Decía Unamuno que Patria es “la unidad de propósitos en lo universal”. En Nicaragua es la falta de Patria lo que hizo que los liberales leoneses, encabezados por Jerez y Castellón prefirieran al rubio extranjero antes que al “dictador” Chamorro “chapín e indio”. Por eso firmaron con Byron Cole el contrato más infame de la historia de Nicaragua, dando lugar a la llegada de Walker y a la Guerra Nacional.
Es la misma falta de Patria lo que había hecho en 1821 que los gachupines de León liderados por García-Jerez, condicionaran su aceptación de la independencia a que pasaran los “nublados del día” haciendo un compás de espera al retorno de la Colonia. Fue esa misma falta de Patria la que hizo que los granadinos aceptaran de buen grado la “independencia”, esperando depender de Guatemala o depender de México con tal de no depender de León. Esa misma falta de Patria hizo que al final perdiéramos el Guanacaste.
Esa misma falta de Patria ha llevado ahora a buenos nicaragüenses a cuestionar la posición de Nicaragua en el conflicto territorial actual con Costa Rica con tal de llevarle la contra al “dictador de turno”.
Hay inclusive periodistas connotados que se han convertido en portavoces de las tesis ticas, con tal de enrostrarle a los gobiernos locales presentes o pasados errores reales o imaginarios en la conducción de la política exterior. Criticar al Gobierno aunque se dañe a la Patria, parece ser la consigna de los neo-nublados.
Y yo digo, “ni tanto que queme al Santo ni tan poco que no lo alumbre”. En el asunto territorial que nos ocupa con Costa Rica, Nicaragua tiene razón. Su derecho a dragar y su obligación a mantener abierto el curso de agua del río San Juan de Nicaragua, tal como lo reafirma la Corte Internacional de Justicia, los Laudos Alexander, el Laudo Cleveland y el Tratado Jerez-Cañas, está por encima de cualquier mapa.
Es importante dejar claro que no podemos permitir la trivialización del derecho internacional. Nuestros derechos no nos son dados por los escritos de Wikipedia (enciclopedia hecha por los usuarios mismos de internet, en el caso del San Juan, mayoritariamente ticos), ni los mapas de GoogleEarth, cuyas oficinas regionales estarían en San José, ni la cadena noticiosa CNN cuyo dueño ha invertido mucho dinero en edificios en Panamá, ni otras publicaciones hechas por ticos aunque lleven el nombre de Nicaragua, como es el caso del Nica-Times hecho por los dueños del Tico-Times.
Es en ese contexto que yo dije que el Ejército de Nicaragua está en su derecho de permanecer en el territorio nacional y que es insólito pedirle que se retire del mismo. Y esa posición mía, en forma inconsulta fue la única que destacó el Gobierno en su reciente “Libro Blanco”.
También he defendido con vigor la tesis de que éste es un conflicto territorial y no una conflagración bélica y que la OEA no tiene vela en este entierro. Por eso dije que Insulza, “cuando debe venir no viene y ahora viene sin deber”, o sea sin tarea, sin jurisdicción.
Sin embargo, ante el hecho que la OEA se metió, pragmáticamente debimos haber apoyado su resolución de buenos oficios que no condenaba a Nicaragua, ni calificaba ninguna invasión, que apoyaba todos los puntos de Nicaragua y que sólo llamaba a “evitar” la presencia de elementos armados en la zona del conflicto. Natural esto además, si el amojonamiento se fuese a llevar en forma simultánea.
Porque la Patria somos todos, mi apoyo al Gobierno es en tanto en cuanto defienda la integridad territorial. Yo no apoyo los desvaríos en la política exterior acusando a gobiernos serios y responsables de ser cómplices del narcotráfico y aprovecho para pedir disculpas a los presidentes Calderón, Colom, Chinchilla, Lobo, Martinelli y Santos, por la vergüenza ajena que nos provocan las no sustentadas declaraciones del gobierno. Eso es harina de otro costal.
Tampoco apoyo los abusos en la política interna. La interferencia del Poder Ejecutivo en los otros poderes del Estado, su control sobre el Consejo Supremo Electoral, el “arreglo” en la Corte Suprema de Justicia, el maridaje pactista en el Congreso y el control abierto o encubierto sobre muchos medios de comunicación son contrarios a la democracia a la que Nicaragua se comprometió en la Carta Democrática de la OEA, cuyo Secretario General está facultado literalmente en el Artículo 20 para llevar el tema al Consejo Permanente.
Aunque nada tenía que hacer la OEA llamando a una reunión de Consulta de Cancilleres para ver asuntos territoriales, sí está facultada para conocer de violaciones a los derechos humanos, al derecho de elegir libremente, para conocer de fraudes y trucos electoreros. A ver si esta próxima vez “cuando deban venir sí vienen”.
Los nicaragüenses somos famosos por escribir libros azules y blancos, pero deberíamos preocuparnos más por escribir en el libro Azul y Blanco del respeto por el derecho de todos a elegir libremente, donde los votos cuenten y sean contados; que el gobernante rinda cuentas al soberano que es el pueblo a través del voto; que la cooperación externa se refleje en el Presupuesto como préstamo (si la aprueba la Asamblea) o como donación, pero no quede reducida a zafarrancho familiar privado.
Pero no debemos caer en la tentación de apoyar al extranjero, ya sea Walker con su estado esclavista, Arias con su mina las Crucitas a cielo abierto, los Marines y sus herederos, o la política oceanofágica de Colombia, solo para hacerle daño al mal gobierno. No es asunto de “Viva el Rey, y muera el mal Gobierno”. Es asunto de poner las cosas en perspectiva porque se puede y se debe ante una agresión externa y desde la República de Papel, apoyar a la Patria sin apoyar a los que la desgobiernan.
El autor fue Canciller de Nicaragua.
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