Sergio Ramírez

Dictadores en cadena

Tras la caída en Túnez de la pareja formada por el dictador Ben Alí y su mujer Leila Trabelsi, la sagaz Primera Dama que según se cuenta se llevó de las bóvedas del banco del Estado dos toneladas de lingotes de oro para no pasar dificultades en su exilio, otros países árabes vecinos, con largos regímenes autoritarios y familiares están siendo sacudidos por crecientes revueltas populares. La gente se ha decidido a salir a las calles sin miedo, decidida a obtener la democracia a cualquier precio. Cuando la pradera prende, el fuego no conoce ni límites ni fronteras.

La dictadura de Hosni Mubarak en Egipto, que ya dura treinta años, es la siguiente en la lista. El ejército ha sacado sus tanques a la calle, pero rodeados por la multitud parecen bestias inofensivas. Los prisioneros políticos huyen de las cárceles que se quedan vacías hasta de guardianes. Un joven manifestante dice frente a las cámaras de la televisión en la plaza Tahrir de El Cairo: “Si mi abuela y mis tías están aquí, ¿Por qué no iba estar yo?” Cuando las abuelas se deciden, ya todo el mundo perdió el miedo.

Arden las efigies gigantescas del anciano Mubarak colocadas en plazas y avenidas. Pero también ha ardido en El Cairo, incendiado por los manifestantes, el imponente edificio que sirve de sede al Partido Nacional Democrático, el partido oficial, y prácticamente el único legal en Egipto. Es el destino final de los partidos que obligan a todos los ciudadanos a llevar un carnet en el bolsillo, arder alguna vez. Las fichas de afiliación terminan consumidas por las llamas, y los carnets van a dar a la basura.

En el año de 1944 Centroamérica conoció el efecto dominó que hoy están viviendo los países árabes, porque el fuego se está pasando también a Yemen, a Argelia. Se acercaba el fin de la Segunda Guerra Mundial, y la lucha contra el nazifascismo hacía soplar vientos democráticos que los dictadores de las repúblicas bananeras ignoraron, confiados en el sempiterno apoyo de los Estados Unidos.

Esta colección era de marca mayor: el general Maximiliano Hernández Martínez, presidente de El Salvador, que había ordenado la matanza de miles de indígenas en Izalco en 1932; teósofo, curandero y quiromante, tenía ya trece años en el gobierno, reelecto siempre en comicios en los que aparecía como candidato único. El general Jorge Ubico, presidente de Guatemala, con los mismos años de permanencia en el poder que su par de El Salvador, tanto se creía la reencarnación de Napoleón Bonaparte que se vestía y se peinaba como él. El general Tiburcio Carías Andino, presidente de Honduras, a la que gobernó desde 1932 como su propia hacienda; maestro de escuela, abogado, y militar, había ideado una silla eléctrica de voltaje moderado para sentar en ella a los prisioneros políticos remisos a declarar sus culpas contra el régimen. Y la cuarta perla de ese collar, el general Anastasio Somoza García, impuesto en el poder en Nicaragua por las tropas de intervención de Estados Unidos en 1934, el más marrullero de todos.

La sacudida comenzó en San Salvador a finales del mes de abril, después que los cabecillas de una fracasada rebelión militar habían sido fusilados. Salieron a las calles los maestros, los estudiantes de secundaria y los universitarios, los empleados públicos y los comerciantes, hasta que todo tomó el cariz de una huelga general que obligó al dictador a renunciar el 9 de mayo y exiliarse en Guatemala. No resistió ni dos semanas a la presión popular.

La onda expansiva alcanzó de inmediato a Guatemala, y el siguiente fue Ubico. Las olas de manifestantes invadían las calles día tras día, enfrentándose a la policía, hasta que una maestra fue asesinada por las balas de las fuerzas represoras, y aquel hecho multiplicó las protestas, con lo que el dictador tuvo que renunciar el 1 de julio, para irse al exilio en Estados Unidos. Así se abrió un período democrático de diez años en Guatemala, que duró hasta el año de 1954, cuando fue derrocado el general Jacobo Arbenz, presidente constitucional.

Las demostraciones populares contra Carías empezaron en mayo en Honduras y alcanzaron su clímax en julio, pero pudo más entonces la represión militar ordenada por el tirano, que dejó muertos y heridos, y logró sobrevivir. Sin embargo, su suerte estaba echada, y tuvo que apartarse de la Presidencia al final de su período en 1948, para dejar en su lugar a un peón suyo, Juan Manuel Gálvez, abogado de la United Fruit.

