KANSAS-Si en los Estados Unidos una reforma a la Ley de Inmigración es difícil, si no imposible por ahora, se debe a tres factores: Político, económico y organizativo. Aunque durante su campaña presidencial, el presidente Obama prometió arreglar el status migratorio de más de 11 millones que viven y trabajan en Estados Unidos, esto no fue posible por las fuertes presiones del Partido Republicano que incluso hizo que el senador de Arizona, John McCain, abandonara el liderazgo pro-inmigrante que había demostrado y defendido hasta el cierre de la campaña de 2008.
El surgimiento de la nueva corriente ultra-conservadora del Tea Party (Partido del Té), terminó de sepultar la probabilidad de que el Congreso incluyera en su agenda de prioridades una reforma a la ya desfasada Ley de Inmigración. Consecuentemente las elecciones legislativas de mañana 2 de noviembre, casi es seguro que serán en el tiro de gracia a esa intención de Obama y a las aspiraciones de millones de inmigrantes, sobre todo hispanos, si el Congreso pasa a ser controlado por una mayoría republicana.
Los expertos políticos indican que Obama ya descartó proponer al Congreso una reforma de inmigración, y que después de las elecciones legislativas se enfocará en implementar su reforma de salud y las reformas financieras que aún son necesarias para recomponer la economía de la nación. En el aspecto económico, el inicio de la recesión en 2008, coincidió también con el entusiasmo de demócratas e inmigrantes por una nueva ley de inmigración.
Una de las más frecuentes acusaciones de quienes se oponen a los inmigrantes es que ellos vienen a despojar de sus trabajos a ciudadanos y residentes legales. Aunque esto no ha sido probado contundentemente, el período de recesión económica ha vuelto más celosos y más antiinmigrantes a los norteamericanos, sobre todo entre la clase trabajadora, y esto también se ha convertido en una presión política importante para demócratas y republicanos, para que no incluyan el tema de la inmigración en sus agendas políticas.
Según el último reporte del Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, hasta septiembre habían casi 15 millones de norteamericanos sin trabajo, igual a un 9.6 por ciento de desempleo. De acuerdo a las cifras oficiales, los hispanos están en una mejor situación que los afro-americanos en cuanto a porcentajes de desempleo. Los afro-americanos tienen un índice de desempleo de 16.1 por ciento, mientras el de los hispanos es de 12.4 por ciento.
Al mismo tiempo la Administración Obama ha puesto más presión sobre los empleadores revisando más agresivamente los contratos de trabajo para cerciorarse si están empleando a inmigrantes sin status legal, y entonces aplicarles multas e incluso prisión. Por eso es que, según un reporte reciente del Departamento de Seguridad, indica que el número de deportaciones aumentó a 392,862 inmigrantes sin status legal, lo cual revela un 70 por ciento más de deportaciones desde septiembre de 2008.
El brazo de los agentes de Inmigración ahora también penetra más profundamente en el corazón de la Unión Americana a través de un nuevo programa llamado “Comunidades Seguras”. El objetivo de este programa es seguir aumentando las deportaciones comenzando con los inmigrantes que han cometido delitos. Se trata de una coordinación vasta entre la policía de todo Estados Unidos. Si un inmigrante hispano es detenido por cometer algún delito grave, entre ellos manejar borrachos, inmediatamente es llevado a la cárcel y ahí, mediante huellas digitales, se comprueba su status legal.
Por ejemplo, las poblaciones pequeñas de Kansas, en el corazón de Estados Unidos, donde hace unos 10 años los agentes de Inmigración nunca llegaban, ahora son visitadas semanalmente por oficiales del Departamento de Seguridad con la excepción que no vienen a hacer redadas, sino que van directamente a las cárceles de los Condados a buscar inmigrantes sin documentos legales.
Finalmente, el otro factor que ha impedido una nueva ley de Inmigración, es la falta de un liderazgo hispano sólido y bien organizado. Si bien es cierto que en el Congreso y en el Senado de los Estados Unidos hay varios representantes de origen hispano, a nivel de base no existe una cohesión nacional visiblemente representativa y estable a nivel de comunidades a lo largo de la nación.
Las manifestaciones llevadas a cabo demandando una nueva Ley de Inmigración fueron maniobras improvisadas sólo para impresionar que no tuvieron otro efecto que encender más el sentimiento antiinmigrantes, por no tener el cuidado de no resaltar sentimientos chovinistas durante las protestas.
Por ahora, tanto demócratas como republicanos no quieren saber nada y mucho menos discutir y proponer una reforma de inmigración que podría poner en riesgo sus carreras políticas. Y para remate, ahí está un nuevo contendiente político ultraconservador: El Tea Party.
El autor es periodista nicaragüense, vive en EE.UU.
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