El presidente Obama y la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton han hecho una prioridad de la revigorización de las relaciones de Estados Unidos en todo el mundo. Han estado trabajando arduamente para fortalecer nuestras alianzas ya existentes y crear otras nuevas que se ocupen de desafíos compartidos, desde el cambio climático, pasando por terminar con la amenaza de las armas nucleares, hasta la lucha contra las enfermedades y la pobreza. Como embajador de Estados Unidos ante Nicaragua, me siento orgulloso de formar parte de esta iniciativa. Por ejemplo, nuestras alianzas con el sector privado y las organizaciones no gubernamentales para implementar programas de desarrollo económico que han ayudado a miles de familias nicaragüenses a tener mejores oportunidades económicas.
Por supuesto, incluso una relación sólida tendrá sus altas y sus bajas. Hemos presenciado eso durante los últimos días, cuando documentos que supuestamente fueron descargados de computadoras del Departamento de Defensa de Estados Unidos se convirtieron en el tema de noticias en los medios informativos. Parece que esos documentos contendrían evaluaciones de nuestros diplomáticos sobre políticas, negociaciones y líderes de países de todo el mundo, así como informes sobre conversaciones privadas con personas dentro y fuera de otros gobiernos.
No puedo dar fe de la autenticidad de ninguno de estos documentos. Pero puedo decir que Estados Unidos lamenta profundamente la divulgación de cualquier información que se espera permanezca confidencial. Lo condenamos. Los diplomáticos deben participar en conversaciones francas con sus colegas, y se les debe garantizar que estas conversaciones se mantendrán privadas. El diálogo franco —dentro de gobiernos y entre ellos— es parte del acuerdo básico de las relaciones internacionales; no podríamos mantener la paz, la seguridad, ni la estabilidad internacional sin un diálogo franco. Estoy seguro de que los embajadores de Nicaragua ante Estados Unidos dirían lo mismo. Ellos también dependen de poder intercambiar opiniones francas con sus homólogos en Washington y enviar a su país sus consideraciones sobre líderes, políticas y acciones de Estados Unidos.
Considero que las personas de buena fe reconocen que los informes internos de los diplomáticos no representan la política exterior oficial de un gobierno. En Estados Unidos, son un elemento de los muchos que dan forma a nuestras políticas, que en última instancia son establecidas por el Presidente y la Secretaria de Estado. Esas políticas son un asunto registrado públicamente, son el tema de miles de páginas de discursos, declaraciones, hojas informativas y demás documentos que el Departamento de Estado pone a disposición del público de manera gratuita en línea y en otros espacios.
Sin embargo, las relaciones entre gobiernos no son la única preocupación. Los diplomáticos estadounidenses se reúnen con trabajadores locales de derechos humanos, periodistas, líderes religiosos y otros que no son parte del gobierno y que ofrecen su propio y sincero punto de vista. Estas conversaciones además dependen de la confianza. Si un activista en contra de la corrupción comparte información sobre una mala conducta gubernamental, o un trabajador social entrega documentación sobre violencia sexual, el revelar la identidad de esa persona puede tener graves repercusiones: Encarcelamiento, tortura e incluso la muerte.
Los propietarios del sitio web WikiLeaks afirman poseer unos 250,000 documentos clasificados, muchos de los cuales han sido entregados a medios informativos. Cualquiera que sea su motivo para publicar estos documentos, está claro que su publicación representa riesgos reales para personas reales, la mayoría ciudadanos particulares que han dedicado su vida a proteger a otros. Un acto que pretende provocar a alguien poderoso, puede en vez de ello poner en peligro al indefenso. Apoyamos y deseamos tener un debate sincero sobre cuestiones apremiantes de política pública; pero publicar documentos sin cuidado y sin dar importancia a las consecuencias no es la forma de comenzar tal debate.
Por nuestra parte, el Gobierno de Estados Unidos está comprometido a mantener la seguridad de nuestras comunicaciones diplomáticas y está tomando medidas para asegurar que se mantenga su confidencialidad. Nos estamos movilizando enérgicamente para asegurarnos de que este tipo de filtración no vuelva a suceder. Continuaremos nuestra labor para fortalecer la cooperación con el pueblo nicaragüense y progresar en los asuntos que son importantes para nuestros dos pueblos. No podemos permitir que sea de otra manera. El presidente Obama, la secretaria Clinton y yo seguimos comprometidos para ser socios de confianza con el pueblo nicaragüense, mientras buscamos la manera de construir un mundo mejor y más próspero para todos.
El autor es Embajador de EE.UU. en Nicaragua
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