Norman Caldera Cardenal

Injurias y calumnias desde Costa Rica

El Vicecanciller Carlos Roverssi, nue- vamente ha criticado mis declaraciones a LA PRENSA, donde como ciudadano privado defiendo la soberanía e integridad territorial de Nicaragua.

Inicialmente se molestó por mi nuevo llamado al Agente de Nicaragua, para que recuse al juez Antonio Cansado Trindade, quien fuera juez ad hoc de Costa Rica en el caso anterior del río San Juan y que ha continuado conociendo del actual, estando implicado.

El Vicecanciller reaccionó en mi contra, pero también contra otro juez de la Corte Internacional de Justicia que nunca ha vivido en Nicaragua, ni ha sido juez ad hoc de nuestro país. (Radio-Reloj de Costa Rica, 17/10/2011).

La segunda vez, las declaraciones de Roverssi no intentan rebatir mis argumentos, derecho que le reconozco como demócrata que soy, sino que comete el delito de injurias y calumnias en mi contra, tildándome de “títere ex combatiente antisandinista” al servicio del presidente Daniel Ortega.

Su nada diplomática furia se debe a que opiné que los planteamientos del canciller Castro en Europa, solicitando suspender la cooperación hacia Nicaragua, violaban la Carta de la ONU que prohíbe sanciones económicas unilaterales, especialmente tratándose de un tema sobre el cual ya radicó competencia la CIJ.

Es la CIJ quien dará la razón. Pretender forzarla desde afuera, mediante sanciones económicas, implicaría el surgimiento de dos nuevas reglas inverosímiles en el derecho internacional según las cuales 1) mientras un Estado tramita un caso ante la CIJ, puede paralelamente pedir sanciones por hechos que la Corte NO ha adjudicado, y 2) si la Corte no resuelve a su favor, el fallo es recurrible.

Se equivoca usted Viceministro, los fallos de la Corte son de obligatorio cumplimiento. Usted no puede impugnar en otros foros (como el Consejo de Seguridad) las decisiones de la Corte. Más aún, la negra Campaña contra Nicaragua, basada en hechos que la Corte NO ha decidido, constituye una violación al principio de buena fe, pues al someter un caso ante la Corte, será la misma la que decida el diferendo.

El Comunicado 1796 de su Cancillería este 18 de enero, contradice sus afirmaciones sobre las presiones: “…en entrevista con Deutsche Welle, el canciller Castro advirtió que Costa Rica no va a cejar en sus esfuerzos para que el derecho internacional le responda y la comunidad internacional use los instrumentos que tiene como son la ayuda, la cooperación y la presión…” A confesión de parte… relevo de pruebas.

Sobre las injurias y calumnias me reservo los derechos correspondientes. Las atribuyo a la histeria que causa que un simple ciudadano de un país que no es el suyo, señor Roverssi, refute con argumentos, las insostenibles pretensiones de afectar la imparcialidad de la CIJ y alentar ilegales sanciones contra Nicaragua. Ya una vez el canciller Castro pretendió “amordazar” la prensa nacional en línea con los intereses costarricenses, criticando insólitamente que rechazara el informe técnico Ramsar.

Nunca he sido combatiente aunque milito y militaré en la defensa de la soberanía y democracia de Nicaragua. Mi lucha ha sido siempre cívica. Nunca he pertenecido a ejército, ni a guardia ni a “Fuerzas de Seguridad”. Soy parte de la verdadera oposición democrática, sin que ello me impida defender mi Patria.

Critico al Gobierno de Nicaragua por no recusar al juez Cansado y no denunciar las maniobras de CR por ensuciar nuestra imagen, tratando de imponer sanciones ilegales al país. Sume a las críticas anteriores, que Nicaragua no haya llevado ante la Corte esta conducta de CR que menoscaba su ejercicio jurisdiccional. Estoy lejos de ser un títere de Ortega, pero no cedo ante la pretensión de un extranjero, que abusando de la función pública y el escenario publicitario que ella le da, injuria y calumnia a un ciudadano de otro país.

En la falsa dicotomía que ustedes predican, los nicaragüenses solo tenemos dos caminos: apoyar a Ortega o apoyar a Costa Rica. No voy a “cejar” de defender una Nicaragua que quiero democrática, pero también íntegra territorialmente.

El autor fue Canciller de Nicaragua

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