Roberto Courtney director ejecutivo de Ética y transparencia Fotos de LA PRENSA/Miguel Lorío

“Soy un patriota»

Camina presuroso, aunque la oficina donde será entrevistado está a pocos pasos. Anda en ropa de campaña, al parecer su segunda piel, pues es con la que por lo general se le ve a diario en el trabajo o brindando conferencias. Una camiseta blanca con el logotipo de Ética y Transparencia, un croquis del mapa de Nicaragua con una boleta de votación, bordado al lado izquierdo de la camiseta.

Camina presuroso, aunque la oficina donde será entrevistado está a pocos pasos. Anda en ropa de campaña, al parecer su segunda piel, pues es con la que por lo general se le ve a diario en el trabajo o brindando conferencias. Una camiseta blanca con el logotipo de Ética y Transparencia, un croquis del mapa de Nicaragua con una boleta de votación, bordado al lado izquierdo de la camiseta.

Tiene muchos detractores. Desde aquellos que lo observan de lejos y señalan que usa las camisas de menor talla para que se le noten los músculos de los brazos hasta los más conocidos, los políticos, quienes cuestionan la labor de observación que realiza junto a su equipo de 17 mil personas en todo el país, sobre todo cuando no les convienen los resultados o su actuar no ha sido el idóneo.

La negativa del actual gobierno del Frente Sandinista a la permanencia de los observadores en las Juntas Receptoras de Votos (JRV) es sólo una represalia más tras el fraude en las pasadas elecciones municipales y un nuevo reto en su carrera de observador.

A nueve meses de las votaciones y con las alianzas inscritas, la carrera comienza y todo se enfila a un trabajo más arduo con menos facilidades y presupuesto, pero eso, afirma, no hace mella porque seguirán observando y la meta es que todos los nicaragüenses se conviertan en observadores y custodios de su voto, sin importar la afiliación política, pues en pasadas elecciones quienes hoy niegan la permanencia para observación desfilaron por las oficinas de Ética y Transparencia para pedir la defensa de sus votos. Eso fue en otro momento antes del pacto.

No gusta hablar de su vida, se define como un trabajólico, una persona que trabaja en exceso y la única razón de ello es que su trabajo lo satisface, de allí que nuestra conversación se centre en su día a día: Ética y Transparencia, organización a la que pertenece desde 1996 y que tiene la finalidad de coadyuvar al proceso democrático y el desarrollo cívico del país, a la vez que representa el capítulo país de Transparencia Internacional.

Con el panorama electoral casi completo en cuanto a participación partidaria y alianzas inscritas, ¿cómo se vislumbran las elecciones para usted y su papel como observador?

Cuatro cosas son las grandes preocupaciones en el arranque de la contienda. Primero un tribunal electoral más conocido a nivel nacional e internacional por su corrupción, fraude y su condición de facto que por nada es positivo, eso obviamente amenaza cualquier proceso electoral en el mundo.

En segundo lugar la participación ciudadana que en Nicaragua la garantiza la cedulación, se supone que se debe facilitar el voto ciudadano y aquí se le dificulta al ciudadano común por razones de costo, incapacidad del Estado y sesgo porque a los afines al gobierno se les proporciona la cédula sin costo y con transporte incluido.

En tercer lugar, y no menos importante, que en los dos primeros está el tema de la reelección que no sólo tiene que ver con la controversia histórica y el repelo que sentimos hacia esa palabra y acción y más allá de la controversia constitucional, en nuestra experiencia en once elecciones en Nicaragua y treinta más en tres continentes es que la reelección empaña cualquier proceso de elecciones y a ello se suma la cuarta preocupación, que es la negativa y dificultad para la observación, sobre todo con los antecedentes del actual consejo electoral. Se habla de madurez como si esta fuese incumplir la ley y como ciudadanos y observadores debemos defender el voto sin importar el partido porque se trata de la voluntad de un grupo de nicaragüenses sea la cantidad que sea.

¿Tiene miedo de ser observador?

En lo particular creo que uno sabe que este trabajo no se hace porque sea fácil, sino porque es necesario y tiene enormes recompensas emocionales e intelectuales también. Se puede uno sentir patriota en lo que hace y eso es enorme. Soy un patriota y eso es algo que no todos los seres humanos pueden sentir, que trabajan por algo que va más allá de ellos o su familia, eso supera cualquier dosis de miedo y en términos reales quizás uno se engaña, pero he llegado a la conclusión que no estamos en condiciones para correr peligro, nuestra integridad física está garantizada porque valemos más vivos que muertos y eso nos da la certeza que hoy por hoy la integridad física está garantizada, pero siempre hay maniobras para desprestigiar y lo mejor es conducirse en base a los valores que uno profesa y en los que fue educado.

