Fue infructuosa la reunión que, supuestamente para buscar la unidad opositora, sostuvieron el miércoles por la noche los candidatos presidenciales Fabio Gadea Mantilla y Arnoldo Alemán Lacayo.
Para la Unión Nacional por la Esperanza (UNE), que encabeza Gadea Mantilla como candidato, la intransigencia de Alemán de insistir en que él y nadie más tiene que ser el candidato presidencial de la oposición, a pesar de que previamente había mandado a decir que estaba dispuesto a renunciar para allanar el camino de la unidad, fue una burla indigna de un líder político de su categoría. Además, aseguran que con esa actitud el caudillo del PLC ha demostrado que no hay posibilidad de acuerdo de la oposición democrática con él, porque su candidatura presidencial es fruto de un compromiso con Daniel Ortega para mantener dividida a la oposición y asegurar por esa vía la victoria orteguista en las elecciones de noviembre, del mismo modo que la facilitó en las de 2006.
Sin embargo, algunos observadores políticos consideran que la intransigencia de Alemán podría ser una estrategia de negociación. De acuerdo con este criterio, Alemán estaría realmente dispuesto a renunciar a su candidatura, pero no de primas a primeras sino como resultado de negociaciones que le permitan asegurar algunas ventajas. Además, dicen que Alemán tendría que renunciar “dignamente”, y podría poner la condición de que Gadea también renuncie y proponer un candidato alternativo que sea más de su agrado, para que su renuncia no se vea como una derrota.
No obstante, la UNE prácticamente ha dado por terminada la posibilidad de seguir conversando y buscando un acuerdo con Arnoldo Alemán, convencidos al parecer de que el caudillo del PLC no renunciará a su candidatura y que a lo sumo sólo aceptaría a Gadea como su candidato vicepresidencial.
De todas maneras será hasta principios del próximo mes de marzo, cuando se tengan que inscribir las alianzas, partidos y candidatos que participarán en las elecciones, que se podrá decir que todo ha sido consumado en cuanto a la división o la unidad opositora. Lo que sí está claro es que la oposición, solo unida alrededor de un programa común, un solo candidato presidencial y listas únicas de candidatos a diputados, tendría posibilidad de ganar las elecciones.
De acuerdo con los antecedentes electorales de los últimos 20 años, particularmente los resultados de las elecciones de 2006, y haciendo abstracción de los cambios en las preferencias políticas de los ciudadanos que pudieran haber ocurrido en el transcurso de los últimos cuatro años, parece incuestionable que los opositores y en especial los liberales son una gran mayoría en relación con los orteguistas.
Para refrescar la memoria hay que recordar que en la elección presidencial de noviembre de 2006, Daniel Ortega recibió 930,862 votos, o sea el 38 por ciento. Pero los candidatos democráticos obtuvieron en total 1,511,840 sufragios, equivalentes al 61.7 por ciento. Desglosados esos votos, para Eduardo Montealegre y ALN fueron 693,391, el 28.3 por ciento; para José Rizo y el PLC, 664,225 votos, 27.1 por ciento; y para Edmundo Jarquín, del MRS, 154,224 votos que representaron el 6.3 por ciento del total. Sin embargo, Daniel Ortega se alzó con el triunfo debido a la división del voto democrático y gracias al pacto con Arnoldo Alemán y el PLC, que para facilitarle al caudillo sandinista la recuperación del poder presidencial bajaron el umbral electoral del 45 al 35 por ciento.
Pareciera, pues, que con solo que se unieran en una misma casilla los partidos y movimientos opositores, ante todo los liberales, derrotarían al orteguismo en las próximas elecciones. Pero el asunto no es tan sencillo. Las cosas han cambiado sustancialmente desde 2006. Ahora, para derrotar al orteguismo no basta tener la mayoría de los votos. También es indispensable que las elecciones sean limpias y transparentes, con una apropiada observación nacional y extranjera independiente, lo cual se ve como un objetivo más difícil de conseguir que la misma unidad opositora.
Recordemos que en las elecciones municipales de 2008 los liberales participaron en una misma casilla y tuvieron el apoyo del MRS. Pero aunque en las urnas electorales la Alianza Liberal ganó las votaciones, el conteo de los votos fue a favor del FSLN por el escandaloso fraude perpetrado por los magistrados del Consejo Supremo Electoral, sandinistas y liberales.
De manera que la lucha es ahora mucho más difícil, y peor aún si la oposición sigue dividida y desde sus filas algunos le hacen el juego al orteguismo.
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