Por Moisés Ruiz Romero
Indiscutiblemente, las eleccio- nes primarias, debi- damente legisladas y reglamentadas, son un instrumento, no sólo útil, sino imprescindible en varios países democráticos para elegir a los mejores hombres y mujeres para representar a sus respectivos partidos políticos en elecciones presidenciales y legislativas. En estos países cada partido tiene su padrón debidamente supervisado por el instituto electoral correspondiente y no se permite que miembros de un partido voten con otro partido que no sea el propio. Todo un andamiaje legal y administrativo con el que no contamos en Nicaragua. En definitiva, es deseable y quizás hasta necesario contar con una Ley de Elecciones Primarias, que por supuesto debería obligar a todos los partidos, incluyendo al FSLN. Prometo proponer tal ley cuando sea diputado, por el momento esta ley no existe.
El asunto de las “elecciones primarias interpartidarias” (que no existen en ninguna parte del mundo) surge por el afán de Arnoldo Alemán de ganarse el apoyo de la mayoría de los nicaragüenses, después de que su popularidad descendió del 52 por ciento (en las elecciones de 1996) a menos del 10 por ciento (en las últimas encuestas), después de ser reo por más de siete años acusado de robar las arcas del Estado, además de otras acusaciones como la de haber entregado los poderes del Estado al FSLN; de haber propiciado la derrota del PLC en 2006 en venganza contra José Rizo, quien había demandado al hijo de Alemán por amenazas de muerte; de propiciar la suspensión de la personería jurídica del PC y MRS; de despojar a Eduardo Montealegre del ALN; de ser cómplice del fraude electoral mejor documentado en la historia de Nicaragua y de prestarse a las jugadas de Daniel Ortega en los poderes del Estado para reelegirse en contra de la Constitución “porque la calle está dura”. Justa o injustamente, Arnoldo Alemán está desprestigiado y ya no puede ser el candidato idóneo que fue en 1996, aún cuando corría en la casilla número 21 de un total de 24 casillas. A fin de cuentas, todo lo que hacemos tiene consecuencias.
Por otro lado, vemos que el PLC de Arnoldo Alemán no ha sido un partido con vocación democrática: negociaron con Daniel Ortega el 35 por ciento como mínimo para ganar elecciones presidenciales a cambio de la diputación regalada que ni siquiera pudo disfrutar Alemán; expulsaron a Eduardo Montealegre y con él a más del 50 por ciento de sus bases y electores y, lo más reciente, designaron a Arnoldo Alemán como su candidato presidencial en una Convención de ochocientas personas, sin tomar en cuenta a sus 50,000 afiliados (No hicieron primarias). Y no me vengan a decir que José Antonio Alvarado, José Rizo, Wilfredo Navarro y Francisco Aguirre Sacasa, por mencionar algunos, no tienen aspiraciones presidenciales.
Por último, Fabio Gadea Mantilla tiene suficiente prestigio y popularidad, quizás más que los que tenía doña Violeta Barrios de Chamorro cuando fue candidata en 1990, como para no tener que compararse en estatura moral con Arnoldo Alemán. Lo que Arnoldo debe hacer es sumarse a la candidatura de don Fabio y contribuir así a derrotar el afán dictatorial del FSLN. Sólo así el pueblo de Nicaragua podría recuperar la confianza que alguna vez tuvo en Arnoldo Alemán Lacayo.
El autor es Cirujano General. Directivo PLI-Managua.
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