José Velázquez

El excepcionalismo americano y el inmigrante

Desde su conceptualización y subse- cuentes intentos en argumentarla, tales como el del escritor y pensador político francés Alexis de Tocqueville, la idea de que los Estados Unidos es una nación excepcional —no superior, como muchos exageradamente interpretan— ha sido motivo de incontables análisis, libros y debates. La debacle bancaria e hipotecaria de los últimos años, el incontenible déficit fiscal y comercial, el debilitamiento militar resultado de dos guerras interminables, el aparente rezago educacional y la alta tasa de desempleo han dado ímpetu a la idea de que dicho excepcionalismo — si alguna vez existió, como señalan los dudosos— ha llegado a su ocaso.

Pese a ese infortunado escenario, ello no parece hacerle mella a la atracción que ejerce en quienes buscan oportunidades económicas y políticas inexistentes en sus propios países – el país sigue siendo el principal destino migratorio del planeta—. De acuerdo a la Oficina de Estadísticas Inmigratoria del Departamentof Homeland Security de los Estados Unidos casi dos millones de personas adoptaron la residencia o ciudadanía americana en el 2009, de lejos más que cualquier otro país receptor de inmigrantes.

Por ello, conocer e identificarse con los principios de libertad, igualdad, individualismo, populismo y laissez faire que puntualizan lo excepcional de esta nación y como se moldeó alrededor de una política migratoria sin precedentes, debería ser materia de aprendizaje obligatorio para todo inmigrante. Sobre todo ahora que la querella sobre el tema migratorio y la presencia de millones de inmigrantes indocumentados está conduciendo a una polarización social que podría para siempre trastornar dicha excepcionalidad.

En lo que respecta al inmigrante latinoamericano, lo más difícil de asimilar se relaciona con el rol del Estado en el desarrollo y bienestar del individuo. Las sociedades latinoamericanas, por necesidad o inclusive por conveniencia han adoptado una cultura paternalista -desacertada herencia europea— en la que del Estado se espera y se le demanda como el principal responsable de proveer y garantizar gran parte de las necesidades básicas del individuo, sin importar la insostenible carga económica y social que ello representa. Basta presenciar la actual debacle económica de varios países europeos para entender lo impracticable del modelo social demócrata en la era de la globalización.

En cambio en los Estados Unidos, salvo algunos periodos de excepcional crisis incluyendo la que enfrenta la actual administración, el concepto de laissez faire —tan poca interferencia gubernamental como posible— ha sido el motor principal de su espectacular desarrollo. Nunca antes, en ningún otro país, el rol del estado había sido de tan poco interferencia y menos paternalista como en los Estados Unidos. Consecuencia lógica de dicha “excepcional” relación entre individuo y Estado ha sido la mundialmente reconocida creatividad empresarial estadounidense y la perseverante demanda de sus ciudadanos en mantener al gobierno tan limitado como posible.

De la habilidad del inmigrante en mitigar la transición entre tan disímiles modelos de desarrollo socioeconómico depende de que el proceso de asimilación sea más o menos expedito. Si bien es cierto que el trabajador latinoamericano se caracteriza por su espíritu emprendedor y tenaz disponibilidad al trabajo no importando que tan difícil o bochornoso sea, ello no parece ser suficiente.

Vital esmero es también el compenetrarse y participar activamente en el proceso político. El tradicional apoyo del inmigrante hispano a propuestas políticas que promueven medidas que amplían el rol del Estado, sobre todo en áreas de salud y educación, no necesariamente representa la mejor opción. Lamentablemente no siempre esa preferencia ha favorecido la asimilación. En algunos casos solo ha ayudado al avance político de causas ajenas a sus intereses o ha sido manipulada temporalmente para una vez logrados los objetivos ser campantemente ignorada.

El autor fue Cónsul de Nicaragua en Miami.   
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COMENTARIOS

  1. el realista
    Hace 16 años

    Por eso es que muchos Hispanos que vienen aqui, piensan que todo es regalado, pero aqui nada es regalado, todo cuesta a quien trabaja y lucha; eso si, el gobierno es generoso cuando el ciudadano sufre alguna situacion que le impide trabajar.

  2. Ramon
    Hace 16 años

    Solo le falto lamerle las botas a los yankees a este plumifero para que quedara mejor el «articulo»

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