Latinoamérica observa cada vez con mayor atención a China y ésta se interesa más intensamente en nuestra región. El gigante asiático va rumbo a convertirse en la nueva referencia económica latinoamericana, como lo fue la España colonial, hace doscientos años, Inglaterra en el siglo XIX y Estados Unidos en el siglo XX.
China tiene una política de Estado bien definida hacia la región y por ello desarrolla relaciones multilaterales en Latinoamérica. China se interesa por materias primas como el cobre chileno y peruano, la soja argentina y brasileña, el petróleo venezolano y el mineral de hierro brasileño, entre otros, y sus compras explican en gran parte el boom de los commodities y la razón por la que la crisis mundial ha afectado menos a América Latina, desde su inicio en diciembre del 2007, que a otras regiones del mundo.
Andrés Oppenheimer opina que durante la primera década del siglo XXI, China se ha insertado de manera definitiva en la economía latinoamericana, comentando que “el comercio bilateral aumentó desde 10 mil millones de dólares en el 2000 a más de 140 mil millones de dólares en 2008, y ayudó a la región a sobrevivir a la crisis económica mundial”.
Según la CEPAL, el comercio entre China y Latinoamérica creció a tasas del 30 por ciento anual en la última década y crecerá alrededor del 15 por ciento anual, en la segunda década del siglo XXI. Brasil se convirtió en el décimo socio comercial de China, superando a Rusia. La Unión Europea (UE) sigue siendo su principal socio comercial, seguido por EE.UU. y Japón
China multiplicó sus inversiones en América Latina en minería e hidrocarburos, pero también en infraestructuras ferroviarias y siderurgia, reforzando y diversificando de esa manera su presencia en la región. En los últimos años, las autoridades chinas multiplicaron las visitas “económicas” a América Latina, firmando acuerdos de inversión y explotación con países productores de petróleo como Venezuela, México, Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia.
Sin embargo, el país que más atrae a las empresas chinas es Brasil, debido especialmente a sus inmensas necesidades de financiamiento en infraestructura.
Más del 50 por ciento de las futuras y potenciales inversiones chinas en América Latina estarán concentradas en Brasil, sobre todo por la preparación del Mundial de Futbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016.
China no se contenta con comprar hierro brasileño sino que comienza a fabricar acero en Brasil, como es el caso del acuerdo firmado entre las empresas brasileña LLX y la china Wuhan Iron and Steel, que invertirá US$$5,000 millones de dólares en la construcción de una empresa siderúrgica en el gigante del sur
El empuje chino abarca a otros sectores, como el de los ferrocarriles y en particular el de los trenes de alta velocidad, en el que el líder francés TGV se ve desafiado por empresas chinas en los proyectos brasileño Río de Janeiro-Sao Paulo y en el argentino, Buenos Aires-Córdoba. China y Argentina, firmaron en el 2010 acuerdos en el sector ferroviario por un monto de 10,000 millones de dólares.
Las empresas latinoamericanas por su parte están más interesadas en obtener financiamiento para sus planes de expansión que en invertir en China.
El brasileño Vale, primer productor mundial de hierro, anunció que recibiría un préstamo de 1,200 millones de dólares para financiar la construcción de 12 mega embarcaciones destinadas al transporte de este mineral hacia China, su principal cliente.
A fines de 2009, la petrolera brasileña Petrobras obtuvo en China una línea de crédito de 10,000 millones de dólares en diez años para financiar su programa de inversión 2008-2013.
China se convirtió en la segunda economía del planeta en el segundo trimestre de 2010, superando a Japón, siendo también el principal exportador a nivel mundial en la actualidad. Ahora es el momento de conseguir lo que la mayoría de los países del mundo están buscando: ser parte y no observador pasivo del milagro chino.
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