Por Fabián Medina
Foto de LA PRENSA/ Manuel Esquivel
Yalí Molina se declara amigo de sus amigos y evita tener enemigos porque su padre le aconsejó un día: «Cualquier posición que ocupés, usala para hacer amigos, porque un día vas a caer de ella y es horrible caer en el concreto puro».
Descendiente de una familia de cafetaleros de Jinotega, Yalí Molina dice estar viviendo la mejor etapa de su vida. «La mujer más bella del mundo tiene 64 años, es mi esposa y estamos cosechando nietos. Tengo cuatro hijos, sólo uno de ellos está en Nicaragua y trabaja conmigo». Su momento ideal: fin de semana en el mar, con la familia.
«Tenemos un rancho que queda exactamente a la orilla de la playa. Estás invitado el día que nos podás visitar. Se llama Primos´ bar, porque casi siempre son parientes los que llegan ahí. Siempre está lleno. Tenemos un bartender y somos buenos anfitriones. Siempre hay comida y tragos».
Usted es conservador. ¿Sigue militando?
No. Me separé cuando apoyamos a don Enrique Bolaños.
¿Y ese conservadurismo suyo se nota de alguna manera en su administración de Amcham?
Es que los conservadores somos revolucionarios ahora. Nosotros no podemos conservar lo que tenemos.
¿Ya no existen conservadores entonces?
Sí existen, pero hay que volver a poner las bases para edificar una república. Generalmente después de épocas desastrosas, siempre ha venido un conservador a poner las cosas en orden.
¿La política la ve desde el televisor o juega en ella?
No, ya no juego. Estoy concentrado en Amcham. Y la Cámara es apolítica.
¿Qué hará como presidente de Amcham que no hayan hecho los otros presidentes?
Me quiero concentrar en los fines y objetivos de la Cámara Americana de Nicaragua: ayudarle a los miembros cuando tengan alguna dificultad, tener buenas relaciones con cualquier gobierno Amcham se va a retirar totalmente de política partidaria, sin olvidar la institucionalidad que es importante para el desarrollo económico de Nicaragua.
¿No lo vamos a ver pronunciándose sobre los acontecimientos políticos?
Sobre eventos políticos que afecten la democracia, al Estado de Derecho, la institucionalidad, posiblemente sí.
¿Cuál es la principal queja de los empresarios?
Una encuesta que hicimos en Amcham dice que lo que más necesita el inversionista es el Estado de Derecho. Que quien rija el país sean las leyes y ellos sepan cuáles son las reglas del juego con que jugarán.
¿Qué puntaje daría al cumplimiento de esas reglas del juego?
El gobierno ha invitado a que todos trabajemos juntos para el desarrollo
Pero eso no es puntaje: del 1 al cien
No estamos en los mejores puntajes en esas reglas. Nosotros vamos a pedir las condiciones necesarias para poder desarrollar el país, con respeto y sin descalificaciones y sin insultos. Llegó el momento en que ya comencemos a darnos cuenta de que nadie de afuera nos va a resolver nuestros problemas. Tenemos que aceptarnos. Porque aquí, o cabemos todos o no cabe ni Dios.
Durante la elección se dijo que usted era una ficha de Arnoldo Alemán. ¿Oyó eso?
No lo oí. Pero honestamente es muy difícilmente tener a Yalí Molina como ficha de alguien. Yo soy ficha de quien me dé la representación. Ahorita yo soy ficha de Amcham: total y absolutamente.
¿Tiene alguna relación con Arnoldo Alemán?
Alemán es una persona cariñosa, que donde te ve te saluda. Y uno le contesta los saludos. No tenemos ninguna otra relación.
De los empresarios se dice que mientras estén haciendo dinero, no les importa que el país se desmorone.
No es exactamente. Ésa es una mala concepción del empresario. El empresario tiene 20 mil problemas encima. No es lo mismo estar en la política ganando un sueldo en un puesto público, que estar consiguiendo dinero en las calles para pagar una planilla.
Honorato de Balzac dice que tras cada fortuna hay un crimen.
Suena feo. Yo vengo de una familia que tuvo muchísimo dinero. Y gracias a Dios nadie puede decir que los Molina subieron machucando las manos de nadie. Ese concepto de fortuna explotando a la gente no existe, las leyes no lo permiten. Es imaginación.
¿Hay fortunas blancas y fortunas negras?
Sólo conozco las blancas, de esfuerzo, trabajo y luchas. En vez de estar poniendo un estereotipo para las fortunas, ojalá que todos los nicaragüenses fuéramos empresarios. En vez de un pueblo presidente, un pueblo empresario.
¿Y se puede? ¿Quiénes serían los trabajadores?
Yo creo que sí. No todo se consigue al cien por ciento, pero hay que apuntar alto.
¿Hay competencia justa para hacer negocios aquí en Nicaragua?
No, no podemos decir eso. Eso es lo que tenemos que corregir. Que nadie tenga privilegios para hacer negocios, que todos seamos iguales.
¿La mordida sigue siendo un instrumento para hacer avanzar una gestión de negocios?
En mi oficina recomendamos hacer todo conforme las leyes, siguiendo las reglas que tengamos que seguir. Ni hemos acudido ni pensamos acudir a una mordida porque el día que yo lo haga, voy a ser nada más que un pasamanos y no me interesa eso.
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