros de su mismo partido, como lo hizo ver José Marenco Cardenal, en sus polémicas declaraciones ampliamente difundidas en varios medios de comunicación.
En realidad ante tanto desacierto, falta de juicio, antipatriotismo y ambiciones personales, nos aterra entender que se precisa de un milagro, para hacer entrar en juicio a estos líderes de la oposición, que repiten unidad hasta la saciedad, pero que hacen todo para seguir dividiéndonos.
La candidatura de Quiñónez es muy buena, en un muy mal momento, pues todo lo que abone a la desunión del sector demócrata es funesto en los planes para derrotar al frente en sus aspiraciones por seguir mal gobernando el país.
Derrotar al Frente es como dejar de fumar, simple pero difícil, hay que unirnos alrededor de la fórmula de la UNE y votar masivamente en la casilla 13 por Fabio Gadea como presidente y Edmundo Jarquín para vicepresidente, y no darle oportunidad al Frente para que implemente otro fraude electoral, por eso debe de ser la votación masiva a favor de la UNE, que conforma una ecuación balanceada de honradez y capacidad.
Alguien dijo que no solo se vive de esperanzas, pero que sin esperanzas la vida no vale la pena vivirla. Y tiene razón, y en estos momentos nuestra esperanza se llama UNE.
* El autor es administrador de empresas.
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