Ariel Montoya

Nicaragua y las elecciones primarias

Dentro de un año se celebrarán Elecciones presidenciales, de diputados nacionales y al Parlamento Centroamericano, las que definirán la prolongación del orteguismo o bien la recuperación del espacio perdido por las fuerzas libero-conservadoras y la continuidad de una administración liberal que prosiga la ruta iniciada en 1990, lo que ya está recalentando la agitación política entre sandinistas y opositores, divididos estos últimos entre quienes desean celebrar elecciones primarias para elegir a un candidato único y quienes se oponen a ellas.

Pero si bien es cierto que todo proceso eleccionario genera controversias y rumiantes expectativas en cualquier parte del mundo y, más aún, quizás, en América Latina por los encendidos fanatismos que conllevan nuestras democracias subdesarrolladas —en las que el voto por la razón se mezcla irreversiblemente con el populista cromado de mitos mesiánicos y descorazonadas conjeturas populistas—, no menos cierto es que unos comicios en un país como Nicaragua sí generan mayores pesquisas y enigmas por la terquedad sandinista de buscar a toda costa la perpetuidad en el poder al costo que sea.

A estos comportamientos del partido sandinista hay que añadirles el inmenso poderío económico que circula alrededor del Gobierno actual proveniente de la mina petrolera venezolana, más la desunión de la oposición, lo que le da mayor fortaleza a la izquierda para otro triunfo electoral.

Inclusive, algunas de las últimas encuestas de opinión muestran repuntes favorables en el posicionamiento del Presidente Daniel Ortega, quien ha desarrollado una agenda social en beneficio de los más necesitados, pero a costa de ser éstos sus simpatizantes y en descrédito de la institucionalidad y el Estado de Derecho.

Pero no solo estos achaques del quehacer político son los únicos que mantienen atrofiada a la oposición.

El atolladero más grande reside en que, mientras en el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) —liderado por Arnoldo Alemán, ex presidente de la República (1997-2002) y Candidato Presidencial de esa organización— se ha venido practicando la reingeniería y modernización, modificando estatutos, reclutando viejos y nuevos militantes, renovando liderazgos y mostrándose abiertamente dispuesto a medirse con el total de fuerzas democráticas para elegir en primarias a un candidato único, otro sector importante se aferra a correr con otro (Fabio Gadea) por imposición.

Las principales excusas dadas por quienes se oponen no gozan de plenas justificaciones. Es más, este sector (totalmente oportuno por la calidad moral y política de muchos de sus dirigentes para el gran electoral), siempre ha sido proclive a que se escoja a un candidato único mediante primarias, comenzando por el propio Gadea como lo señala en su artículo “Unidad” (LA PRENSA 21-04-09), en el que expresa que quien gane dichos comicios internos “recibirá el apoyo de todos los demás para ser el candidato a la Presidencia de la República”. Curiosamente, tras la declinación de Eduardo Montealegre a su aspiración presidencial escasos meses atrás, dicha iniciativa dejó de ser aplaudida por quienes ahora la rechazan.

Sin embargo, pareciera que la única razón por la cual hay una negativa en dicho sector es cierta temerosidad a enfrentarse al liderazgo de Alemán y, como es de suponer, al poderío de la estructura partidaria del PLC, lo que no debería ser así, pues los líderes auténticos no deben temer a la competencia.

Oponerse por reyertas personales y tendencias divergentes entre demócratas a la realización de primarias no aporta al debate y más bien demuestra resequedad y entelequia para afrontar con pragmatismo la realidad; es continuar con las prácticas caudillistas del dedazo, la imposición y la dispersión del voto.

Por cierto, ya lo decía el propio Gadea, ese entrañable conocedor de la picaresca y la nostalgia bucólica del nicaragüense, al señalar en dicho artículo que se requiere “de una unidad total de todos los partidos y líderes sin excluir a nadie” para que quien gane estas elecciones primarias reciba el apoyo de todos los demás.

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