Lo más trascendente en noticias de los últimos días está centrado en la crisis de Egipto y sus temblorosos vecinos, transmitida en directo por los medios masivos tradicionales y a través de las redes sociales básicamente compuestas por jóvenes cibernautas, donde ahora podemos, desde nuestra PC, observar e intervenir en ella con nuestro criterio.
¿Qué efectos tendrá la caída de Hosni Mubarak, conocido popularmente como “el faraón sordo” en el mundo árabe?, ¿qué consecuencias tendrá en la geopolítica, si se respetara el “delicado” acuerdo de paz con Israel del 79, en los precios del petróleo?
Egipto es un país estratégico en el Medio Oriente, y ¿qué papel desempeñará la inquieta juventud árabe en el futuro? ¿Qué tanto hay oculto y/o controlable, y por quiénes en esta crisis? Desde incontables abusos del poder con descomunales niveles de corrupción, enriquecimiento insólito e ilícito inexplicable. Se estima que la fortuna de la familia Mubarak oscila entre cincuenta y setenta mil millones de dólares. Que al igual que en otros países árabes y latinoamericanos han generado una injusta y descarada inequidad perjudicando y empobreciendo a la población y en especial del abandono futuro para la juventud.
Los indicadores hablan de una población joven desempleada en Egipto del 75 por ciento, en Túnez del 60 por ciento y en Marruecos del 80 por ciento. Pero la juventud árabe maneja herramientas de Internet que le permite tener presencia virtual en un mundo globalizado y comparar sus bestialidades realidades.
La juventud árabe se levantó con las redes sociales producto del hastío de un gobierno totalitario que fue incapaz de solidarizarse son su propio pueblo. Lo paradójico es que muchos gobiernos con tinte totalitario comienzan, pienso tardíamente, a desarrollar normativas para restringir el uso de Internet, a fin de evitar levantamientos similares. ¡Qué insolencia de miopía!
La juventud moderna en su patética miseria ya no está dispuesta a aceptar resignadamente la inequidad ni el totalitarismo. Tengamos presente que los sensibles efectos de la crisis egipcia incidirán mundialmente por ser un país estratégico en la correlación de fuerzas de la geopolítica, ubicado en una zona especialmente sensible. Egipto, luego de suscribir el acuerdo de paz con Israel, en 1979, ha sido elemento clave para manipular mecanismos de paz entre Palestina e Israel y recibe de los Estados Unidos 1,300 millones de dólares anuales de asistencia, básicamente militar. Ya lo advirtió la primera ministra alemana Ángela Merkel y su par británico y el Canciller ruso al rechazar cualquier intervención extranjera sobre la sucesión de Mubarak a raíz de las declaraciones de Hilary Clinton, en las que pide que las nuevas autoridades respeten los acuerdos de paz con Israel. Por el canal de Suez, que une el Mediterráneo con el mar Rojo, pasan 2.5 millones de barriles de petróleo diarios.
¿Cuántos días estará en poder de Egipto el líder de las Fuerzas Armadas, Muhamed Husein Tantuai?, ¿hará una transición democrática real y oportuna, ya que éste es un militar ultraconservador de 75 años, al mando desde hace 20, un ejecutor confiable de Mubarak y a Estados Unidos? ¿Qué será del futuro para la juventud egipcia? Oficialmente se reconocen casi cuatrocientos muertos. ¿Cuántos fueron realmente? ¿Cuál será el precio de la paz en esta región ancestralmente conflictiva?
En América, los gobiernos autoritarios de Cuba, Venezuela y satélites “albinos”, deberían preocuparse y temer. Si el “efecto dominó” se amplifica, más motivación exhibirán sus adversarios.
El autor es politólogo.
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