Tragedia y llamado a la moderación

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo un vehemente llamado a la moderación del lenguaje y a actuar en base de los valores democráticos compartidos por todos los estadounidenses, independientemente de sus convicciones y del partido al que pertenecen o por el cual votan.

Obama hizo este llamado en Tucson, Arizona, durante el emotivo homenaje multitudinario que se tributó a las seis personas —incluyendo una niña de 9 años— que el sábado pasado fueron asesinadas por un pistolero desquiciado en las afueras de un supermercado de esa ciudad, durante un mitin político del Partido Demócrata. Doce personas resultaron heridas, entre ellas la congresista demócrata Gabrielle Giffords, quien todavía se encuentra en cuidados intensivos del hospital por los graves daños cerebrales que sufrió al ser su cabeza atravesada por una bala.

“Estamos demasiado ansiosos por echar la culpa de todo lo que aqueja al mundo a los pies de aquellos que piensan distinto de nosotros”, expresó el presidente Obama, y agregó: “Es importante que nos tomemos una pausa y nos aseguremos de que nos hablamos los unos a los otros de una manera que cure, no que lastime. Las cosas malas pasan y nosotros debemos estar atentos contra las explicaciones simples después de que ocurren”.

El primer mandatario de Estados Unidos aseguró que: “La verdad es que ninguno de nosotros puede saber exactamente qué provocó este horrendo ataque. Ninguno de nosotros puede saber con certeza alguna qué podría haber impedido que se dispararan estos tiros ni qué pensamientos merodean el interior de la mente de un hombre violento”.

En realidad, esas palabras de autocrítica nacional, de comprensión y de sanación espiritual son las que se esperaba que dijera el presidente Obama en relación con la tragedia del 8 de enero en Tucson, después que algunos sectores políticos y de prensa han culpado por el hecho criminal al Partido Republicano, más directamente al movimiento de ese partido conocido como el Tea Party, el cual plantea tesis ideológicas y políticas conservadoras más radicales. Inclusive se ha culpado personalmente a la principal animadora de ese movimiento político, la señora Sarah Palin, quien fuera candidata vicepresidencial en las elecciones del 4 de noviembre de 2008.

Sin duda que el discurso del Tea Party y la retórica de Sarah Palin son fuertes y directas. Pero no por eso se les puede culpar de acciones violentas y mucho menos de atentados criminales como el del sábado pasado en Tucson, Arizona. Al respecto, la señora Palin dijo el miércoles de esta semana que: “Especialmente en las horas trágicas posteriores, periodistas y expertos no deberían fabricar libelos de sangre que sólo sirven para incitar al odio y a la violencia que pretenden condenar… Los crímenes monstruosos empiezan y terminan con los criminales que los cometen, y no de manera colectiva con todos los ciudadanos de un estado ni con los ciudadanos que ejercen sus derechos asistiendo a mitines políticos“.

Ciertamente, no podría ser motivado por los planteamientos del Tea Party ni de ningún partido o movimiento político democrático de Estados Unidos, de derecha o de izquierda, un individuo perturbado como Jared Lee Loughner, el asesino de Tucson, de quien se conoce que sus lecturas favoritas son textos como el Mein Kampf (Mi vida), de Adolfo Hitler, y el Manifiesto Comunista , de Carlos Marx y Federico Engels. Lo único cierto en el sesgo anticonservador que se le ha querido dar a esta trágica historia es que el lenguaje que se ha venido hablando en la controversia política de Estados Unidos es muy fuerte y confrontativo. De manera que es oportuno el llamamiento del presidente Obama a los rivales políticos estadounidenses, de que deben “tomarse una pausa” y asegurarse de que “se hablan de una manera que cure, no que lastime”. La verdad es que ya quisiéramos nosotros que en Nicaragua el gobernante hablara de ese modo y que fuera honesto y sincero en lo que dice.

Durante el homenaje a las víctimas del atentado de Tucson, también la gobernadora republicana de Arizona, Jane Brewer, expresó que: “Podemos disentir, pero nunca caer en la violencia”. Esto es válido para Estados Unidos y para todos los países del mundo. Los insultos, como dice el filósofo argentino Santiago Kovadloff, son una expresión del desdén o del odio, son una bofetada y su objetivo es la descalificación del otro, la anulación del prójimo. En fin, los insultos no pueden formar parte de la política.

COMENTARIOS

  1. Beto, el sabio
    Hace 16 años

    Y para que quieren que Ortega hable de ese modo? Ortega ya hablo! O no se recuerdan de los mensajes de reconciliacion que lo llevaron a la presidencia, ademas de la ayuda de Aleman.

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