El Ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Franco Frattini, calificó como “el 11 de septiembre de la diplomacia de Estados Unidos e internacional”, la filtración masiva de documentos secretos enviados desde las embajadas y otras representaciones estadounidenses en todas partes del mundo, al Departamento de Estado en Washington D.C.; filtración que comenzó a hacer desde el domingo recién pasado el sitio web Wikileaks.
Se trata de 251,288 documentos diplomáticos confidenciales de Estados Unidos, que Wikileaks irá revelando por etapas, por medio de varios periódicos considerados entre los más importantes y serios del mundo, como son El País, de España; The New York Times, de Estados Unidos; The Guardian, de Inglaterra; Le Monde, de Francia, y Der Spiegel, de Alemania.
En la presentación que ha hecho Wikileaks de la inmensa cantidad de documentos secretos “puestos a la disposición del público”, dice que suman 276 millones 276 mil 536 palabras. O sea siete veces más que los documentos del Pentágono sobre la guerra en Irak, los cuales fueron revelados por la misma Wikileaks y eran la filtración de documentos secretos más grande de toda la historia mundial. Y como dato curioso, la presentación de Wikileaks de los documentos diplomáticos secretos de Estados Unidos agrega que si una persona quisiera leerlos todos al ritmo equivalente de quien lee una tesis doctoral por semana, tardaría aproximadamente unos 70 años en finalizar semejante tarea.
Sin duda que alguna información sobre Nicaragua habrá en esa masiva filtración de documentos diplomáticos estadounidenses, la cual abarca un extenso período que va desde el 28 de diciembre de 1966 hasta el 22 de febrero del presente año — la mayor parte de ellos, de los últimos dos años— y se trata de informes y otras comunicaciones confidenciales entre el Departamento de Estado y 274 embajadas y otras representaciones de Estados Unidos en prácticamente todos los países del mundo.
Por supuesto que los documentos sobre Nicaragua no estarán entre los más importantes a nivel internacional. Estados Unidos tiene problemas e intereses de mucha mayor magnitud en otras partes del mundo. Basta señalar que con respecto a América Latina, los documentos filtrados que figuran en lugares relevantes son los correspondientes a las embajadas de Estados Unidos en Colombia, Venezuela, México, Argentina, Honduras y Brasil.
Por su importancia, los principales temas a los que se refieren los documentos diplomáticos secretos de Estados Unidos filtrados por Wikileaks, son: Paquistán, en cuanto al peligro de que su material atómico pudiera ser usado para ataques terroristas; China comunista, por la red de piratas electrónicos que fueron contratados en 2002 por el gobierno de Pekín, para penetrar en los sistemas informáticos de Estados Unidos y sus aliados occidentales; Irán, en relación con las presiones de varios gobernantes árabes, para que Estados Unidos lanzara un ataque militar contra el territorio iraní a fin de eliminar su amenaza atómica; las Naciones Unidas, donde por instrucciones de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, se habría recabado información personal confidencial de los funcionarios clave de ese organismo; Corea del Norte, en relación con los planes que funcionarios estadounidenses y surcoreanos han discutido para la reunificación del país, cuando caiga el régimen comunista; y Siria, por los envíos de armamento a las fuerzas terroristas árabes de Hezbolá.
Según Wikileaks, “La publicación de los documentos revela las contradicciones entre la imagen pública de los Estados Unidos y qué se dice realmente tras puertas cerradas, y muestra que si los ciudadanos en una democracia quieren que su gobierno refleje sus deseos, entonces deberían tener la oportunidad de pedir que se les muestre qué pasa en realidad detrás del escenario”. En realidad, independientemente de que cuáles sean las verdaderas motivaciones y los fines que persigue con estas filtraciones el australiano Julian Lassange, director de Wikileaks; y aparte de las graves complicaciones diplomáticas y políticas que esta filtración le podrá causar a Estados Unidos, o más bien por eso mismo, la principal lección que deberían aprender los gobernantes estadounidenses, más allá de que deben mejorar los sistemas de protección de su información clasificada, es que no deben confundir la diplomacia con el espionaje, que tienen la obligación de ser más consecuentemente democráticos y transparentes en el manejo de sus relaciones exteriores, y que a los amigos en el mundo hay que tratarlos con la consideración y el respeto que merecen.
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