tanto la naturaleza como la población aún luchan por recuperarse de los estragos causados por el huracán Félix. El reclamo es que los políticos sólo los buscan en campaña electoral.
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Desde Bilwi, llegar a los bancos de pesca, conocidos como Cayos Miskitos, implica hacer un recorrido en pangas, duri tara o ponki, embarcaciones livianas impulsadas por medio de motores.
El viaje está marcado por los movimientos fuertes de la panga que al encuentro con las olas provocan continuos saltos cual toro embravecido. La piel es azotada sin piedad por los rayos del sol. Cuando las olas son grandes, el periplo llega a ser difícil y peligroso. La panga puede voltearse. Una verdadera odisea.
El desplazamiento significa ir sorteando las olas, aguantando los golpes de la panga, las quemaduras en la piel provocadas por los rayos del sol y el riesgo a perder la vida. Una prueba que corren a diario los hombres y mujeres que viven de la pesca y que viajan constantemente a esta plataforma marítima.
Los Cayos Miskitos (Miskito Cays) están ubicados a 60 millas marítimas (111.12 km) al noreste de Bilwi, cabecera regional de la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN) y en pleno mar Caribe. Hoy es Reserva biológica marina gracias a un decreto de Estado fechado en 1991.
Según el experto Bernard Nietschmann, de la Universidad de California, estos bancos de pesca son considerados como uno de los ecosistemas más productivos de la tierra. Nicaragua debe, en todo momento, cuidar de esta belleza natural, opina.
Es una maravilla de la naturaleza. Está sobre una plataforma submarina poco profunda, donde existe y crece una floración coralina cubierta de manglares que rodean una laguna de agua semidulce, a manera de un atolón. Miskito Cays constituye el núcleo del archipiélago integrado por más de 70 islotes de diversos tamaños.
De acuerdo con expertos, en los Cayos Miskitos se alimentan y crían las tortugas verdes (Chelonia mydas), los camarones, las langostas, los manatíes, aves, delfines y peces.
Hay cuatro especies de mangles: el Rhizophora o mangle rojo, Avicennia germinans o mangle blanco, Laguncularia racemosa o mangle negro y el Conocarpus erectus o mangle falso. El mangle rojo es la especie que se usa para las trampas de langostas.
El mangle blanco y mangle negro son los más altos, miden entre 10 y 15 metros y su grosor puede oscilar entre 45 centímetros y un metro. Son propios para la construcción de casas.
En los Cayos Miskitos el conjunto de arrecifes, de estructuras complejas, ofrece gran diversidad biológica, pero la parte de reproducción de la plataforma marítima sufrió un colapso grave a consecuencia de los fuertes vientos provocados por el huracán Félix que pegó en esta zona la madrugada del 4 de septiembre de 2007.
“Los estudios post huracán muestran una serie de daños. Hay manglares que fueron destruidos por completo y su recuperación necesita de tiempo”, expresó el ingeniero Yader Mendoza, originario de Bilwi y profesor de la Universidad Uraccan.
Como los Cayos no tienen playa, sino que están cercados de intrincados manglares, los pescadores de origen miskito construyen casas rústicas de madera, levantadas en estacas sobre la superficie del mar, a manera de palafitos, donde se albergan temporalmente durante las faenas de pesca.
Esta bonita costumbre, que nace de los tiempos pasados, aún se mantiene viva, a pesar de los estragos que hizo el huracán que dejó a su paso más de un centenar de muertos.
Según Mendoza, la vida en los Cayos Miskitos no será igual después del paso del Félix. “El huracán destruyó gran parte de la alimentación de muchas de las especies que habitan los Cayos y hay que esperar algunos años para que vuelva a normalizarse. Sobre todo, los hermanos pescadores que buscan la forma de ganarse la vida pescando en la zona”, apuntó.
Los ingenieros Francisco Arno Lemus y Abner Paúl Figueroa, profesionales de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (Uraccan), realizaron estudios de los manglares con el apoyo de profesores y organismos preocupados por el medio ambiente.
Lemus y Figueroa explican que en Nicaragua, antes del impacto del huracán, la pesca de langosta cada año generaba 30 millones de dólares. Sin embargo, la producción de la pesca ha bajado considerablemente. De acuerdo con las estadísticas del estatal Instituto de la Pesca (Inpesca), actualmente se obtiene 40 por ciento menos de lo que sacaban antes del huracán, lo que equivale a 16 millones de dólares anuales.
Los especialistas destacaron, fundamentalmente, que el oxígeno que emana de los manglares no es el mismo. “La biosfera de los Cayos Miskitos quedó destruida, pero la misma naturaleza se está encargando de poner las cosas en su orden. Se necesita tiempo para hacerlo y los pescadores tienen que contribuir a este proceso, de lo contrario los bancos de pesca dejarán de producir”, insistió Abner Figueroa.
