La bodega de las pruebas

La oficina de Suyén Sandoval se ve pequeña debido a todos los “calaches viejos” que allí se almacenan. Al entrar a uno se le viene la sensación de estar en uno de esos tramos donde venden cosas usadas en el mercado Oriental. Hay televisores, equipos de sonido, microondas, bicicletas, retrateras, sillas, camas, una aspiradora, computadoras y otra serie de objetos que se utilizan como evidencias en los juicios que se realizan en los Juzgados de Managua.

olvidadas

Una cosa queda clara cuando se visita la oficina de Bienes Incautados en los Juzgados de Managua: los mejores objetos que se les ocupan a los delincuentes y a las víctimas no están ahí. Las cosas que tienen más valor o en mejor estado se quedan en otros lugares.

La oficina de Suyén Sandoval se ve pequeña debido a todos los “calaches viejos” que allí se almacenan. Al entrar a uno se le viene la sensación de estar en uno de esos tramos donde venden cosas usadas en el mercado Oriental. Hay televisores, equipos de sonido, microondas, bicicletas, retrateras, sillas, camas, una aspiradora, computadoras y otra serie de objetos que se utilizan como evidencias en los juicios que se realizan en los Juzgados de Managua.

Sandoval es la responsable de la oficina de Depósito de Bienes Incautados y debe garantizar que todas las evidencias estén bien resguardadas. A esta joven de tez blanca y acento amable le corresponde otra tarea más peculiar: asegurarse que cada mes su oficina sea bien fumigada, para no tener que compartirla con los ratones.

Entre los objetos sobresale un colchón multicolores, testigo silencioso de las aberraciones de un hombre que fotografiaba a adolescentes desnudas y con algunas de las cuales llegaba a más que eso. Ahora el hombre está preso, y el colchón, que no tenía culpa de nada, quedó condenado a deteriorarse en la oficina de Sandoval, como todos los demás enseres que allí se encuentran guardados.

No es fácil entrar a esa oficina, menos para un periodista, y peor si es de LA PRENSA. Para lograrlo tuve que llegar al extremo de llamar por teléfono a la magistrada Alba Luz Ramos Vanegas.

—¿Y para qué querés entrar ahí, si ahí no hay nada?, dice Ramos. —Unas bicicletas viejas es lo que hay, agrega. Pero al final accedió a dar el permiso.

Es martes. Son las 11:00 de la mañana. A los Juzgados capitalinos asisten en promedio 2,500 personas a diario. Hace calor, pero no es sofocante. Roberto Larios, el divulgador de los Juzgados, nos lleva directamente a la oficina. Sandoval aún no está, solo Yoneyda Araselis Barrios, su compañera de labores. Un par de minutos después, Sandoval llega rápidamente.

—Esta es toda la oficina, dice Larios, quien entra al cubículo que mide aproximadamente unos ocho metros cuadrados.

—Se miran pocas (cosas), dice Sandoval a manera de disculpa, —porque los judiciales no disponen de todo (los objetos que sirven como evidencias), además no hay suficiente espacio.

—Me pregunto dónde están todos los bienes que se les incauta a los narcotraficantes, a los contrabandistas, a los que trafican objetos precolombinos y, como si Larios me leyera la mente, comenta:

—Existe una idea equivocada de la gente, que piensa que el Poder Judicial se queda con todo lo que se incauta, pero no es así.

—¿Entonces dónde están?, pregunto.

Sandoval señala que algunos vehículos están en el parque de los Juzgados y tiene que pedir a los vigilantes que los cuiden. Las piezas arqueológicas están en el Instituto de Cultura. Las armas las resguarda la Policía. La droga se quema. El dinero se encuentra en las cuentas bancarias de la Corte Suprema de Justicia. Cuando se decomisan aeronaves o embarcaciones marítimas, éstas pasan a resguardo del Ejército, ya sea a la Fuerza Aérea o a la Fuerza Naval. Si se trata de propiedades, quedan en manos de la Procuraduría General de la República (PGR).

Los funcionarios judiciales nos llevan a otra minibodega donde la situación es peor. El cubículo es de unos tres metros cuadrados y sólo se aprecian varias bolsas plásticas en las que hay, según Sandoval, ropa y electrodomésticos. Por su estado las bolsas reflejan que llevan años sin ser abiertas.

¿Para qué está entonces la oficina de Depósito de Bienes Incautados? Está destinada para que se resguarden todas las evidencias que se ocupan en los juicios, pero por problemas de espacio solo es la “Churequita” de los Juzgados de Managua. Ni los dueños de los objetos que allí se encuentran los quieren. Sandoval ha tenido que hacer llamados públicos para que los dueños los lleguen a retirar una vez que finalizan los procesos judiciales, para que no sufran más deterioro, como el colchón multicolores, que por los desenfrenos de su dueño quedó condenado a pudrirse en ese pequeño cuarto. b

El Azote

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