¿Pensó que sería observador en algún momento de su vida?

Yo trabajaba en California como abogado, estudié en la Costa Este y trabajé en Wall Street. Muchos amigos, cuando decidí regresar a Nicaragua, me preguntaban qué iba a hacer en Nicaragua y mi respuesta siempre fue que es mi país y no se esquía, pero que es un país en proceso de construcción, con una política muy dinámica y eso te brinda la sensación de que lo que haces es trascendente y eso fue lo que me trajo aquí. No somos un número más, somos actores de cambio y podemos hacer influencia para bien o para mal, pero en mi caso esta es una oportunidad de enorgullecer a tus padres y sentirme completo porque estoy haciendo algo por construir democracia.

¿Se siente orgulloso?

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Yo siento a veces que podría estar haciendo más. Hay comodidad y creo que podrían asumirse más retos, como la búsqueda de la transparencia, de abonar a la rendición de cuentas, de reducir la corrupción que tiene sumergido a este país en la pobreza, es un ámbito con el que uno no se puede sentir contento.

Por ahora creo que los nicaragüenses debemos superar los 30 años de paz que hemos tenido en 190 años de historia como país, en cuanto a institucionalidad podemos hablar de pequeños retrocesos y avances porque seguimos ‘rankeando’ como uno de los países más pobres, éramos los terceros después de Honduras y Haití y ahora creo que nos disputamos el deshonroso primer lugar, porque la realidad es que es un naufragio colectivo de nuestra clase política y no sólo de este gobierno, sino de los anteriores, en índices de crecimiento económicos pírricos, en términos de corrupción sólo basta ver el apoyo al magistrado Rivas (presidente del Consejo Supremo Electoral, al cual se señala de haber malversado 20 millones de dólares del presupuesto de esa institución), que demuestra que no es política de Estado combatir la corrupción, sino que es usada para generar alianzas y para empujar agendas políticas personales y no partidistas.

Hay un estancamiento de 190 años que tiene un punto fundamental superar los 30 años en paz porque es una condición elemental para aspirar a mejores cosas, porque no debemos permitir que los problemas políticos nos lleven a las armas. Si eso ocurre (estar en paz), entonces se habrá puesto la semilla para la institucionalidad. En Nicaragua, a 20 años de su última guerra, el mayor compromiso es que pase lo que pase no caeremos en guerra y punto.

¿Es difícil ser observador en Nicaragua?

Los riesgos son evidentes, el gobierno se molesta pero los números están allí y no pudieron contraargumentar por qué hay más votos que votantes, pero el pobre contraargumento que usan contra nosotros desnuda la verdad.

Por ejemplo, cuando estuvieron los delegados de la Unión Europea antes de irse nos dijeron que cuando les dijimos que hubo más votos que votantes, les demostramos las variaciones de votos, donde las JRV que no se contaron eran aquellas donde históricamente el FSLN no había resultado ganador en ninguna elección anterior, ellos consultaron en el Consejo Supremo Electoral y la respuesta de los magistrados fue que eso les había dicho un gringo y después que se los había dicho alguien que trabaja para la CIA (Agencia Central de Inteligencia), que es absurdo porque los votos y votantes no cuadraron, eso es una realidad, nosotros no somos partidarios de nadie. En Ética y Transparencia hay gente incómoda, que demanda de la clase política que se mejore, aquí no estamos a favor de nadie, como la mayoría de nicaragüenses que vemos a los políticos y nos da ganas de todo, menos de aplaudir.

Su currículum lo describe como un observador internacional, aunque sea abogado y economista de profesión, gracias a la observación ha viajado por diversos países de África, Europa y Asia. ¿En su carácter de observador internacional cuáles son a su juicio los comicios más interesantes?

Los comicios menos interesantes son los europeos porque son sistemas bastante funcionales y antropológicamente no tienen mayor gracia, porque son democracias consolidadas. Para mí son más atractivas las experiencias en Medio Oriente, como Palestina, donde está prohibida la observación y esa experiencia nos permitió mejorar la forma de observación ahora que no podremos estar dentro de la JRV.

También en Medio Oriente fue emocionante porque estábamos en una reunión y de pronto llegan yihadistas armados y hubo que sacar al traductor debajo de la mesa. En África son interesantes porque allí, debido a la pobreza absoluta, con una clase política a la que no le pedís rendición de cuentas sino que los ciudadanos agradecen que no los maten, permite ver cuánto hemos avanzado en Nicaragua, pues hay otros países donde los ciudadanos, dada la precariedad de educación y haberes, se sienten dichosos de que se les dé una lámina de zinc o una bolsa de cemento, que no piden programas de gobierno y menos reclaman que les dejen de robar.