Lemus explica que la tercera parte de los manglares está afectada debido a la contaminación por derrames de aceite, gasolina y plástico. “Hay áreas donde el manglar se está muriendo a causa del comején y a la cantidad de árboles viejos, dañados por el huracán Félix”, indicó.
Después de varias horas
Navegando el mar Caribe, siempre con rumbo noreste, aproximadamente a unas 60 millas, se encuentra el primer cayo de nombre Tawasakia o Cayo Grande. Ahí conviven en la actualidad unas 12 familias, entre mujeres y hombres.
Viven en casas de madera diseminadas a lo largo de este largo cayo, se dedican a acopiar langostas, caracol, pescados y los famosos gusanos o “pepinos de mar”, que son bien cotizados por los empresarios chinos que tienen sus restaurantes en Bilwi.
Desde 1990, por el aumento de la pesca, la gente se trasladó a vivir a los cayos, primero en Cayo Wipling, después construyeron en el cayo Tawasakia (Cayo Grande), Miskuta, Morrison Dennis y Diamond Spot.
Las aguas no son profundas y esto les ha permitido construir champas de madera conocidas como de “tambos”, que a la vez sirven de acopio de los peces.
Familias enteras se dedican a la pesca de la langosta. “No hay trabajo, tenemos que trasladarnos en la época de la pesca a los Cayos Miskitos, ésta es la única forma de llevar alimento a nuestros hogares”, dice la señora Domitila Downs, mujer incansable que desde horas tempranas se despierta envuelta en la brisa marina que llega desde los bancos de pesca. “A mis muchachos (los pescadores) les doy un poquito de café, les doy mi bendición y después que regresan con productos, se los compramos”, añade la señora. Downs, de 50 años, tiene tez morena y es originaria también de la Moskitia. Una de las pocas sobrevivientes al recordado huracán.
“Dios salvó mi vida, aquello fue espantoso”, se acuerda. Los recuerdos regresan y se van en la conversación que dura varios minutos. “Tenemos que continuar trabajando. La única forma que tengo para ganarme la vida es comprando langosta y lo haré aunque esto significa mucho riesgo”, se resigna Downs.
El pescador Abel Santiago, originario de la comunidad de Nina Yaris del Litoral Norte Sandy Bay, cuestiona el apoyo que reciben de las autoridades gubernamentales. Para él es nulo. “Aquí nosotros hemos construido estas casitas con nuestro propio dinero y esfuerzo familiar. De lo contrario nos morimos de hambre”, expresó el indígena.
Según Santiago, los políticos sólo los miran cuando hay elecciones y el ejemplo claro de esto es el caso del propio Presidente de la República. “Después que ganó Daniel Ortega las elecciones, no lo volvimos a ver por esta zona. Sólo nos visitó cuando estaba en campaña, nos imaginamos que este año vendrá para volvernos a mentir”, señala.
Critican de igual forma la poca asistencia de la alcaldía sandinista y del Gobierno Regional que preside la licenciada Mara Rivas, de la Organización Yatama, aliada del partido de Gobierno.
Las experiencias negativas
En los Cayos Miskitos son muchas. Una es la que vive el sector de pescadores conocidos como los naseros, porque construyen la nasa (trampas de maderas) para pescar langostas.
Ellos corren el riesgo de perder su nasa con todo y la langosta capturada. “Se la roban, se llevan todo, especialmente los cazadores hondureños que entran sin ningún control por Cabo Gracias a Dios”, se queja Miguel Carlo, de la comunidad de Tuapi.
Este pescador se levanta a las 4 de la madrugada e inicia la búsqueda de las nasas, cuya ubicación está marcada con la tecnología del GPS.
En todos los Cayos Miskitos se encuentran pescadores que se comunican entre sí, para ayudarse en la rutina de la pesca. Normalmente una faena de pesca dura entre 8 y 15 días y la producción que se obtiene oscila entre 500 y 700 libras, cuando está buena. Cuando la temporada es mala, sólo pérdidas tienen.
El agua que consumen es otro problema para los pescadores. El líquido es trasladado en recipientes desde Puerto Cabezas o Sandy Bay. Cuando llueve se observa una dinámica inusual dentro y fuera de las viviendas rústicas. Todos los habitantes están en función de recoger el agua que cae sobre los techos de zinc, ya sea para tomarla, cocinar sus alimentos o bañarse.
En los Cayos, una gaseosa de litro y medio cuesta 85 córdobas e igualmente todos los productos que son llevados desde Bilwi tienen el incremento de por lo menos un 200 por ciento, lo que hace de los Cayos un lugar no apto para ir de compras.
El silencio en los Cayos Miskitos se rompe únicamente por la fuerte brisa que acaricia el rostro de los que allí viven, o por el ronroneo del motor de una panga al pasar.
De hecho, en este lugar sólo transitan embarcaciones pequeñas como las pangas, duri taras (bote grande) que son movidas por velas y de igual forma la embarcación llamada ponky, un bote del tamaño del duri tara. b
Después del huracán… aún hay vida b
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