El sacerdote jesuita, monseñor Federico Argüello, falleció este lunes 10 de enero, el mismo día que se cumplieron 33 años del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Reconocido en los medios católicos como el fundador y gran animador del Movimiento de los Cursillos de Cristiandad en Nicaragua, el padre Federico Argüello se identificó también como un especial amigo del Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua y Director Mártir de LA PRENSA, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Tan entrañable era su amistad y tan inmensa la confianza que el doctor Chamorro Cardenal tenía en el padre Argüello, que fue su leal compañero de lucha y capellán en la frustrada aventura armada de Olama y los Mollejones para la liberación de Nicaragua de la dictadura somocista, ocurrida en junio de 1959.
De la obra del padre Argüello en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, hablan los sacerdotes y laicos que lo conocieron y trataron de manera muy cercana en esa condición religiosa. Son muchos los testimonios sobre las extraordinarias cualidades personales, morales y religiosas del padre Argüello, y su función en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad cuyo objetivo proclamado es: “Hacer un mundo más cristiano, haciendo más cristianos a los hombres”.
Pero nosotros queremos exaltar la figura del padre Argüello como uno de los pocos sacerdotes que en la época de Olama y los Mollejones, o sea en los años cincuenta del siglo pasado, se identificaban integralmente con la lucha contra la dictadura dinástica somocista, que en 1959 estaba encabezada por Luis Somoza, el segundo presidente miembro de la familia.
La función del padre Argüello en la invasión armada de Olama y los Mollejones era de capellán militar, no de combatiente, porque él, como sacerdote auténticamente cristiano que era, no podía quitarle la vida a nadie por ninguna razón o motivo.
En aquel tiempo, la lucha armada fue un recurso de extrema necesidad impuesto por la misma dictadura. Menos de tres años antes, en septiembre de 1956, el fundador de la dictadura dinástica, general Anastasio Somoza García, había sido asesinado en León por Rigoberto López Pérez, en una conjura desesperada porque el régimen dictatorial no dejaba ninguna salida. Los herederos del poder somocista debieron haber aprendido la funesta lección de septiembre de 1956, y abrirse a una transición democrática, a la celebración de elecciones libres y limpias como querían y demandaban las fuerza opositoras.
Pero la familia y el partido gobernante apostaron al continuismo y la perpetuación en el poder a como fuera, y entonces la lucha armada se planteó como única opción. Y si bien es cierto que una acción armada genuinamente democrática, como fue la de Olama y los Mollejones, fracasó igual que las guerrillas izquierdistas que se organizaron en ese mismo período, el empecinamiento del somocismo de perpetuarse en el poder, negando la libertad, la democracia y la realización de elecciones libres, condujo inevitablemente al derrumbamiento de la dictadura por medio de una insurrección popular, la cual se desencadenó precisamente como consecuencia del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el 10 de enero de 1978.
Ahora, casi 52 años después de Olama y los Mollejones y a 33 del martirio del doctor Chamorro Cardenal, la situación de Nicaragua básicamente sigue siendo igual. Sólo hay que decir Ortega en vez de Somoza. Sólo hay que cambiar PLN (el partido de los somocistas) por FSLN (el partido de los orteguistas). Sólo hay que sustituir zancudos conservadores, que con su política colaboracionista ayudaban al somocismo a sostenerse en el poder y darse una apariencia seudodemocrática, con zancudos libero-conservadores de nuevo cuño que ahora están haciendo lo mismo, como por ejemplo, para solo citar dos casos recientes, aprobar las leyes militaristas y darle al FSLN y Daniel Ortega el control absoluto de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional.
De manera que el sueño de libertad y democracia del doctor Chamorro Cardenal y su entrañable amigo y leal compañero, el padre Federico Argüello, está pendiente de ser convertido en realidad. Pero a lo mejor esa realización está cerca. Quizás ésa sea la señal del arco iris brillando en el cielo nublado y oscuro de Managua, mientras el padre Argüello fallecía y en el cementerio se rendía homenaje al doctor Chamorro, en el 33 aniversario de su paso a la inmortalidad.
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