Creo que en Nicaragua ya salimos de la etapa de ojalá no me mate y estamos saliendo de esa etapa en la que queremos que nos den algo de lo que nos saquean, ya tenemos conciencia, como sociedad, de nuestro derecho a exigir más y eso sólo se puede palpar cuando has estado en África, donde hay países que nos ven con envidia porque somos el número 120 del Índice de Desarrollo Humano, porque hemos avanzado, pues hace 30 años estábamos igual que ellos.

¿Le gusta la adrenalina, las emociones fuertes?

La adrenalina está relacionada con las emociones, con la felicidad y una de las consecuencias es la sensación de bienestar, relevancia y trascendencia más allá de la mortalidad que tenemos y eso no deja de ser una ilusión muy agradable. Tengo bastante adrenalina en el trabajo, suficiente.

¿Cómo se prepara de cara a las elecciones y a esas emociones?

A estas alturas tenemos historia y conocimiento para tener cierta base, la clave como observadores es tener neutralidad e independencia para analizar los eventos, yo les decía a algunos del PLC que cuando estuvieron en el gobierno nuestra relación no fue cordial. Es que nuestras relaciones son conflictivas con todos los gobiernos porque somos críticos y en estas elecciones es que hay muchos partidos con posibilidades de obtener votos y muy poca de defenderlos.

Nuestras relaciones con los partidos son cordiales cuando los apoyamos en la defensa de sus votos y no lo hacemos porque sean partidos o nos agraden, sino porque hay nicaragüenses ejerciendo su derecho ciudadano a elegir y su voto debe ser respetado.

El Frente Sandinista desfilaba en esta oficina buscando defensa para sus votos antes de su captura del CSE y las instituciones, aquí venía el Frente a poner las quejas, ahora no nos quieren ver y eventualmente volverán a pasar y nosotros los escucharemos porque nos corresponde defender el derecho de aquellos que son abusados por el poder y hay que tener claro que el único que varía es quien está en el poder y quién es el que abusa.

¿Vota?

Claro que sí, ejerzo mi derecho. Soy el primero o el último de mi JRV y lo hago porque si llego de primero puedo observar la apertura, si funciona la tinta, si hay condiciones para que el voto sea secreto, si hay posibilidades de voto doble, si algún fiscal no anda su dedo manchado de tinta es peligro de voto doble, es muy útil porque puedo realizar observación como ciudadano, eso si llego temprano y sobre todo ahora que no podemos permanecer.

En otras ocasiones soy de los últimos en votar porque eso me permite también saber de primera mano si cerró en tiempo, si no sacan a los fiscales y si me quedo más puedo ver si cumplen con la ley y notifican a los votantes, con un cartelón en la puerta, cómo quedaron los resultados porque eso fue una de las pruebas que se tuvo para el fraude, que hubo juntas donde sólo había 160 votantes y al final allí el Frente ganó 400 votos a cero de los otros partidos y de allí que muchos se preguntaran y se sigan preguntando dónde quedó su voto.

¿Habrá más observadores en estas elecciones aún sin tener derecho de permanencia?

Nosotros nos planteamos tres cosas de cara a estos comicios. Primero, adecuamos la metodología de observación a las nuevas condiciones restrictivas y de mayor probabilidad de fraude, hicimos los ajustes metodológicos, capitalizamos lo que aprendimos como observadores internacionales en Palestina, en eso avanzamos mucho, de forma que no necesitamos credencial y nos basta con ser ciudadanos y llegar a votar para observar.

Otro tema es que por diferentes razones la cooperación internacional se ha retirado y era urgente en este contexto generar estrategias de observación que costaran menos. Nuestro trabajo en las elecciones del año 2006, que sirvió para proteger el triunfo de Daniel Ortega, lo que señala la falacia que tomamos partido, costó dos millones de dólares, para estas elecciones tenemos pensado trabajar con la mitad de ese monto y multiplicar la cantidad de observadores para que en el año 2016 podamos observar sin necesidad de cooperación internacional para ello.

¿A cinco años cuáles son sus planes?

Si hacemos de cada nicaragüense un observador, que es nuestra meta, así como el que se hagan elecciones aceptables, pero si esto se lograra no sería el fin de nuestra labor porque hay otras áreas en materia de combate a la pobreza y otros problemas, como corrupción, donde podríamos dirigir nuestra capacidad, desempeño e incidencia para contribuir al pueblo, ya sea porque la observación no sea tan necesaria como que se tenga que hacer sin mucho gasto.

En cinco años creo que agenciaríamos el desarrollo de la gobernabilidad y desarrollo del país en otra trinchera de transparencia y mantenemos una mente abierta sobre la posibilidad de donde seríamos más efectivos y útiles si llegamos a tener que prescindir de nuestra labor como observadores.

El Azote

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