El fuego seguía pasándose. Las manifestaciones de respaldo a los movimientos rebeldes en los otros países centroamericanos empezaron a recorrer las calles de Managua, y Somoza cometió la imprudencia de convocar para el 4 de julio una demostración popular en respaldo a las tropas aliadas, con lo que quería congraciarse con Estados Unidos en el propio día de su independencia.

A pesar de la salvaje represión, y con las cárceles llenas de presos políticos, cuando Somoza intentaba pronunciar su discurso, la rechifla y los gritos de protesta, exigiendo su renuncia, lo obligaron a bajar de la tribuna. Parecía llegado su fin, pero logró maniobrar, y se salvó. Todavía le quedaban más ardides que ejecutar para mantenerse en el poder, golpes de Estado, y pactos políticos con reparticiones de cargos y curules, hasta que las balas de un poeta, Rigoberto López Pérez, acabaron para siempre con sus ambiciones el 21 de septiembre de 1956. No obstante, logró heredar el poder a sus hijos, y ya sabemos el resto de la historia.

El general Ubico murió en su exilio de Nueva Orleáns en 1946. El general Carías murió de viejo en su cama en Tegucigalpa, a los 94 años de edad, en 1969. Igual que Somoza, el general Hernández Martínez no tuvo la suerte de una muerte apacible. Tenía 84 años cuando en 1966 su chofer Cipriano Morales lo asesinó de 17 puñaladas en el comedor de su vivienda del poblado rural de Jamastrán en Honduras, donde vivía exiliado.

Dictadores en cadena, a ninguno de ellos los perdonó la historia.

www.sergioramirez.com. www.facebook.com/escritorsergioramirez

COMENTARIOS

  1. william vivas castro
    Hace 16 años

    Con ese relato, sabemos lo que nos espera a los nicas, la diferencia es que Ortega tambien sabe la historia y ya repaso los libros, ahora juega de otro modo, los traidores son muchos y los valientes estan en el cementerio; el Rigoberto Lopez tiene que aparecer antes que empieze otra larga cadena, son la mujer y cinco hijos, quiere decir, cincuenta mas, Dios salve a Nicaragua…

  2. techlion
    Hace 16 años

    sergio, por que no lo enfocas directamente. Dilo con claridad que en este año, los vientos de protesta ciudadana, que estan dando sus frutos en el mundo desde la caida del muro de Berlin, van a terminar con los regimenes seudo-socialistas de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. que el fin de la pareja presidencial Chortega esta cerca. que el pueblo se levantara y se unira para no permitir que se escapen con los millones que roban ellos y sus seguidores y los diputados vendidos.

  3. Carlos Arturo Porras
    Hace 16 años

    En definitiva el poder es ciego ya que en la actualidad los gobernantes de turno saben la historia de las dictaduras pasadas y continuan con sus deseos.Los que rodeean a estos dictadores tambien tienen su culpa ya que constantemente les estan diciendo a estos retardados que a ellos no les va a ocurrir lo mismo y cuando se dan cuenta es muy tarde.Esa historia que su chofer le dio 17 punaladas me parece electrizante.

  4. El Alquimista
    Hace 16 años

    «Se lo digo a Pedro Para que lo entienda Juan»

  5. Lo que quedo en el tintero
    Hace 16 años

    A Somoza lo mandaron a matar los Sandino-comunistas ahora Sandino-neoliberales y multimillonarios, pues Somoza advirtió: Me van a pedir que regrese y creo que el pueblo sabe de sobra que Somoza era un angelito comparado con la mafia que ahora está en el poder

  6. Hablando chochadas
    Hace 16 años

    Nada Nuevo, Nada Nuevo. Hasta Eclesiastes no es nada nuevo.
    La historia sigue produciendo lo mismo y la gente politica cada
    ves mas agresiva contra sus propios ciudadanos.
    Talves tenga mas relevancia la critica de los intelectuales para
    descifrar el misterio de la incognita. Al menos tienen en lo absurdo
    de la vida algo que tengan que escribir para no ensarrar el coco.
    Despues nos damos cuenta que nuestros heroes fueron asesinos

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí